"LO QUE MÁS QUIERO", INTENSA SERENIDADMultipremiada en el Bafici de Buenos Aires - Entrevista a su directora Delfina Castagnino - 18/04/2010
El sur de la Argentina es testigo en esta historia de la visita de una joven de Buenos Aires (María Villar) a una amiga que recientemente perdió a su padre (Pilar Gamboa). Allá, la primera sufrirá el desenlace de un noviazgo de cuatro años y conocerá a un chico del lugar. Ambos duelos forman el entramado narrativo de la película, en la cual los espacios naturales jugarán un rol esencial para la profundización en las emociones de los personajes.
Delfina Castagnino presentó en el 12º BAFICI su ópera prima como directora, si bien su obra ya fue parte de la programación con su trabajo como montajista de las películas de Lisandro Alonso "Los muertos" (2004) y de Matías Piñeiro "Todos mienten" (2009), entre otras. Su película "Lo que más quiero" compitió en la Selección Oficial Internacional y se alzó con la distinción a la Mejor Película Argentina y a la Mejor Actriz, compartido entre María Villar y Pilar Gamboa. Además, obtuvo el premio otorgado por la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI).
Este fue el diálogo que mantuvo con Cinestel durante el intervalo de tiempo en que estábamos citados para que se dieran a conocer los premiados.
- ¿Por qué elegiste el sur para contar esta historia?
Me fui a vivir a Bariloche en mayo de 2009. Ya estaba con la idea de filmar y estaba empezando a gestar un guión. Me parecía que la historia perfectamente se podía desarrollar ahí. No tenía que ser un espacio urbano, porque se trataba de contar un ambiente más rural y la experiencia de alguien que va desde la ciudad a ahí. Pienso que si hubiera sido en Córdoba, en esencia la película no hubiera cambiado. No toco el tema del sur, no hablo del lugar, pero sí de cómo el medio influye en el modo de vida de las personas.
- Sin embargo, es una mirada desde Buenos Aires.
Yo viví toda mi vida en Buenos Aires pero viajaba frecuentemente al interior. Me parece que hay un aspecto del lugar en el que uno vive que influye de una manera sutil pero a la vez más fuerte de lo que uno cree. Cuando uno ve a las personas moverse en una zona rural se nota la diferencia con la gente de la ciudad. Estos últimos saben de otras cosas. Hay una reflexión sobre el hábitat y sobre cómo cada uno se puede amoldar o no a este. El chico (Esteban Lamothe), por ejemplo, no se sintió cómodo en Buenos Aires y volvió a Bariloche. El sur es raro porque hay mucha inmigración y pocos pobladores. No todos soportan estar ahí.
- ¿El ambiente influye en los duelos de los personajes?
No, me parece que no. El duelo o la pérdida son universales, no tiene tanto que ver con el lugar de pertenencia.
- Sin embargo, se pone un acento en las emociones de los personajes y la contemplación de los espacios naturales que probablemente no hubieran tenido la misma fuerza en un espacio urbano.
Sí, totalmente. La tranquilidad y los silencios en Buenos Aires no los tenés. A mí no me gusta tanto la ciudad. Me sentía más cómoda filmando ahí. Acá creo que me daría un ataque si tengo que filmar en la calle. Me imagino una escena "EXTERIOR-CIUDAD" y creo que me muero. Ahí estaba al resguardo de todo eso. También, si bien no está muy mostrado, hay una intención de mostrar cómo se interactúa con la naturaleza. Hay una imposibilidad de María de ciertas cosas que son reales. El que vive ahí sabe de qué árbol está hablando, cuál es la madera que sirve para hacer la leña, cómo subir a una montaña y el que va allá no lo sabe, desconoce todo eso.
- ¿Por qué elegiste estudiar en la FUC (Fundación Universidad del Cine)? ¿Sentís que esa formación se nota en tu película?
Yo siempre quise filmar. Mi hermana estudiaba publicidad y yo me anoté en Marketing, pensando que ahí iba a poder filmar. Después me di cuenta de que era un delirio y que había lugares donde estudiar cine. Entonces me cambié. Fui a la FUC porque me parecía que, si bien había que pagar una cuota, después eso se compensaba con los equipos, con la posibilidad de tener islas de edición, de sonido y demás que en otro lugar no estaba. La escuela te da una técnica y herramientas para manejarte. Yo trabajé en el Departamento de Edición de la FUC, donde aprendí a editar. A nivel técnico me parece que te aporta mucho. Y a nivel estético me parece que la influencia viene más de la gente con la que trabajé, de los compañeros. Me tocó una comisión muy buena, de gente muy trabajadora y que sigue trabajando. Rescato a la gente que conocí estudiando.
- ¿Y trabajando con Lisandro Alonso, Matías Piñeiro o Mariano Llinás?
Creo que la influencia no la tengo muy consciente. Parte de trabajar con alguien es formarte. Tal vez tiene más que ver con un cine de autor, buscar algo que sea particular y que a cada uno le surge de manera distinta. No es una película de Lisandro, ni de Matías ni de Mariano ni de nadie con quien haya trabajado. Pero sí hay una sinceridad a la hora de hacer una película, una responsabilidad de terminarla que veo en ellos. Son toda gente que fue cumpliendo sus proyectos, gente que se pone una película al hombro y la saca. Como director, no son gente que tiene productoras y grandes respaldos. Quizás de afuera uno piensa que tienen mucho apoyo pero los ves y se toman el colectivo igual que todos.
- ¿Cómo elegiste a los actores y cómo fue el trabajo previo con ellos?
A María la vi en las dos películas de Matías ("El hombre robado" (2007) y "Todos mienten" (2009). Me pareció que en la última era muy brillante y natural y eso era lo que yo quería en la película. Con Pilar percibí que era buena en lo que hacía y me pareció que las dos tenían como personas energías diferentes. Y que eso se iba a imprimir en la película. También cuando empecé a pensar en los personajes, enseguida se me aparecieron ellas dos en la mente. De hecho, aunque no se nombren en la película, en el guión cada una figura con su propio nombre. Me parecía que si ellas no accedían a trabajar en la película, me iba a costar encontrar otra persona. Además, por algo se dio así, no es casualidad, que las dos sin conocerme aceptaran embarcarse en ese proyecto, sin saber cómo podía terminar. Tuvimos poca previa. Yo ya estaba preproduciendo en Bariloche, ellas se juntaban y nos mandábamos e-mails. Igualmente entendieron perfectamente a los personajes, aunque la idea de todas formas era que los personajes se acercaran a las personas que los interpretan.
A la hora de improvisar o de generar el diálogo, tenían de donde agarrarse. Filmamos dos escenas por día, más o menos. No tuvimos descanso porque teníamos unos 17 días de rodaje. Una vez que el plano estaba listo, ensayábamos un poco antes, filmábamos tal vez un ensayo que quizás quedaba en la película y no mucho más. No quería que se cansaran. Traté de compensar con la situación incómoda de todas las personas que estaban alejadas de su vida diaria. No nos conocíamos, yo conocí a algunos en el rodaje. Quería que fuera algo ameno, que las cosas básicas estuvieran y que no existiera ese cansancio de filmar 20 horas seguidas y que después al otro día se notara en las caras. En general las tomas que quedaron fueron las primeras. La magia estaba al principio.
- ¿Había un texto preestablecido?
No hay diálogos escritos. El guión está escrito en prosa. También lo que hice fue tomar a cada personaje por separado y armé un guión distinto para cada uno. La idea era que los actores no manejaran el mismo nivel de información. Después en el transcurso del rodaje se iban dando cuenta. Pero intenté que para ellos no estuviera todo revelado con anterioridad. Porque la búsqueda también pasó por que el actor sintiera algo en el momento en que está haciendo la escena.
- ¿Sentís que tuviste influencias de algún autor en particular?
Todavía no puedo asemejar a la película con nada. Me preguntaban qué películas había visto para hacer esta, pero creo que no busqué muchas referencias. Creo que todas las experiencias y los estímulos de su vida uno los lleva adentro y empiezan a salir en el momento del proceso creativo.
- ¿Qué expectativas tenías respecto de la competencia?
Estoy contenta del movimiento que se genera en el festival. Me gusta que la gente vea la película, como primera aproximación a la exposición pública. Para mí ya está, es una meta lograda haber llegado a la competencia internacional. Nunca me imaginé que iba a estar ahí. Esperaba mostrarla en el festival, pero no pensé que la programarían en la competencia ni mucho menos ganar algún premio.
- ¿Qué opinás de las críticas?
De todo se aprende. En algunas de las críticas que me hicieron, me di cuenta de que tenía que hacerme cargo de lo que puse en la película, que es verdad que en el cine cada cosa está por algo, tiene una razón de ser, y que yo no podía ignorar eso.
- ¿Cuál será tu próximo proyecto?
Tengo algunas ideas, pero tengo que ir al lugar y quedarme unos días. En esta película me sirvió vivir ahí para hacerla, entender el entorno. Es en la Patagonia, pero todavía no quiero decir exactamente dónde va a ser.