"ANDRÉS NO QUIERE DORMIR LA SIESTA" ABORDA LA DICTADURA ARGENTINA DESDE LA MIRADA INFANTIL - Protagonizada por Norma Aleandro y Conrado Valenzuela - Estrenada en la Argentina - Entrevista - 11/02/2010
La dictadura militar es un tema recurrente en la cinematografía argentina, pero aún sigue dando tela para cortar. El realizador Daniel Bustamante acaba de llegar a las salas porteñas con su visión de aquellos años de plomo, centrándose en la historia de un chico que ante su inocente mirada comienza a desmembrarse una familia y una sociedad.
“Andrés no quiere dormir la siesta”, escrita y dirigida por Bustamante, se desarrolla en la Argentina de los años 77 y 78. Andrés es un niño de ocho años que de un día para otro pierde a su madre en un accidente. Debe mudarse con su hermano al hogar paterno, dominado por una abuela entre cariñosa y rigurosa. En el barrio funciona un centro de detención clandestino, cuyos miembros se mueven a su antojo, apañados por el silencio general de quienes prefieren ignorar lo que allí sucede. Andrés también se relaciona con la ex pareja de su madre, un militante político. En ese contexto desarrolla su infancia Andrés, quien vivirá el final de su inocencia.
Rápidamente, el film remite a la también nacional “Kamchatka” o la brasileña “El año en que mis padres se fueron de vacaciones”, por abordar el tema de la dictadura desde la mirada infantil. En “Andrés no quiere dormir la siesta”, los ojos se posan sobre el silencio de la sociedad y el rol de la familia, concentrándose en una oscura relación abuela-nieto, jugados por Norma Aleandro y ese pequeño gran descubrimiento que es el magnético Conrado Valenzuela.
- Al comenzar a dar forma a la película, ¿te planteaste cómo hablar de la dictadura sin recorrer caminos ya transitados? ¿Por qué elegiste plasmar la historia desde la visión de un niño?
La verdad que sí, me plantee cómo podía tocar ese tema. A la conclusión a la que llegué fue que la mejor manera era contarla a través de los ojos de un chico, porque contarla a través de los ojos de un chico era sacarle la lectura o interpretación inmediata que uno hace como adulto: el chico ve las cosas que pasan frente a sus ojos y no tiene como valor. Esto, si bien en un primer momento fue planteado así, después se transformó en un beneficio, un plus, que no lo medí hasta ver la película y verla confrontada con el público. Me di cuenta que si bien es cierto que la película está contada desde los ojos de un chico, el que ve es el adulto, que sí interpreta, y sí le pone valor; y eso le da como una dureza mucho mayor. Eso fue un desafío interesante.
- Se puede decir que la película trata sobre el fin de la inocencia, pero también sobre la familia y ese no te metás tan argentino, ¿fue tu intención hacer una suerte de radiografía de los argentinos?
Más que sobre el fin de la inocencia, habla sobre el poder, ese poder chiquito que todos tenemos sobre alguien. Siempre que pensamos en el poder lo pensamos en términos grandilocuentes, es el gobierno, el estado, nuestro jefe, pero en realidad el poder es algo tan cotidiano, tan diario, y todos lo ejercemos. La primera imagen que se me ocurre es cuando vas a un lugar y hay un portero, y él decide si dejarte entrar o no. Esto trasladado a la educación y a la cotidianeidad en la vida, más sobre un chico, puede tener consecuencias muy profundas. Nosotros somos lo que somos como adultos en gran medida por cómo hemos sido como chicos, y cómo nos han educado. Y esto si me parece que era como el desafío y la intención en términos de radiografías, si querés. Los argentinos siempre tendemos a colocar como la mirada por fuera de uno, y no en su responsabilidad como ser social, como parte de una sociedad.
- Los directores suelen decir que cuando trabajas con niños le presentan todo como un juego, aún así, ¿cómo se consiguió esa extraordinaria actuación de Conrado Valenzuela?
Es cierto que el trabajo con Conrado se planteó como un juego, pero yo hice un trabajo previo bastante largo con él, que fue generar un vínculo, una confianza. Esto, generalmente, lo hicimos a través de esquemas de trabajo, por ejemplo, yo le acerqué el guión y le pedí a sus padres que no se lo explicaran, sino que las dudas que tenía las charlara conmigo. Por otro lado, establecíamos reuniones de trabajo, o salíamos a jugar, o íbamos al cine, o hacíamos la tarea juntos. Hacíamos muchas cosas que tenían que ver con la vinculación de él como chico, y la confianza que yo le podía generar como adulto. Entonces esto fue mucho más fácil a la hora de trabajar, y a mí me sirvió para conocerlo y encontrar la manera de comunicarme con él.
- En la película se cita una larga lista de apoyos y ayudas para el desarrollo y realización del film. ¿Cuándo tiempo te llevó el desarrollo de la película y cuáles fueron los principales escollos que se debieron vencer para realizarla?
Esta película se hizo fundamentalmente con el aporte de San Luis Cine. Es un premio que ganamos, un concurso de desarrollo de proyectos. Por otro lado, lo que se hizo también fue conseguir el apoyo de Santa Fe. Santa Fe apoyó mucho esta película. Y una vez que estuvo terminada la empezamos a mandar a fondos de desarrollo y de posproducción, y ganamos Latinoamérica Primera Copia en el Festival de La Habana, lo que nos permitió tener una copia final. Esto fue como en rasgos generales cómo se financió. Básicamente los problemas que tuvimos, primero fue ese: conseguir la plata, y después armar una logística que nos permitiera trabajar con un chico. Los chicos se aburren fácil, no es sencillo mantenerlos atentos. Si bien no es un elenco grande, tiene un elenco de figuras importante. Y la filmamos en tres provincias, lo cual acrecentaba los riesgos de problemas. Pero por otro lado, tuvimos un esquema de producción que funcionó, gracias a Dios, como una relojería.
- Ya se vio en varios festivales y ahora se estrenó en Ciudad de Buenos Aires, ¿cómo sigue su camino?
Se vio en varios festivales. La verdad que estamos muy contentos. Se vio en Montreal, Trieste, La Habana, Mar del Plata…Ha cosechado seis premios internacionales. El estreno comercial fue el 4 de febrero, en siete salas de Capital en primera instancia. Después va a hacer su recorrido por el interior de Buenos Aires y el resto del país.