PANTALLA PINAMAR: EL TÁNDEM SOFÍA MORA Y NÉSTOR FRENKEL PRESENTARON "LA HORA DE LA SIESTA" - Entrevista a Frenkel - 11/03/2010
Tras ser premiada como mejor película latinoamericana en el último Festival de Cine de Mar del Plata, “La hora de la siesta” se presentó en Pantalla Pinamar como parte de la competencia Y el ganador, es decir, el concurso oficial en el que se entregan los premios Balance. En tono con este film donde los niños son protagonistas y el mundo adulto está ausente, su directora Sofía Mora jugó a las escondidas con el periodismo, y no se dejó ver aduciendo obligaciones de madre reciente y primeriza, cuando se intuye que el pánico escénico le ganó la jugada.
Igualmente, la realizadora contó con su marido y productor Néstor Frenkel como vocero oficial, quien respondió con total conocimiento de causa. “Hablo en nombre de la directora”, dijo a Cinestel, antes de explayarse sobre una película que retrata el momento en que “los chicos dejan de ser chicos”.
La historia sigue a una preadolescente con voz de mando y su hermano, que tras la muerte de su padre, deciden escapar de ese ámbito sombrío recorriendo su barrio, en lo que es un último paseo por su infancia. El clima de opresión, acentuado por el blanco y negro, está presente en esta cinta que se construye de climas.
- Una película de este estilo, más pequeña, intimista, ¿hay que acompañarla mucho?
Y sí. Mostrarla, que encuentre sus nichos de público. No es una película fácil, más allá de que lo es porque es una narración simple, con diálogos concretos, con unas situaciones lógicas. No es algo raro que no se entiende lo que pasa. Pero no tiene quizás el ritmo y la energía, y la cantidad de elementos que uno está acostumbrado a ver en las películas. Digo para el público normal, gente que va a festivales y consume otro tipo de cine le es totalmente natural un estilo así. Para que se abra su camino, hay que acompañarla.
- Por su estilo, climas, ¿la ves en la línea de lo que se define como nuevo cine argentino?
Te diría que sí y no. Por un lado sí, porque es parte de lo que existe, de lo que está y quieras o no eso te condiciona y alimenta, y respondes de alguna manera a eso. Pero a la vez, la puesta en escena es muy clásica, cosa que me parece interesante. No tiene todos los clichés de la modernidad, por decirlo de alguna manera. Fundamentalmente desde la puesta de cámara, hay una búsqueda de cierta armonía en los planos o ciertos movimientos de cámara que van un poco en contra de este supuesto grupo de películas o estilo. Es una película sensible, que también es algo que está dejado de lado. No está del todo bien visto los sentimientos. Por un lado, creo que tiene que ver con esta corriente de películas, pero por otro va totalmente para otro lado. Así que es doblemente complicado encontrarle su espacio.
- ¿Cuál era el interés de retratar esta etapa en particular, ese ingreso al mundo adulto o fin de la inocencia?
Ese es un tema que le interesa a Sofía como escritora, como directora. Le interesa mucho ese momento, esa etapa de niñez-adolescencia donde uno es un bebé y al minuto siguiente es un adulto, y va y viene en eso. Es como empezar a escribir la propia historia, empezar a definir la personalidad. Y enfrentar el paso a la vida adulta. Son temas universales. Ahí también la película va en contra de la modernidad. Es como meterse en los grandes temas. Es una historia pequeña que se mete con temas intensos, grandes y universales.
- La película es atemporal, ¿por qué esa necesidad de no ubicarla en un tiempo concreto?
Me parece que era para sacarlo de algo muy real, muy concreto, muy verdadero. Lo mismo que el blanco y negro. No son chicos de hoy. No hay una intención de mostrar cómo son los chicos. Es como la niñez. Como que los personajes funcionan más como metáfora que como personas. No hay un intento de retratar chicos que ves por la calle. Tampoco hablan de forma natural. Tienen diálogos que no creo que los encuentres. No hay un intento de retratar la realidad. El blanco y negro ayuda a eso. Los diálogos también. Importa el tema y no tanto ese tema puesto en la realidad. No es hoy, no es ahora, no son chicos de verdad. Funciona como la creación de un clima y la concreción de una metáfora.
- La película inició su camino en Mar del Plata, donde ganó un premio. ¿Tiene un valor real el obtener un premio de ese estilo, suma algo a su carrera de exhibición?
Tenía un valor económico el premio, eso es real y concreto. Me llamó un poco la atención, tal vez por temas de presupuesto, o tal vez por cuestiones de pretensión de modernidad o glamour, que los programadores de festivales no van a Mar del Plata. Me llamó la atención que en el Bafici, donde estuvimos con el documental anterior, sin haber ganado, solo por haber estado, llegaron cantidad de mails invitando a la película a preselecciones o a festivales. Se ve que hoy día no está tan posicionado internacionalmente. Estas son cosas que me voy enterando. Yo pensé que iban a caer las invitaciones. Uno va aprendiendo cómo es esto. Se ve que el Bafici es más observado por los demás festivales.
- Sofía y vos trabajan como un equipo. Previamente hicieron “Construcción de una ciudad”, la cual dirigiste y ella produjo, y en “La hora de la siesta” se invirtieron los roles. ¿Cómo es el próximo proyecto conjunto?
Volvemos al anterior sistema. Ella es la productora, yo el director. Es un documental sobre el cine familiar. La era del Super 8 y el cine familiar. Un estudio sobre eso con un personaje que nos interese retratar.