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RODRIGO GRANDE REGRESA AL CINE CON FEDERICO LUPPI DE NUEVO COMO PROTAGONISTA     Entrevista      24/09/2009
La imposibilidad de concretar un proyecto mantuvo a Rodrigo Grande en el anonimato cinematográfico durante ocho años, desde aquel debut de 2001 con "Rosarigasinos". El director de 35 años se sacó el estigma de encima este jueves 24 de septiembre con el lanzamiento de "Cuestión de principios", una comedia dramática que protagonizan Federico Luppi, Norma Aleandro y Pablo Echarri, que adaptó junto al fallecido escritor y novelista gráfico Roberto "el Negro" Fontanarrosa.

Fue a propósito del estreno de "Rosarigasinos" que Grande entró en contacto con Fontanarrosa, quien tiempo después lo invitó a ocupar una de las sillas de La mesa de los galanes, el nombre con el que se bautizó el encuentro de amigos que tiene lugar en el rosarino bar El Cairo desde hace más de 25 años, que se tornó popular cuando "el Negro" lo inmortalizó en uno de sus libros. A partir de allí se iniciaron las colaboraciones entre ambos, y comenzó a nacer esta película que recupera a una de las parejas más emblemáticas del cine argentino: Federico Luppi y Norma Aleandro, inolvidable par romántico de "Sol de otoño".
La historia de "Cuestión de principios", basada en un cuento de Fontanarrosa, está centrada en Castilla (Luppi), un hombre de rigurosa conducta que genera la burla de sus compañeros de trabajo en la oficina, que ven en sus exquisitos modales una mera postura. Casado con Sarita (Aleandro), padre de un joven con sueños de rugbier y de una hija que no ve hace tiempo, vive regido por inquebrantables principios. Pero todo cambiará cuando llega a la empresa Silva (Echarri), un joven e impetuoso gerente con una vida aparentemente perfecta, que no escatima recursos para conseguir aquello que desea.
Precisamente, al conocer a Castilla y enterarse que su correcto empleado posee el único número que le falta de una preciada colección de revistas, decide poner un precio y no aceptar un no por respuesta. Pero Castilla, fiel a sus principios, le hace saber que no puede vender la revista por el valor sentimental que posee, por tener en sus páginas una fotografía de su padre. A partir de allí, Silva comenzará a elevar su precio, mientras esos principios de los que tanto se ufana Castilla empiezan a tambalear.

- Después de tanto tiempo sin estrenar, ¿se siente como una primera vez?

Sí. Viste que pasan los años y uno cada vez cree menos en uno mismo, está menos seguro de lo que pensaba. En ese punto es raro porque te diría que filmé con más inseguridades que en "Rosarigasinos". En "Rosarigasinos" estaba seguro que era un genio y acá ya estoy dudando de si soy bueno (risas).

- Ocho años pasaron desde "Rosarigasinos", ¿por qué la demora en volver al cine?
Rodrigo Grande dirigiendo a Federico Luppi en "Cuestión de Principios"Me metí en callejones que no iban para ningún lado, agarré para el otro lado al que tenía que ir. Me mantuve siempre escribiendo. Tenía ganas de no producir yo, simplemente quería que compraran un libro mío y me contratasen para dirigirlo. Eso no pasó. Después de estrenar "Rosarigasinos" en 2001, estuve dos años viajando por festivales, después me puse a escribir un guión del que vendí los derechos pero no se hizo, escribí otro y también se vendieron los derechos pero no se hizo, en el medio hice la serie "Cuentos de Fontanarrosa", y con Fontanarrosa escribimos –aparte de este guión- otro para Patagonik. Fueron años ocupados y de trabajo pero no pude concretar un trabajo para dirigir, que es lo que más me importaba.

- Al igual que en "Rosarigasinos", los protagonistas aquí son gente grande, lo cual sumado a la narración clásica te aleja bastante de lo que a priori se puede esperar de un director de 35 años…
"Cuestión de Principios", de Rodrigo GrandeA mí me gusta mucho el cine clásico norteamericano y el cine de los años 60, 70 italiano. Como para agarrar parámetros. Entonces eso me lleva a escribir de cierta manera y buscar un tipo de elenco acorde a aquello que admiré siempre. Que los personajes sean gente mayor como en "Rosarigasinos" es una casualidad porque escribí tres guiones, que no se hicieron, donde los protagonistas no eran mayores. Igual no hago diferencia. Los personajes mayores o jóvenes son tan complejos unos como otros. En realidad la gente mayor son niños adultos.

- El peso de la película recae en Castilla, ¿cuál es tu visión de ese personaje en particular, tan aferrado a unos principios que va a tener que ir flexibilizando para alcanzar la felicidad?
Para mí los principios de Castilla son una excusa. En realidad lo que Castilla todo el tiempo busca y propone es: Díganme que hago para que me quieran. Que es lo que hacemos todos, en el fondo. Lo que pasa que él lo enmascara porque seguramente de chico le enseñaron que exacerbar la ética y la moral era bien visto por los demás. Le pasó el tiempo a Castilla, y el mundo ya no valora eso. Y él sigue con eso. Por eso también es como un boludo o un tipo fuera de época.
Me parece que lo que le pasa es que quiere que lo quieran, pero para que te quieran los demás sin quererte a vos mismo, empezás a hacer cosas contradictorias para que te quieran todos. Y eso creo que es lo que le pasa a Castilla, ese es el patetismo de él. Su frase de cabecera, que por suerte no explicitamos en la película, sería: ‘Díganme que hago para que me quieran’. Pero no se puso porque nunca hay que evidenciar al personaje. Además esta es una opinión propia y subjetiva que nunca hablé con "el Negro" ni con Federico. Es una opinión personal mía. Es como juzgarlo un poquito pero la verdad lo que no hay que hacer es juzgarlo.

- Sin juzgar al personaje, ¿cómo lo estructuraste?
A la hora de escribir el guión, trataba de tener claro esto: la motivación de él es la mirada de los demás. Por eso cada vez que tiene que hacer algo o decidir algo, siempre lo están mirando los demás. Y traté de que siempre que estaba solo poner un espejo. Es ese súper yo que tiene Castilla. Trata de ser un tipo que es un ejemplo. Lo que pasa que él mismo se construyó el pedestal, se subió, y eso no te sirve. Y estás destinado a caerte si hacés eso.

- En la película se habla de los principios, ¿cuáles son los tuyos dentro del mundo del cine?
Cada vez me voy acercando más a la visión de Jauregui en la película, ese amigo que le dice: ‘son reflejos culturales, maneras de sobrevivir que uno aprende para que lo quieran más’. Sin eso querer decir que uno está dispuesto a vender el alma. Pero tenés que tener la oferta del diablo para saber si la querés vender o no. Sin oferta es fácil. Mis principios dentro del mundo del cine están muy condicionados: si tengo plata, tranquilo y haciendo algo que me gusta, no necesito hacer nada; si no tengo plata, mis principios van a tener que ser otros y doblegarme y ceder a otras cosas. Los principios en un punto se doblan. Espero que no se me quiebren. Fontanarrosa me decía, cuando hablábamos de la construcción de la película: ‘si a mí hoy en día me ofrecen 50 mil pesos para hacer algo que no me gusta, no lo hago; pero si ofrecen 500 mil…’. También es eso. Tenés que ver en qué punto de tu vida estás y cuál es la oferta para saber cuáles son realmente tus principios.

- Hablas de Fontanarrosa, con quien escribiste el guión, que tuvo 28 versiones. ¿Qué tanto cambió la historia desde la primera versión a la 28, y cuánto se mantuvo lo que llegaste a escribir con Fontanarrosa?
Primero me senté yo solo, y pasé tres semanas haciendo una versión, que era pasar el cuento literalmente a película. Eso dio 50 páginas. Se lo mostré, le dije que había hecho algunas transiciones, que son las transiciones lógicas de cuando en un cuento dice: pasaron tres días, se hace visualmente esa transición para que sea cinematográfico. El "Negro" lo leyó y me dijo: ‘Me parece que está bien Grande, ya está’. Le dije: ‘No, ahora tenemos que empezar. Es más o menos un minuto por página, así que tenemos que llegar por lo menos a 90 páginas y ahí engrosar todo, hacer subtrama’.
Entonces empezamos a funcionar de un modo que era que yo le pedía alguna subtrama de un personaje, él tiraba ideas y yo trabajaba, se lo mostraba, él hacía anotaciones sobre eso acerca de lo que pensaba, y eso se iba engrosando; mientras, tomábamos café y la pasábamos bien. Fueron muchos los caminos que fuimos tomando pero después volvimos para atrás. En un momento se desarrollaba un poco más la historia de Silva con su ex mujer y su hija, pero después lo saqué porque me parecía innecesario, la historia es claramente de Castilla. Hubo varias cosas pero te diría que el "Negro" llegó a conocer el guión perfectamente, en un 95%. Y el 5% lo habré trabajado yo cercano al rodaje ya. 

©Cynthia García Calvo/Cinestel.com           Buenos Aires - Argentina       24/09/2009