"EL ÚLTIMO VERANO DE LA BOYITA", UNA HISTORIA DE CRECIMIENTO Y ACEPTACIÓN DEL DIFERENTEEntrevista con Julia Solomonoff
A pesar del sinfín de entrevistas y de un móvil que no deja de sonar, Julia Solomonoff no pierde la calma, la sonrisa, la energía y las ganas de hablar de su segundo largometraje, "El último verano de la Boyita", uno de los representantes locales de la competencia internacional del Bafici. La realizadora de "Hermanas" está de regreso para narrar una historia inspirada en recuerdos infantiles, en el que habla de crecimiento a través de una historia que toca un tema tan sensible como la intersexualidad.
Llega el verano, y Jorgelina (Guadalupe Alonso) decide pasar una temporada en el campo junto a su padre, en lugar de ir a la playa con su hermana y su madre. Su hermana tuvo "el asunto", como dice Jorgelina, por lo que ya no es la niña que era y prefiere compartir tiempo con chicos de su edad excluyendo a su pequeña hermana. En el campo, Jorgelina se encuentra con su amigo Mario (Nicolás Treise), quien trabaja allí junto a sus padres y se prepara para "probarse como hombre" en una carrera de caballos. Jorgelina busca constantemente la compañía de Mario, quien la acompaña en sus paseos pero se inquieta ante sus invitaciones a nadar. Algo oculta Mario en esa actitud. La curiosidad de Jorgelina hará que un día quede al descubierto que Mario está pasando por una transformación.
Como en su ópera prima, la directora rosarina vuelve a los años 80 -que asegura abandonará para su próximo largo- para "abordar de forma tangencial" temas que le interesan. "En 'Hermanas' yo quería hablar de silencios, de la dictadura y cierta sensación de sospecha que podía corroer a una familia, pero no quería que la película fuera una película de desaparecidos en el sentido de rúbrica. En esta película me pasa lo mismo, como que tardo un poco para decir de qué va la película porque lo que quiero es que la gente entre primero. Quiero que se pueda llegar de una manera afectiva al tema, que se pueda entrar de una manera relativamente emocional sin perder la reflexión que genera el tema. Creo que si uno puede conmover un poquito a la gente puede llegar más lejos", explica Solomonoff.
"El último verano de la Boyita" es una película largamente gestada, que pese a la unión de varias productoras y el apoyo de diversos fondos tuvo su forma definitiva con el ingreso como productora de la compañía de los hermanos Almodóvar, El Deseo. Recuerda Solomonoff que el último día de los tres meses que pasó en Madrid becada por la Fundación Carolina, juntó coraje y finalmente se animó a ir a las oficinas de El Deseo: "Conocía un poquito a Esther García porque yo había trabajado con Isabel Coixet. Dejé el guión, me tomé un avión, y tres meses más tarde me dicen que les había interesado y que cómo estaba el proyecto. Que El Deseo entrara aceleró las cosas como para ya en seis meses empezar el rodaje".
- Desde el aspecto visual y narrativo el filme expone una gran calidez, ¿esa era la propuesta inicial para su abordaje?
Yo quería que tuviera algo muy íntimo y muy cercano pero que no sea ni postal del campo, ni edulcorada, ni nostálgica de la infancia. Yo creo que despide bien la infancia la película, termina bien. Si bien la película cuenta algo que tiene su cuota de dramatismo, a mí me parece importante desdramatizar. Lo diferente existe, y no tiene que ser un drama, no tiene que ser una tragedia, no tiene que ser un estigma. Y hay amor para lo diferente también, y hay curiosidad, y hay comprensión, y hay amparo. A mí me impresiona esta cosa moralista de Hollywood de que el diferente siempre lo paga con la vida. Entonces es importante decir no. Creo que hay una apertura que es la de la niña de la película, quien tiene algo para enseñarle a los adultos. Creo que la infancia de alguna manera la quise recuperar no para ponerla en una cajita de música, sino para que explote un poco, para que proyecte algo sobre el hoy y el futuro.
- Hay un momento en que el personaje de Mario le cuenta que su cuerpo no es normal y la niña responde que le gusta igual, lo cual creo es la clave de la película, ¿es justamente por esa mirada infantil desprovista de todo cuestionamiento que elegís narrar desde su punto de vista?
Sí, esa es la clave de la película. No es que le gusta a pesar de. Yo creo que de lo que no habla la película es de "tolerancia" porque no hay nada que tolerar con la diferencia, al contrario, hay algo que celebrar, ella está fascinada con Mario. Creo que sí hay una curiosidad y un desprejuicio. Lo que está bueno de ella es que no sabe y acepta que no sabe. Cuando él le dice que menstrua, ella dice que sólo las chicas menstruan pero después piensa que no sabe y que capaz los varones también menstruan. Y es en ese no saber que ella puede explorar. El no saber es lo que la lleva a explorar en vez de cerrar una puerta y ponerle un rótulo. Creo que es lo que más me llamaba la atención de contar desde ella la historia.
- En la película se habla del fin de la infancia, de la intersexualidad, del crecimiento, el mundo infantil frente al adulto...¿cuál fue el germen de la historia?
Sí, hay muchas cosas que espero no sean demasiadas. Hay algo para mí que también es importante en la película que es el descubrimiento de la privacidad. Eso es algo muy curioso que nos pasó en el casting. Yo no sé por qué tenía una intuición de que la privacidad era un tema importante en la película, entonces le pedí a María Laura Berch, que es con quien trabajamos todo el entrenamiento actoral de los chicos, que le pregunte a las chicas qué significaba privacidad. Y era increíble porque parecía un estudio de psicología; yo no tengo mucho background en psicología, bueno el básico porque en Argentina tenés que saber como tenés que saber cómo tomar el colectivo. Pero las nenas premenstruales, por decirlo así, de 10 y 11, si le preguntabas qué era la privacidad respondían que era cuando su mamá quiere estar sola o cuando la hermana no quiere que esté en el cuarto; en cambio las de 12 años te decían: 'Es cuando yo quiero estar sola'. Y esa diferencia en entender la necesidad del espacio propio, que aparte es el espacio que puede preservarlo a Mario de una cierta invasión de los demás, para mí también era muy importante.
Te diría que el disparador de la historia fue ese. Yo soy hija de una ginecóloga y un psiquiatra, y cuando tenía la edad de Jorgelina escuché de casualidad -porque ellos hablaban del trabajo como otra gente- que había un chico en un campo que estaba menstruando y era una chica, de acuerdo al discurso médico y medio mágico que yo armé con mi oreja de 11 años que aparte no me animé a preguntar mucho. Eso me generó una especie de curiosidad, más que nada si a mí me podía pasar algo parecido. Era una cosa algo fantasmal, si querés, pero de juego. Y fue algo que tuvo mucha resonancia en mí. Y después la película está armada de muchas otras cosas personales, ficcionales y otras reales.
- ¿Tenías temor que el tema de la intersexualidad fuera lo único que se destaque de la historia?
Por supuesto que sí. Primero para mí la película no habla sobre la intersexualidad, habla de la intersexualidad como habla de otras cosas. No quería que fuera primer plano porque no era desde donde quería contar la historia. Me parecía una cosa llamativa pero no era como yo la quería contar. Y desde el guión siempre fue un tema el cómo hacer para que el personaje de Mario no se chupara la película. Yo no sé si lo logré o no lo logré, pero para mí era importante llegar a Mario y su secreto ya con un mundo armado. No quería que eso fuera la primera escena porque iba a generar confusión y no era de eso de lo que yo quería hablar. Yo quería hablar de la intersexualidad pero dentro de un mapa mucho más grande. Me sale así.
- A pesar de que ese aspecto de la historia no es central y el tratamiento es diferente, es inevitable pensar en "XXY", de Lucía Puenzo, que estaba centrada en ese tema en particular. ¿Tuviste en cuenta que surgiría la comparación inmediata, pensando además que es una cinta tan reciente?
Sí, me amargó en un momento porque yo venía trabajando la historia hace mucho. Yo conozco a Lucía Puenzo, no sabía que estaba trabajando en esa historia, y un día un francés me dice que Lucía estaba trabajando en una historia así. Yo pensé: 'No puede ser'. Pero el momento en el que me quedé muy tranquila fue cuando vi "XXY" porque vi las diferencias. Lo que más me interesa es que la gente la vea para que pueda ver qué tienen en común y qué diferente. Son dos películas muy distintas.
Te diría que casi agradezco la pre-existencia de "XXY" para no tener que explicar cuestiones médicas, para poder quedarme en el punto de vista de la nena y no salirme de él, que es casi la obligación que uno siente con determinados temas. Al haber una película precedente y tan cercana es como que me liberó de la carga. Y también -probablemente no sea lo mejor a nivel marketing- me liberó del ruido. Siento que hice una película que va a hacer menos ruido porque es menos nuevo el tema, pero eso también me permite otra profundidad con él. No es para nada hablar mal de la película de Lucía, que a mi me gusta mucho. Pero me permite abordar desde otro lado ese tema. Igual creo que cada vez pasa más. Los temas están en el aire y hay coincidencias. Uno tiene que poder abstraerse de eso y recordar por qué a uno le resuenan; tratar de explorar el uno y no pensar que hay en la cartelera hoy. Porque la verdad es que no hay nada nuevo.
- Nicolás Treise, quien interpreta a Mario, es un chico que no es actor, que vive en el campo tal como se expone en la película. Al pertenecer a otro mundo, ¿tuvo algún tipo de pudor especialmente en lo que refiere a su personaje?
Él no sólo no es actor sino que nunca fue a un cine. La primera vez va a ser para verse a él en esta película. El proceso con él fue diferente que con las chicas. Lo conocí hace tres o cuatro años, sentí que era alguien con una relación muy especial con la cámara, con una presencia interesante, con algo misterioso. Y muy de a poco me fui acercando y ganando la confianza de una familia que es muy parca, y con toda la razón del mundo porque no tienen por qué confiar en una persona de Buenos Aires que dice que va a hacer una película. Creo que él entendió bastante rápido que estaba jugando a un personaje. Que tomábamos elementos reales de su vida como lo bien que anda a caballo, lo bien que se mueve en el campo, que puede faenar una vaca, pero que no es él. Él es un varón que no ha tenido problemas de identificación sexual para nada. Entendió que estaba jugando a eso.
En el abordaje de la actuación, una de las cosas que descubrimos fue que la mejor forma de llevar esto era trabajando con los chicos de la manera en que estaban los personajes, con el no saber. Él no sabe qué le pasa, y ella tampoco sabe mucho. Y van como descubriendo. Yo creo que ellos terminaron de entender la película cuando fui a mostrársela. No es que les oculté información, sino que se la daba a medida que los personajes iban encontrándola. Un poco -salvando las distancias- como trabaja Mike Leigh en "Secretos y mentiras". Parte de la verdad del personaje es que descubra en el momento en que la cámara lo está filmando.
- Una vez que se descubre el secreto de Mario, los dos padres de la película reaccionan de forma diferente, lo cual también marca un contrapunto entre campo y ciudad…
Sí, pero lo que no quiero para nada es que se lea como una especie de brutalidad del campo versus los progres de la ciudad. El padre de Mario en un momento lo golpea porque desconoce pero el padre de la nena, que es médico, tampoco la tiene mucho más clara. Creo que la nena es la única que tiene la respuesta, que es aceptar. La película esta ambientada hace veinte años, y ese chico en una familia de clase media intelectual, en una ciudad como Buenos Aires probablemente hubiera sido intervenido. A los dos años le hubieran hecho una pequeña operación para que sea más "normal". Y eso también es un acto de violencia en el nombre de la ciencia. Obviamente yo no juzgo eso porque es lo que los médicos aconsejaban. No juzgo pero digo que seamos conscientes que esa es una violencia que se practica normalmente y muy consensuada. Entonces la violencia del campo no es tan tremenda. Creo que lo que hay que revisar es ciertas actitudes que por querer enderezar, en el caso del padre del campo, o normalizar, en el caso del padre de la ciudad, se termina mutilando y eso es de lo que hay que estar consciente.
Cynthia García Calvo/Cinestel.com Buenos Aires - Argentina 03/04/2009