"COYOTE", DEL NORTEAMERICANO BRIAN PETERSEN, BUSCA UN BALANCE ENTRE LA SÁTIRA CÓMICA RESPECTO AL DEBATE SOBRE LA INMIGRACIÓN EN USA Y UN THRILLER CLÁSICO DE BUENOS Y MALOS CON TRÁGICOS DEFECTOS Entrevista
Cuando dos amigos averiguan que sus compañeros mexicanos han sido deportados, deciden retornarlos ilegalmente a los Estados Unidos a través de la frontera. Sorprendidos por lo fácil que les fue la operación, ven en ello una oportunidad de negocio y abren una "amable y gentil" compañía de tráfico de humanos lo que se convierte en divertido y provechoso durante un tiempo en el que ellos se convierten en aliados para cruzar la línea de separación entre ambos países siendo capaces de superar a otros grupos profesionales en su propio juego, pero cuando los verdaderos "coyotes" les descubren no dudan en intentar poner fin a su acción.
- ¿Cómo se planteó hacer esta película?
"Brett Spackman, co-guionista y actor, y yo decidimos escribir y producir una película y empezamos a reflexionar. En el sur de California el tema de la inmigración está siempre en discusión. Brett es también de Tucson (Arizona) y tiene un condominio (propiedad) en México donde pasa las vacaciones. Entonces decidimos que era más sencillo para nosotros tratar el guión y las localizaciones en Arizona y México y hacer la película. Entonces Brett y yo creamos la historia.
En la película terminamos usando algunas grabaciones reales de los cruces humanos en la frontera. De hecho, algunos de los integrantes del elenco habían cruzado ilegalmente la frontera en su vida personal y nos ofrecieron algunas grandes ideas sobre cómo funcionaba".
- ¿De qué manera ven los norteamericanos el fenómeno de la inmigración procedente del sur de la frontera?
"Al hacer la investigación para este filme pudimos constatar los diferentes puntos de vista acerca del factor inmigratorio. Hablamos con gente que pensaba que la frontera debería de ser sellada y que todos los ilegales deberían de ser deportados. También hablamos con gente del otro lado del espectro que sentían que deberíamos dar la bienvenida a la inmigración con los brazos abiertos.
Algo en lo que todos estuvieron de acuerdo es que de la manera en que está ocurriendo ahora no es la forma más correcta a causa de los peligros que esos inmigrantes ilegales padecen mientras cruzan".
- ¿Cuanta gente participó en la película, entre actores y extras?
"Tuvimos un elenco muy pequeño. La mayoría de los días de rodaje debíamos de ser entre 10 o 12 personas en total. En nuestros días extras más amplios podríamos ser unos 25 aproximadamente. Por lo tanto eramos un grupo muy íntimo y reducido. Fueron seleccionados principalmente por mí, Brett o los productores. Habiendo crecido en Arizona, Brett tuvo la facilidad de que familiares y amigos le ayudaran con esta tarea en la película. Los actores de fondo que caminaron con nosotros a través del desierto fueron braceros que nosotros contratábamos en el mismo día, muchos de los cuales vinieron ilegalmente por la frontera. Fue maravilloso trabajar con ellos porque nos ayudaron a hacer las escenas más auténticas ya que ellos estaban haciendo en ese momento lo que nosotros estábamos filmando".
- ¿Sintió necesidad de darle la vuelta a los problemas que sufren los inmigrantes, en este caso haciendo caer el peso de la película en ciudadanos norteamericanos?
"Nunca pensamos hacerlo de esa forma. Sí que nos dimos cuenta de que eramos únicos en el sentido de que estábamos mirando el tema de la inmigración desde una diferente perspectiva de la que es normal. Lo que intentamos hacer fue una pequeña historia contra un gran telón.
La película trata mayoritariamente sobre la amistad entre J y Steve y los sacrificios que ellos eventualmente hacen el uno por el otro. También esta historia es contra los clichés de la inmigración para darles un alcance más grande. Mientras hacíamos el filme, nosotros siempre quisimos enfatizar la relación personal en lugar de intentar colocar una cierta agenda política sobre el tema inmigratorio".