EL REGRESO A LOS ORÍGENES PARA ENCONTRARSE CON UNO MISMOEntrevista con Santiago Giralt sobre "Toda la gente sola", estrenada en Argentina
"Soy alegre, optimista, pero un poquito perturbado". Quien se define es el polifacético Santiago Giralt, director, escritor, guionista, productor y actor argentino, que el jueves estrenó en su país "Toda la gente sola", película que marca su debut en solitario como realizador, luego de haber co-dirigido la película que puso en guardia al nuevo cine argentino, "Upa! Una película argentina", y la inédita e irreverente "Las hermanas L.".
Como en sus filmes previos, "Toda la gente sola" tiene humor pero –esta vez- camuflado detrás de una historia melancólica de seres solitarios que buscan un poco de amor, de candidez y comprensión.
La acción transcurre en una ciudad chica azotada por una ola de calor que irá enardeciendo a sus criaturas hasta el punto de ebullición, en el que cada uno encontrará un nuevo camino para continuar su vida y aspirar a la felicidad. Entre su variopinto grupo de personajes encontramos a una mujer de ciudad casada con un político infiel, un adolescente descubriendo su sexualidad aquejado por su sobrepeso, la empleada de una lavandería que calla su amor por el chico lindo y atormentado del lugar, un pastor que recorre ciudades prometiendo la salvación…
Para este primer paso, el realizador de 32 años volvió a sus orígenes, buscando en su ciudad natal -Venado Tuerto, Santa Fe- el espacio físico y los elementos que distinguirán su mirada particular como narrador. Así, "Toda la gente sola" funciona como la piedra fundacional de lo que será el cine de Giralt, un cine de narración clásica, rico en diálogos y actuaciones, proclive al artificio, que busca un espectador que se entregue a las emociones antes que a la intelectualización. "Toda la gente sola", lanzada en 12 salas, está protagonizada por un elenco coral en el que destaca Erica Rivas, Mónica Villa, Lola Berthet, Alejandro Urdapilleta y Luciano Castro.
- Si bien ya tenés dos películas como director, una estrenada comercialmente y otraexhibida en festivales, ¿sentís que "Toda le gente sola" es de alguna manera tu ópera prima no sólo por ser tu primer largo en solitario, sino también por ser una historia que transcurre en tu ciudad natal, lo cual acrecienta los elementos personales?
Este proyecto lo empecé a escribir antes de las otras dos películas. Es el que iba a ser mi ópera prima. Yo digo que tuve dos películas antes que ésta por ímpetu colectivo. Pero ésta es la que yo iba incubando desde hace mucho tiempo. "Upa!" surgió cuando con Camila (Toker) y Tamae (Garateguy) nos encontramos en una clínica de guión y nos dimos cuenta que hacía tres años que estábamos parados en el mismo lugar. Entonces fue como un vomito de todo lo que nos estaba pasando. "Las hermanas L." fue después de todo lo que pasó con "Upa!" en el Bafici, que provocó algo que por un lado me encantó pero por otro lado activó algunas energías que a mí no me gustaron.
Cuando la película se estrenó nos provocó un desbarajuste enorme a todos porque no lo esperábamos. Entonces nos costó mucho ponernos de acuerdo en todo lo que siguió. En un momento el proceso no se volvió nutritivo sino que era mucho tironeo. A cada uno le pasó algo diferente con la película. Entonces decidí que no quería pasarla mal con ningún otro proyecto de cine. Ahí nos juntamos con un grupo para hacer algo en lo que lo pasáramos bárbaro, y salió "Las hermanas L", que para mí es un marciano maravilloso porque no se parece a nada y se parece a muchas cosas; es una película que se hizo como con una sensación de fiesta, por eso tiene ese tono, esa energía, ese color. "Toda la gente sola" no, es una película muy pensadita, muy reflexionada, muy meditada. Es esa película que tiene todo lo que los directores cuentan que debe tener una película. Las otras respondían a una necesidad urgente. Para mí la sensación es que "Toda la gente sola" es la película germen de lo que puede llegar a ser la línea principal de lo que yo haga como narrador.
El año pasado publiqué una novela, nada que ver con lo que yo hago en general, era una novela histórica sobre una amante de Perón que se llama "Nelly R.", pero ahora escribí una novela que habla más con "Toda la gente sola" que con mi otra novela porque empecé a encontrar en el mundo de Venado Tuerto una particularidad en mi mirada. Es una forma de ver, de sentir, de aproximarse a este mundo, que no lo veo alrededor mío. Entonces siento que encuentro una particularidad que me gusta.
- ¿Cuál crees que es esa particularidad?
Hay tres cosas que son de mi personalidad. Si no te gustan mis películas quiere decir que no te caería bien yo como persona. Yo soy alegre, optimista, pero un poquito perturbado. Me encantaría ser luz pura pero soy un poquito oscuro. Fui un adolescente gordo, fui un chico diferente en una edad que no es fácil ser diferente, tuve que bancarme un amplio registro de epítetos que pasaban por mi condición de identidad de género o por mi condición física. Y de repente en un momento uno logra por trabajo, por respeto, que todo eso se acalle. Pero eso está en uno. Está en la sociedad y está en uno. Y yo no me olvido. Por eso trato de ser honesto con eso.
Hace poco encontré un VHS con una filmación de la adolescencia y me impactó muchísimo cómo el personaje de Damián, el adolescente que es gordo, estaba en mí. Cuando vi que lo que yo estoy haciendo es más sincero con lo que a mí me gusta ver y con quién soy yo, me siento más seguro de lo que hago. Yo sé que "Toda la gente sola" para algún sector de los que le puede haber gustado "Upa!" va a parecer una traición total. Ya lo percibo en algunas cosas. Como una especie de cambio de valores, ya no es independiente, hay figuras populares. Pero yo siento que las dos películas tienen personajes de clase media, tienen conflictos reconocibles. De alguna manera son dos modos dinámicos que yo tengo de pensar mi mundo, el mundo y la realidad. Pero yo sigo siendo el mismo. Me gusta rescatar lo involucrado que me siento con la película que estreno. Lo personal que es.
- ¿Cómo recibió la gente de Venado Tuerto esta mirada tuya?
Yo estoy shockeado con lo que pasó con la película allá. Primero porque la gente se sintió representada en un buen sentido, lo que para mí era importante. En la literatura, en la nueva novela, tengo una aproximación más oscura a Venado pero porque es literatura y me animo a más. Yo tengo una parte tarantinesca que me gusta pero en el cine todavía no estoy conectado a la violencia.
Estrené la película allá y tuvimos 1.000 espectadores en una función por día, en una ciudad que estuvo casi 10 años sin cine. Es una ciudad que perdió el hábito de ir al cine. Yo estoy feliz de que los venadenses se hayan sentido representados, y que en mi aproximación se sientan incluidos. Uno dice: "Yo hago películas para el público". Pero, ¿qué público? Y es ese. No digo un público masivo, sino ese que quiere ir al cine a ver algún aspecto de su personalidad reflejado. Y que eso lo involucre con la película de una manera tal que –como dice Stephen King- resuene en él por un tiempo.
Yo creo que el arte puede tirar pistas para que la gente cambie su realidad. Y es lo que más me gusta de la posibilidad evocativa y transformadora del cine. El cine me parece una experiencia alucinante. Yo vivía en una ciudad muy pequeña y entendía que había una complejidad del mundo y la vida a través de las cosas que yo veía en el cine. Pienso que si lo hizo conmigo por qué no lo puede hacer con otro. Cuando pienso en ese otro, pienso en alguien que le guste lo que a mí me gusta: que te cuenten un buen cuento, que la historia esté bien desarrollada… Ayer, de casualidad, me puse a ver el primer capítulo de "Twin Peaks", y me di cuenta que es la estructura de cómo se presentan los personajes del pueblo, cómo se van cruzando y al final se encuentran. Había una cosa de estructura muy parecida y hasta de personajes de diferentes clases sociales. Y pensé que yo estoy siendo atravesado por la estructura porque estoy hablando de eso: de los pueblos, de las ciudades pequeñas.
- La película se acerca más al cine independiente estadounidense que al argentino en eso de hablar del regreso al lugar que uno abandonó para buscar un futuro diferente, pero que en definitiva en ese regreso es cuando uno se termina encontrando…
Exacto. Para mí, uno como artista siempre va a hacer dos tipos de cosas: cosas que te interpelen desde el presente y cosas que te empujen hacia al pasado. Yo creo que "Upa" y "Las hermanas L." son películas sobre mi presente en el mundo como director, como persona que quería abrirse camino; "Toda la gente sola" es como una especie de viaje al pasado, y a mí me gusta porque la película quedó retro; si la ves dentro de diez años no vas a estar seguro de qué época es. En la película mi aproximación a Venado es afectuosa y quería que se viera así. La ciudad que yo muestro es bastante diversa, compleja y con ramificaciones pero evidentemente pude pararme en un lugar de mirarlos a los ojos. Hay un momento en que vos te peleás con tu lugar de origen, y después te reconciliás y te reconocés. La película es eso: la reconciliación y el reconocimiento. Decir: "Yo me entiendo porque vengo de acá".
- "Toda la gente sola" tiene un tono que se aleja por completo tanto de "Upa!" como de las "Las hermanas L". Aquellas eran muy exaltadas, muy arriba, con mucho humor, y en esta no falta el humor y momentos de exaltación, pero la melancolía domina la historia. ¿Es ese el tono que te interesa explorar?
Sí. Yo soy una persona optimista, vivo en el pasado en mi cabeza, me gustan las cosas bien dichas, me gusta decir gracias. Vengo de esa clase media que soñaba que la educación te podía dar acceso a mejores cosas, que el trabajo era algo bueno y te era recompensado. Y de alguna manera de eso pude rescatar que si uno sueña, trabaja y le pone empeño se puede cambiar. Mi padre es ingeniero agrónomo y mi mamá ama de casa, y yo siempre digo una frase graciosa que es que yo llegué a Buenos Aires con una valija llena de ilusiones. Era "María de nadie" en el trencito. Porque estudiar cine era raro.
Cuando empiezo a ver que mis películas tenían distancia para ser recibidas por mis seres queridos, me pasó con "Upa", que les gustaba pero hay un punto en que quedaban afuera, me pregunté en qué momento iba a poder hablarles a ellos con la sinceridad con la que ellos me hablan de un montón de cosas. Y es en ese tono de "Toda la gente sola" que encontré la sinceridad donde inclusive los seres que me quieren y me conocen pueden hasta rozar con mis partes que más los interpelen, pero entender la humanidad detrás de todo eso. Sentí que encontré algo muy valioso y apareció en esta película. Y lo que me llevó a verlo fueron Mónica Villa y Erica Rivas.
Con ellas fue con quienes más trabajé en los primeros días. Y ahí vi que el tono había aparecido. Tenía un registro que encontré con ellas que me permitió tener seguridad para lo que seguía. Mónica Villa para mí hace documental (risas). Dice las cosas iguales que como yo las tengo registradas. Todas sus frases vienen de un montón de mujeres: tías, madre, abuela, tía abuela... Yo me llevaba bien con la rama femenina de la familia, y escuché mil veces las cosas que dice Mónica como su personaje de Ana.
- A diferencia de tus compañeros de generación, sos muy afecto a los diálogos…
Yo gozo escribiendo diálogos. A mí me da mucho placer ver a actores actuando diálogos bien escritos. Me divierten las metáforas campestres. Y siento que ese color del mundo está abandonado. Hoy estamos frente a un cine muy parco, con muy poco diálogo, y hay hasta como un temor a escribir diálogos. Me pregunto por qué hay tanto miedo a que la gente abra la boca. Pero, claro, cuando la gente abre la boca puede haber cosas que chirríen.
Mientras hacía la película yo tuve que pulir los diálogos que chirriaban porque es como una música, y no puede haber algo que suene mal. Lo mismo pasa con la música. Yo utilizo música muy relacionada con la emoción de los personajes. Desde el momento en que yo pongo una cámara y dejo cosas afuera, hay artificio. En el cine argentino no hay música diegética, es extradiegética, sale de objetos que están en pantalla. Yo no tengo tanto apego por la realidad y creo que el cine como cine tampoco lo tiene en su espíritu. Están los que aman el cine en el origen de los Lumière, viendo el tren llegar a la estación y adorando el documental representacional del realismo, o los que nos enamoramos del cine viendo lo que podía hacer Méliès. Entonces, yo soy soñador, fantasioso y me gusta que me mientan. Me gusta que el cine sea una versión imaginaria de la realidad. Hay una frase que me dijo un profesor, que a mí me encantó: ‘La diferencia entre el arte y la vida, es que el arte tiene estructura’.
- "Perla" es tu próxima película, ¿qué podés adelantar sobre ella?
En "Perla" voy a volver a trabajar con Erica Rivas, Luciano Castro y Mónica Villa. Es la historia de un adolescente que quiere ser mujer en Venado Tuerto. Su madre es soltera y es una mujer a la que le gustan mucho los hombres. Ella se enamora de todos pero ninguno de ella. Y de un profesor de gimnasia bastante facho y homofóbico, que pasa de galán de cuarta en un bingo haciéndose el estanciero a enamorarse de la madre del niño que quiere ser mujer. Es un triángulo de incomprensión. Cada uno tiene que aceptar la diferencia del otro para que todos puedan conseguir lo que quieren: el profesor de gimnasia el amor de la madre, la madre que su hijo sea feliz y el hijo su identidad como mujer. Es la primera película en la que me meto de lleno en el tema de la identidad sexual, que en "Toda la gente sola" está en una de las tramas y en "Upa" y "Las hermanas L." está en pinceladas. Yo quiero que sea una película retro, como si fueras a ver un melodrama antiguo.