"FANTASMA DE BUENOS AIRES", UNA PELÍCULA CON UN ORIGINAL PLANTEO MARCADA POR LA DIFERENCIA ENTRE DOS ÉPOCAS DISTINTAS - Estrenada en la Argentina - Entrevista al director 28/11/2009
Guillermo Grillo hizo su primer corto a los 11 años. Era de género fantástico. Varios años después, el 26 de noviembre de 2009 estrena en salas argentinas su primer largometraje, “Fantasma de Buenos Aires”, historia que sí tiene algo de fantástico, pero también de comedia, drama, romance y suspense, que responde a su interés por mezclar géneros y escapar a las fórmulas.
En “Fantasma de Buenos Aires”, con guión del propio Grillo, cuenta la historia de un grupo de chicos de estos tiempos que deciden jugar a la ouija, pero la copa se rompe y en el lugar queda un espíritu. Rápidamente, un malevo de los años 20 se le aparece a uno de ellos con la intención de utilizar su cuerpo para ejecutar una anhelada venganza. Así, el malevo y Tomás, un chico sensible que ha sufrido la pérdida de su madre a temprana edad y está imposibilitado de confesar su amor a la chica que quiere, comienzan a deambular por la ciudad para descubrirse y explicitar el contrapunto entre la sociedad y la Buenos Aires de los años 20 con la actual.
“Fantasma de Buenos Aires” es el sexto largometraje producido por la Universidad del Cine, escuela dirigida por Manuel Antín convertida en una de las más renombradas del país, que apoya sus propias producciones para dar la oportunidad a egresados y estudiantes se viabilizar la realización de una película. Previamente, con su aval se consumaron títulos como “Moebius”, “Mercano, el marciano” o “Solo por hoy”.
- En la película hay un gran contrapunto entre el pasado y el presente de Buenos Aires, desde lo edilicio hasta lo social, ¿qué te interesaba remarcar de todo eso?
Hay de todo. En Buenos Aires hay mucho cambio a nivel edilicio. Es una ciudad que no tiene un casco histórico demasiado histórico, está al 20% de lo que es en otras ciudades que realmente conservaron la parte antigua. En la película hay contrastes entre la ciudad de antes y ahora, y también entre las culturas de antes y de ahora. Justamente, se hacen evidentes estas diferencias al estar juntos estos personajes de cada época. Hubo muchos cambios en cuanto a la tolerancia a la diversidad, en cuanto a la manera de ver el machismo, porque el machismo sigue estando pero antes se lo veía como algo bueno y ahora algo malo; es más, yo creo que el personaje del malevo no conoce la palabra machismo. Para él pegarle a la mujer es algo normal, y para el chico de ahora es algo delirante, no puede ponerse en la mente de alguien que pensaba así. Con eso no quiere decir que sea malo, simplemente estaba en otro contexto social.
- Y al chico de hoy en día se lo muestra como alguien que carece de cierta valentía, como no reaccionar ante una provocación o simplemente no decirle a una chica que la quiere…
Sí, eso también es otra de las diferencias entre ellos. Es un chico, no cobarde, porque cuando tiene que entrar a una casa en la que cree que hay un espíritu suelto, entra. Es un chico tímido y tuvo un golpe muy fuerte en su niñez, que lo hace estar más a la defensiva. No sale a poner la cara al choque directamente. En cambio el malevo es un tipo que siempre fue al choque y siempre ganó.
- A priori pareciera ser un mundo muy masculino el que se plante, pero la mujer tiene un lugar de importancia dentro del desarrollo de la trama. ¿Cómo pensaste el rol de la mujer?
Es una película de hombres pero sobre las mujeres. Los problemas que ellos tienen son con las mujeres. Tomás tiene más problemas para relacionarse con el mundo femenino, pero el otro tiene una manera de relacionarse que es totalmente equivocada. Y así le pasa lo que le pasa.
- En términos de producción, ¿qué tan complejo fue realizar la reconstrucción de época?
Siempre filmar algo de época en Buenos Aires es dificilísimo, casi imposible. De hecho, ni filmamos en Buenos Aires, los exteriores de época los filmamos en un pueblito del interior de la provincia, en Uribelarrea. Fue difícil hacer algo de época con un presupuesto bastante acotado. Hay una cosa bastante particular, que es cuando se muestra el arroyo Maldonado. Yo tengo una foto donde se ve una casa construida al lado del arroyo, entonces estaba buscando algo así. Y no encontraba por ningún lado eso. Así que lo tuvimos que hacer por posproducción. No tiene muchos efectos especiales la película, porque no los pide, pero ese está. Filmamos por un lado la casa, por otro el arroyo y por otro lado una maqueta del puente, lo unimos todos e hicimos una toma de Buenos Aires que no existe en ningún lado.
- La película está recorrida por un tono de comedia, pero tiene componentes de fantástico, suspense, drama… ¿en qué género la ubicarías?
En uno solo, no. Yo digo que es una película fantástica con toques de comedia. Algunos dicen que es una comedia fantástica. Los yanquis deben tener un nombre para eso, pero no nos lo dicen, algo como películas de mente en el cuerpo equivocado (risas). Toda la primera parte es de misterio, y después termina siendo más sentimental… pasa por momentos metafísicos. La verdad que es un cruce de géneros. Me parece que no es muy interesante en la Argentina hacer una película de género puro, seguir todas las reglas del juego. Yo creo que a la gente no le entusiasma demasiado ver algo que es igual a otra pero acá. Me parece que si tomás un género, al hacerlo acá, tenés que desarmarlo un poco y adaptarlo, y si cambiás los personajes tienen que tener nuestra mentalidad. Entonces solo empieza a desarmarse el género. Creo que en Argentina necesitamos cierta adaptación del género para que tenga algo más.
- ¿Sentís entonces que es bastante peculiar dentro del cine argentino?
Eso parece que le pasa a la gente que la ha visto. Yo supongo que sí pero la verdad es que me propuse hacer la película que quería. Yo tengo otro fondo, que tiene que ver con la historieta. Es verdad no se parece mucho al cine argentino, pero por ahí se parece más a ciertas cosas de la historieta argentina. El que agarraba géneros más anglosajones y los adaptaba acá era Oesterheld. Ese procedimiento se ve más común en la historieta. Tal vez no se parece al cine argentino pero yo no lo siento tan descolgado, digamos, en lo que yo hago, de mis cortos o historietas. Forma parte de lo mismo.
- ¿Cómo compararías el hacer cine con la historieta?
Es contar historias con imágenes. La historia, en un punto, tiene menos fuerza emocional. Es raro que alguien llore leyendo una historieta, se pueden humedecer los ojos pero hay películas con las cuales la gente llora y llora litros. Sobresaltarte o asustarte, también. Pero tenés otro placer que es plástico, los dibujos, y la historia también se cuenta. Después en la historieta todo es posible, podés romper un vidrio o poner un ejército. En cine estás limitado por lo que es realizable.
- ¿Te pasa mucho eso, el verte limitado para escribir por cuestiones de financiación?
Un poco, sí. Termino escribiendo películas que siempre son muy caras. Y están entre una cosa intermedia que para los que les gusta el cine arte son comerciales y los que producen películas comerciales les parece cine arte, y que no están hechas en base a un actor famoso. Estoy en un intermedio un poco raro. Por suerte a Manuel Antín le gustó, me entendió y me dio la luz verde.