ADAPTACIÓN AL CINE DE LA OBRA DE GARCÍA MÁRQUEZ "DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS", LA HISTORIA DE UN AMOR PROHIBIDO - Fue presentada en el último Festival de Cartagena - 17/03/2010
La magia de Del amor y otros demonios comenzó en 2004, cuando el escritor colombiano Gabriel García Márquez le ofreció a Hilda Hidalgo la oportunidad de adaptar al cine su novela. Al concluir un taller en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de La Habana, el célebre narrador escuchó decir a Hilda que aquella novela era su obra más cinematográfica, que parecía escrita como un guión, y que le extrañaba que aún no hubiera sido llevada al cine. García Márquez la desafió: “¿No le gustaría hacerla?” Hilda no se lo pensó dos veces: “¡Pues claro!, Gabo”. “Pues, entonces, ¡hágala!”, contestó él. El escritor le puso una única condición: “Prodúcela como una obra de arte. ¡No pierdas tu libertad creativa!”
Hilda regresó a Costa Rica y se entregó al proyecto. Ella y su socia en Aliciafilms, Laura Pacheco, se dedicaron a buscar aliados. El primero que se les unió fue el presidente ejecutivo de la Universidad Veritas de Costa Rica, Ronald Sasso, gracias a la complicidad de María Lourdes Cortés, entonces directora del Centro Costarricense de Producción Cinematográfica. La Universidad Veritas apoyó los primeros dos años de desarrollo que contemplaron el diseño del proyecto, la investigación histórica y de locaciones en Cartagena de Indias, la escritura de las primeras versiones del guión y las bases del plan financiero.
A principios del 2005, Hilda concluyó la segunda versión del guión y logró seducir a la reconocida productora mexicana Laura Imperiale, de Cacerola Films (Cinco días sin Nora, Nicotina, El crimen del Padre Amaro, La perdición de los hombres, Así es la vida, entre otras). Del amor y otros demonios se filmó durante nueve semanas y media en Cartagena de Indias, en marzo, abril y mayo del 2008. En el elenco encontramos a Jordi Dauder con un nuevo papel de religioso, últimamente tan habitual en él, los españoles Pablo Derqui y Joaquin Climent, las colombianas Margarita Rosa de Francisco y Martha Leal y el mexicano Damian Alcazar.
Su reciente estreno en el Festival Internacional de Cine de Cartagena (Colombia) demostró una vez más que los fieles seguidores de una obra escrita son muy exigentes y pretenden que una adaptación cinematográfica reproduzca el ritmo literario y las imágenes que ellos concibieron mientras leían la historia original, algo que se antoja harto difícil y complicado pues se trata de dos lenguajes bien diferentes. (fmr/rbc)
Comentarios de la directora Hilda Hidalgo
Amar es la llama doble del deseo y la compasión. Es fuego que quema y a la vez trasciende, en un sentido místico. Las historias de amor prohibido son puertas a ese misterio insondable.
La novela “Del amor y otros demonios” me cautivó desde la primera vez que la leí recién publicada en 1994. La leí de un tirón y sus imágenes fueron apareciendo como escenas de una película. Me sentí fuertemente atraída por esa historia de amor subversivo y místico a la vez. Capaz de trascender edades y creencias, y de trascender inclusive la muerte.
Cuando miro para atrás, me parece una casualidad y también una causalidad que Gabriel García Márquez me ofreciera la extraordinaria oportunidad de llevar al cine su novela. Pues su historia me resulta cercana, familiar.
Elegí contar la historia de “Del amor y otros demonios” a través de los ojos de una niña. Sierva María, tiene 13 años, vive en la Cartagena colonial y no está dispuesta a obedecer las reglas. Es blanca pero fue criada por esclavos negros. Es solitaria pero está dispuesta a todo, incluso al amor.
La película cuenta de su deseo, su despertar sexual y amoroso. Cuando la muerde un perro rabioso, la Iglesia la acusa de estar endemoniada y encomiendan a Cayetano exorcisarla. La niña y el cura se verán atraídos irremediablemente y sus almas se entrelazarán en esa llama doble que los condena y a la vez los lleva más allá de la muerte.
La sensualidad vital y abierta de Sierva María entra en contradicción con el mundo oscuro e intolerante de la colonia, un mundo inquisitorial lleno de culpa y severidad y deja al descubierto las ausencias y los miedos de quienes la rodean y de un sistema político religioso que se resquebraja. La historia de la niña revela también la historia de una ciudad.
La investigación que realizamos en Cartagena de Indias para la escritura del guión parecía muchas veces la de un documental. La ficción está hilvanada con la Historia de tal forma que a menudo no se distingue dónde empieza una y termina la otra. La casa donde “vivió” Sierva María es la casa del Marqués de Valdehoyos en la calle de la Factoría, con sus 4 patios, sus salones artesonados y sus corredores a contraluz. Abrenuncio, el médico portugués que atiende a la niña ante la sospecha de rabia, se parece asombrosamente a Juan Jose Méndez Nieto, un médico portugués que efectivamente vivió en Cartagena en el siglo XVII. Los descendientes de los esclavos que la criaron, viven hoy en San Basilio de Palenque, a media hora de la ciudad, hablan su propia lengua y han logrado mantener por más de 3 siglos una cultura original y africana.
A través de la historia de Sierva María, se cuenta la historia no oficial de una ciudad. Se desmitifica a los actores de nuestro pasado colonial latinoamericano: esclavos, religiosos, marqueses e inquisidores, retratándolos desde su vulnerabilidad y sus miedos.
Es una película intimista. Que permite al espectador internarse en el mundo subjetivo de los personajes y en sus deseos, aun los más prohibidos e innombrables.