EL 'PERRO' PERRONE REFLEXIONA SOBRE EL UNIVERSO ADOLESCENTE DE SUS ÚLTIMOS FILMES - Entrevista
"Los tipos de mi edad me parecen muy boludos; me aburro mucho con los tipos de mi edad", dice el realizador Raúl Perrone en una charla previa a la presentación en el Bafici de "180 grados" y "Bonus Track", sus más recientes trabajos. La afirmación viene a cuento de su regreso al retrato del mundo adolescente, con el cual siente especial afinidad, a través de estos dos títulos que se exhiben en las secciones Trayectorias y Competencia oficial argentina, respectivamente.
El director de Ituzaingó –claro referente del cine independiente argentino- es habitué del certamen porteño pese a no sentirse cómodo con el circo que rodea a un festival que se suele calificar de snob. Así, Perrone se deja ver lo justo y necesario, es decir, para acompañar la presentación de sus películas.
"180 grados" y "Bonus Track" son dos películas que se convertirán en trilogía, en las que se retrata a los adolescentes del año 2000, como hace más de una década el director hizo con los jóvenes de los 90. Cada una de las cintas fue rodada en aproximadamente cinco días y con actores no profesionales, siguiendo así dos de las pautas del decálogo que escribió en 1998. La trilogía se completaría con "K andes bien".
- "180 grados" y "Bonus Track" están centradas en la adolescencia, ¿por qué decidiste volver de lleno sobre este tema, y que conexión hay entre las dos películas?
El tema de la adolescencia fue porque estuve metido mucho tiempo con lo que fue la trilogía de "Labios de churrasco", "Graciadió" y "5 pal peso", que editó 791cine. Entonces volví a rever esas películas. Y eso me hizo pensar un poco que ya tenían 14 años y que por suerte después terminaron funcionando muy bien porque eran muy actuales y demás. Pensé que sería bueno que lo que hice en los 90 se hiciera con los pibes de hoy. Cambiar el videoclub por un skate, una bici, un celular. Sigue el tema de la incomunicación. Me puse a trabajar con eso. Hice una. Hice otra. Y ahora estoy pensando en otra. Todas tienen un hilo común que es el "deporte", en una es el skate y en otra la bici. De eso habla un poco, del mundo de estos pibes de estos días que encuentran en ese andar un lugar donde encontrarse. Como nuevas tribus urbanas. Eso me interesaba mucho porque la soledad y la adolescencia son temas que conozco en profundidad. Y como siempre en mis películas no hay una presencia adulta.
- ¿Qué diferencias encontraste entre esos jóvenes de los 90 y los del año 2000?
Es diferente quizá el contexto en el que están. En los 90 era el no futuro, con un país devastado, políticamente también. Y ahora lo que me preocupa, sin meterme con el tema político que mucho no me interesa, siguen teniendo los mismos problemas, incluso los mismos problemas que tenía yo a los veinte. Para nosotros que los miramos desde afuera parece que los adolescentes la pasan bien, y la verdad es que la pasan muy mal. Cada cosa que es chiquita para ellos en enorme. Una minita te deja y es el fin del mundo. Todo eso me gustaba investigar en la película. El tema de la soledad, de la amistad, las traiciones, los engaños. Pero básicamente es la no presencia de adultos en la película.
- Justamente, buena parte de tu público son jóvenes, ¿cuál crees que es la razón por la que te siguen tanto?
Cuando pasa eso evidentemente ven en vos algo. Yo hago una película con Galván que tiene 87 años y la van a ver los pibes. En mis talleres de cine, la mayoría son adolescentes, tienen entre 18 y 22 años. Creo entenderlos, entender sus códigos. Los pibes siguen a alguien al cual le creen, quien les hace creer que se puede, que tiene la gran posibilidad de motivarlos para que hagan cosas. Y eso no lo logran ni siquiera de los padres. Lo que muchas veces les pasa a los pibes que ven mis películas, es que salen con ganas de hacer películas. Eso ya es un incentivo. Que alguien vaya a ver una película tuya y salga con ganas de, más allá de la película, es un logro. Movilicé a la gente a que haga cosas. Creo que pasa por ahí.
- Los actores de ambas películas no son profesionales, ¿con qué inquietudes se acercaron al cine?
En realidad mucho no entendían. No tienen idea. Tampoco yo tengo la costumbre de mostrarles la película antes de que se estrene. No saben lo que hicieron. No tienen idea como va montado. Yo en realidad como forma de trabajo no les cuenta la totalidad de la película. La película la voy haciendo. Sé lo que quiero contar pero no lo escribo.
- ¿De qué modo trabajas la historia?
La historia la voy haciendo a medida que la voy filmando. Me gusta mucho eso. Es un trabajo súper concentrado, en el cual tenés que tener muy en claro lo que querés. Y pensar mucho lo que querés. Hay una cosa que hago que es filmar, en la semana editar y verlo mucho mucho, y a partir de ahí voy escribiendo. Y así voy armando la película, dejándome llevar por ciertas cosas que aparecen. Tengo la opción de ponerlas o no ponerlas pero confío mucho en el azar y me gusta mucho la improvisación. Jamás grabo más de lo debido. Si la película es de 84 minutos, yo no grabo más de 100 minutos. Soy obsesivo con eso. No repito tomas si no son necesarias. Soy muy austero porque tengo el presupuesto muy acotado. No trabajo con subsidios, con fondos, con créditos. Es todo más difícil y tengo que pensar mucho lo que se hace. No se puede desperdiciar porque las cosas salen mucha plata. Entonces aprendí a ser austero.
- ¿Cómo es eso llevado al sentido estético?
Yo me aburro, entonces me gusta buscar ciertas cosas. Y lo que jugué con "180 grados" fue con las texturas. Me gustaban ciertas cosas que tienen que ver con las ralentis, las texturas, distintos formatos de cámara. Esto no es porque la película lo haya pedido sino porque yo tenía ganas de hacerlo. Una cosa que tengo antes de aburrirme es investigar. Tener una cámara para mí es peligroso porque filmo todo el día. En todos lados veo una película. Investigo con objetos, diapositivas, con un montón de cosas que después no tengo el mínimo pudor en ponerlas. Ahí soy un kamikaze. Todo lo que creo que me va a hacer bien, que me conmueve, que me estimula, que me moviliza, yo lo pongo y no especulo. No especulo si a alguien no le va a gustar, si no lo entiende, si se corrió de lo que yo venía haciendo. Pasé por todos los formatos, por todas las maneras de filmar. No tengo ningún problema en adaptarme a las técnicas nuevas como para usarlas si me copan.
- En 1998 escribiste un decálogo con las reglas a seguir para rodar, ¿qué tanto se sigue respetando?
En algunas cosas me traicioné pero para bien, ya no son ocho personas para rodar, son cuatro. Me parece que la tecnología ha hecho que necesitemos menos cosas, al menos algunos tipos como yo. Yo con menos hago más. La cámara que es más chiquita y la puedo poner en cualquier lado, la posibilidad de distintas texturas. Me da la impresión de que ese es el cine posible que yo quiero hacer.
El decálogo nació de la bronca mía hacia un montón de cosas. Y la bronca yo la canalizo haciendo cosas, no puteando a los demás. La bronca es mía por no pertenecer a este mundo. Yo no quiero pertenecer a este mundo. Yo pertenezco a otra galaxia, que es la galaxia del se puede. Acá la gente está más preocupada por conseguir cosas que por hacer cosas. Antes me parecía que necesitaba ocho personas, y ahora me parece mucha gente. Yo hago cámara con otra persona y fotografía, tengo una editora, alguien que me asiste y hace sonido. Y para mí ya está bien. Yo trabajo con poca gente, me muevo en lugares que conozco, cuando voy a laburar ya saben dónde voy y qué necesito. Yo aprendí a trabajar así y me manejo bien. Tendría que estar en un estado de queja permanente. Pero no me quejo porque no me gustaría trabajar de otra manera.
- Estás haciendo las cosas en tus propios términos…
Es que el único lugar en el que me siento seguro es cuando hago eso. En la vida tengo inseguridades como cualquier tipo. Tengo fobias. No soporto cosas. Ya estuve en nueve ediciones del Bafici y siempre hay dos o tres películas mías. La gente pensará –el que no te conoce- este tipo vive adentro. Pero la verdad es que tengo que hacer cosas que no tengo ganas de hacer. Pero sé que presento mi película, y sería muy estúpido que haga películas y no haga eso. Pero todo el resto, eso de vamos a una cena esta noche, no me interesa. No tengo ni siquiera la picardía para eso. Te encontrás con programadores europeos y yo no tengo ni siquiera un DVD en el bolsillo para darle. Si alguien no me conociera pensaría que es una postura.
Es difícil creerle a un tipo que dice "yo laburo sin guita", "hice veinte películas", "no me interesan los festivales", "no viajo en avión". Y sin embargo hago todo eso. Es difícil de creer porque estamos acostumbrados a todo lo contrario. Vos a un tipo le decís "yo no viajo en avión" y te dice: "¡que boludo que sos!" Pero sos más boludo vos que yo porque te matás por conseguir un viaje. Es poco ético. Sé que me pierdo cosas y otras no. Y veo gente que no tiene película y está acá con computadoras y teléfonos, y viendo qué puede conseguir. Y yo no me veo. Realmente no me veo. Yo sigo pensando en hacer películas pero no me cautiva esa parte del viaje. Mi postura es la de un tipo que le interesa contar historias pero no le interesa todo lo que ocurre para contar esas historias.