FERNANDO MEIRELLES OFRECE EN "A CIEGAS" (BLINDNESS) UNA VISIÓN APOCALÍPTICAMENTE METAFÓRICA DE LOS HUMANOS PARA SUSCITAR LA REFLEXIÓN - Estreno en España el 13 de marzo de 2009
En 1995, el célebre escritor José Saramago publicó la novela Ensayo sobre la ceguera, una fábula apocalíptica sobre una epidemia de ceguera que ataca primero a un hombre, luego a una ciudad y, por último, a todo el planeta, con una furia y velocidad devastadoras. Aunque la historia trataba sobre una pérdida repentina de visión, el libro abrió los ojos a los lectores sobre una nueva y reveladora visión del mundo.
El libro fue aclamado por la crítica como un futuro clásico, una magnífica parábola sobre estos tiempos proclives a las catástrofes y nuestra ceguera metafórica ante las conexiones que tenemos los unos con los otros. Se convirtió en un bestseller internacional, que contribuyó, junto con una obra que invita a la reflexión, a que en 1998 Saramago ganase el Premio Nobel de Literatura.
La novela no tardó en ganarse millones de admiradores en todo el mundo y muchos directores se sintieron atraídos por su complejo mundo, que nunca antes se había visto en la pantalla. Al fin y al cabo, ¿cómo se hace una película que convenza visualmente en la que casi nadie puede ver? Hacía falta una visión grandilocuente y alguien que tuvo esa visión desde el principio fue Fernando Meirelles, que por entonces era un prometedor director brasileño apasionado por el cine grande, intenso y envolvente.
Desde el primer momento, Fernando Meirelles supo que para llevar a la pantalla a "A Ciegas" irónicamente necesitaría unas imágenes completamente originales que pudieran trasmitir la desorientación y el horror de los personajes para que el público se quedara fascinado con ese mundo. Para conseguirlo, incorporó a la producción a gran parte del equipo artístico de "Ciudad de Dios", entre ellos: el director de fotografía uruguayo César Charlone ("El Baño del Papa"), que usó su experiencia en los "talleres sobre ceguera" para ayudar a crear la simulación visual del "Mal blanco" en la película; el director de montaje Daniel Rezende, que trabajó codo con codo con Meirelles para estructurar los cambios de plano en la película y los sinuosos puntos de vista; y el diseñador de producción Tulé Peak, que convirtió una cárcel en un improvisado campo de internamiento que la crítica comparó con el Infierno de Dante, al tiempo que transformó una ciudad cosmopolita en una metrópolis devastada.
Fieles al deseo de Saramago de que la película, igual que la novela, estuviera ambientada en una ciudad no identificada que aporte una universalidad atemporal, "A Ciegas" fue rodada en tres países diferentes, sin que sean identificables. La mayoría de los exteriores del principio fueron rodados en São Paulo, la ciudad natal de Meirelles. La parte central de la película, ambientada en el psiquiátrico convertido en campo de cuarentena, se rodó en la antigua cárcel de Guelph (Canadá); y el clímax, que se desarrolla en el paisaje arrasado de una metrópolis dominada por el caos, fue rodado en Sao Paulo y Montevideo (ciudad sugerida por el director de fotografía, de origen uruguayo).
La película muestra una humanidad paralizada por una misteriosa epidemia de ceguera. Es una arriesgada exploración de la naturaleza humana, del egoísmo de la gente, del oportunismo y la indiferencia, pero también de su empatía, su capacidad de amar y su perseverancia.
Comienza con un flash. Un hombre se queda ciego repentinamente cuando conduce del trabajo a casa. De repente, todo su mundo se convierte en una neblina lechosa e inquietante. Una tras otra, cada persona que se cruza – su mujer, su médico, incluso el aparentemente buen samaritano que le lleva a su casa – correrá la misma suerte en un momento dado. A medida que se extiende el contagio y el pánico y la paranoia se apoderan de la ciudad, las víctimas de la ceguera repentina, de "La enfermedad blanca", son confinados y sometidos a cuarentena en un psiquiátrico abandonado en donde cualquier parecido con la vida normal empieza a desvanecerse.
Dentro del hospital en cuarentena hay un testigo secreto: una mujer (Julianne Moore) que finge estar ciega para poder estar junto a su marido (Mark Ruffalo). Armada de un creciente valor y con voluntad de sobrevivir, llevará a una improvisada familia de siete personas por un viaje a través del terror y el amor, la depravación y la belleza, la guerra y el asombro, para salir del hospital y volver a una ciudad devastada en la que pueden ser la única esperanza. Su viaje pone de manifiesto la peligrosa fragilidad de la sociedad y el estimulante espíritu de la humanidad. Danny Glover, Alice Braga y Gael García Bernal completan los papeles protagonistas.
Meirelles empezó con los ojos cerrados, literalmente. Pasó horas con los ojos tapados, pensando en cómo se oiría el mundo y qué se sentiría si te quedaras ciego de repente. En busca de inspiración, releyó el libro una y otra vez, seis o siete veces, dejándose empapar por las múltiples facetas del retrato que hace Saramago de una humanidad sitiada.
Entendió que la historia podía interpretarse de muchas maneras: como una metáfora de las reacciones personales y políticas ante los desastres naturales; como una alegoría de los peligros del futuro; como una reflexión sobre elegir no ver lo que sucede a tu alrededor; como un análisis de los instintos primarios; como una exploración de la conciencia humana, con sus flaquezas pero también con una fortaleza sorprendente... – y quería que todo esto estuviese en la película, pero no de una forma explícita. "Esta historia no tiene una verdad, y todas las distintas interpretaciones tienen sentido", afirma.
"Hay muchos dilemas morales y creo que la película, en este sentido, va más allá que el libro, en el que las cosas son más en blanco y negro. He añadido mucho gris. Es una historia que debe generar muchas preguntas pero no dar ninguna respuesta. Plantea cuestiones sobre la evolución del hombre, nos hace reflexionar de forma crítica, pero no apunta a ninguna dirección en concreto. Como en la historia, cada uno tendrá que descubrir por sí mismo su propio camino."
En cuanto al estilo visual de la película, Meirelles prescindió del gris. Quería dar énfasis al tipo de ceguera inesperada descrita por Saramago, no una oscuridad sin luz, sino una niebla impermeable y deslumbrante que impide ver claramente, pero no tapa. "Mi primer instinto fue hacer de esta historia oscura una película muy luminosa, con un brillo casi agobiante," comenta. De este modo, aunque los personajes pierden la vista, el civismo y las estructuras sociales se desmoronan, la película mantiene una luminosidad deslumbrante que sugiere una luz al otro lado de la oscuridad.
Meirelles es conocido por hacer películas visualmente llamativas llenas de energía sobre temas exigentes, pero con "A Ciegas" se enfrentó quizás al mayor reto de todos: ¿cómo ruedas una historia en la que ninguno de los personajes, salvo uno, tiene un plano subjetivo? Para solucionarlo, Mereilles se arriesgó a ir cambiando los planos subjetivos a lo largo de la película. Empieza con una posición de narrador omnisciente pero luego, dentro del hospital convertido en gulag, cambia al punto de vista subjetivo de la Mujer del Médico, porque es la única que ve.
Una vez que el público se ha acostumbrado a ese mundo, el plano subjetivo vuelve a cambiar, esta vez al Hombre del Parche Negro, que conecta a los que están en cuarentena con historias del mundo exterior y con sus propios mundos interiores. Por último, cuando la historia se traslada a la ciudad arrasada por la guerra, el punto de vista subjetivo de la película se convierte en una fusión de la narración del Hombre del Parche Negro y las imágenes que ven los ojos de la Mujer del Médico.
El resultado es una especie de multiplicidad construida con voces y perspectivas con resonancias del estilo de la prosa de Saramago y que deja entrever una forma distinta de ver. Para resaltar esta idea, Meirelles dividió la historia en lo que él ve como tres secciones estilísticas distintas.
"El primer acto es donde todo el mundo se queda ciego, todo se mueve muy deprisa y es casi una película de acción," señala. "Me pareció importante que el público experimentara la opresión de no saber qué está pasando al principio." Entonces, de nuevo, todo cambia. "Para el segundo acto, en el que el médico y su mujer llegan al psiquiátrico y experimentan la ceguera, utilizamos muchas imágenes abstractas para conseguir la sensación de estar realmente desorientado. Este acto también introduce al personaje del Hombre del Parche Negro como narrador y al Camarero que se declara a sí mismo Rey del Ala Tres.
La historia toma otra dirección con un grupo que pelea contra el otro en una especie de guerra de bandas. Luego, tras el incendio del psiquiátrico, se abre una nueva puerta, la gente se va y se convierte una vez más en una película nueva." Aunque su visión era compleja, una vez en el rodaje, Meirelles tuvo una mentalidad muy abierta, permitiendo la improvisación y los accidentes creativos. "Fernando tiene la facultad de hacer que todo el mundo se sienta cómodo. No hay fronteras. En el set se escuchaba portugués, inglés, francés, español y japonés, pero sólo hablábamos en un único lenguaje: el lenguaje con el que se hace una buena historia", resume el productor Sonoko Sakai.