LA DENUNCIA DE LA TRATA DE PERSONAS TOMA PRESENCIA EN EL NUEVO FILM DE LA REALIZADORA ARGENTINA GABRIELA DAVID
Un hecho policial real fue el disparador de “La mosca en la ceniza”, el segundo largometraje de la argentina Gabriela David, quien tras varios años alejada de la pantalla grande –desde “Taxi, un encuentro”- regresa con un drama que tiene como trasfondo un tema que hoy en día conmueve a la opinión pública: La trata de personas. No es oportunismo lo de David, quien comenzó a escribir el guión en 2005 al tiempo que tuvo lugar el suceso que la conmovió, sino el resultado del largo proceso que conlleva dar forma a un film de corte independiente que busca indagar en la condición humana.
En 2005, una joven consiguió escapar del burdel en el que había sido secuestrada para prostituirse. El hecho generó conmoción, especialmente por haber ocurrido en Belgrano, uno de los barrios más distinguidos de Buenos Aires, y a metros de una de las calles más concurridas de la ciudad. “Me llamó la atención y me movilizó que hubiese un burdel, un prostíbulo así, con chicas secuestradas, cautivas, maltratadas, torturadas, en un barrio de clase media acomodada como es el barrio de Belgrano. Me inquietaba eso de que nadie vio nada, nada de cómo las traían, ese movimiento que había”, recuerda David en un alto del rodaje de “La mosca en la ceniza”.
Fue la figura de la joven que padeció ese infierno, se sobrepuso a tal situación, y tuvo la entereza y valentía de buscar una salida, lo que particularmente conmovió a David, y terminó por delinear el centro de la trama. “Me movilizó mucho el hecho de que una persona pudiera resistir, aguantar y sobrevivir a ese calvario con el norte fijo en salir de ahí, como hizo esa chica. A partir de ahí escribí la historia basándome en la relación fuerte de dos amigas, digamos, en una pareja femenina donde la amistad es un sentimiento muy fuerte. El carozo de la película es la amistad de estas dos chicas, y la lealtad que prevalece sobre todo el horror”.
Paloma Contreras Manso y María Laura Caccamo asumen los roles centrales de Pato y Nancy, respectivamente, dos amigas que en su búsqueda de una mejor calidad de vida, dejan su provincia para viajar a Buenos Aires, donde serán víctimas de la trata de personas.
“Pato es una chica que tiene aspiraciones de progreso. Y el progreso para mucha gente del interior es venir a Buenos Aires. Ahí justamente está la paradoja porque viene a Buenos Aires y termina mal ”, explica Contreras acerca de su rol, detallando: “Lo que el personaje tiene es una gran necesidad, no desde una ambición mental sino espiritual, una inquietud por abrirse otros caminos, conocer otras cosas. Hay una idea de superación que es muy linda de mi personaje. Cuando ya se pasa a la parte trágica, lo que tiene el personaje es que es muy obstinado, y no da el brazo a torcer, lo cual en esos lugares no es muy bueno. Pero finalmente el vínculo con su amiga es lo que la rescata de esa situación, y le permite encontrar –azarosamente- la salida que siempre había estado en sus narices, y que por esa ansiedad de no quedarse en ese infierno nunca vio”.
De rostro aniñado y expresivo, gran pasión por la actuación y una seguridad que no le permite sentir el peso de ser “hija de” –sus padres son Patricio Contreras y Leonor Manso-, Contreras comienza en este 2008 a afianzar su camino dentro del panorama cinematográfico local, tras haber participado en esos híbridos que terminan siendo las producciones extranjeras que se ruedan en la Argentina, como “Maradona, la mano de Dios”. Previamente a “La mosca en la ceniza”, la actriz tuvo una participación en lo nuevo de Lucía Puenzo, “El niño pez”; estos dos trabajos le han permitido “encontrar el yeite, ver por dónde va el trabajo”.
Por su parte, Caccamo es una absoluta debutante en el terreno del largometraje, y abordó este primer personaje cuidando especialmente no caer en el lugar común al que podía verse condicionada por las características del personaje: “Nancy es una chica del interior que tiene un pequeño retraso, una característica que se trabajó desde la sutileza, ya que no es una border. Por eso, trabajamos con una psicóloga para no caer en el estereotipo de la nena tonta. En realidad, ella es puro amor. Es un personaje muy puro, muy inocente. Cuando quiere, quiere mucho. No tiene término medio”.
Para transmitir ese vínculo afectivo que une a sus personajes, las dos actrices –que coinciden en haber sido elegidas por la directora tras ser vistas en sendas obras de teatro- profundizaron su relación antes del rodaje, para así reflejar esa empatía en la pantalla. “Con Paloma estuvimos bastante tiempo ensayando para poder crear un vínculo entre nosotras. Por suerte se dio desde el primer día que nos vimos. Eso ayudó bastante”, explica Caccamo.
Otro trabajo previo fue la toma de contacto con el tema que sirve de trasfondo a la historia, que no dejó a nadie indiferente. La más interiorizada era Contreras, quien ya había colaborado en una campaña de una ONG que denunciaba la trata de personas, e incluso estuvo a punto de trabajar en “Vidas robadas”, la telenovela de horario central que llevó a los hogares argentinos esta problemática. Sin embargo, en la búsqueda de mayor material se encontró con un testimonio que le impactó y que relaciona con el film: “Me acuerdo que me impresionó mucho una entrevista que leí en El País sobre una mujer de Camboya, que pudo casarse y tener hijos, pero dijo que aceptaba el hecho de que una relación sexual con un hombre nunca iba a ser de la libertad y plenitud que tiene una mujer que no transitó por esa experiencia, y que la peor secuela que le quedó es que ya no podía confiar en la gente. Creo que Pato es la que carga más con esta historia sobre el final de la película; Nancy tiene otro final”.
Casi tres años debió esperar David para que aquel primer guión escrito en septiembre de 2005 se convirtiera en un film, justamente en “un momento donde el tema está en la palestra, tanto acá como internacionalmente”. Con pocos días para terminar el rodaje, la película –que además de Contreras y Caccamo, cuenta en su elenco con Cecilia Rossetto, Luis Machín, Luciano Cáceres, Dalma Maradona, Ailín Salas y Vera Carnevale- se estrenará en 2009, es decir, ocho años después de aquel primer largometraje de la directora, “Taxi, un encuentro”, con el cual piensa que “La mosca en la ceniza” tiene puntos en común: “Tiene mucho que ver en la necesidad del otro; en la necesidad para realizar ciertas cosas a partir del apoyo y la compañía del otro”.
Para aquellos que se preguntan a qué refiere el particular título “La mosca en la ceniza”, David prefiere ser discreta y misteriosa: “Surge de un truco, un experimento que hacen las chicas, y lo hace la gente del campo. Yo lo conozco desde muy chica, me lo enseñó mi abuela. Algunos lo conocerán, otros no. Así que me lo reservo para que vean la película y descubran de qué se trata. Es una metáfora de la relación de ellas”.