DERHUMALC: EL BRASILEÑO VINCENT CARELLI INVESTIGÓ LA MASACRE DE INDÍGENAS EN CORUMBIARA EN UN DOCUMENTAL PREMIADO EN GRAMADO - Entrevista - 07/05/2010
En 1985, se denunció que en Rondônia, Brasil, hubo una masacre de indios para apoderarse de sus tierras. Diez años después, impacta lo que se conoció como la Masacre de Corumbiara: la policía arremetió violentamente contra un grupo de sin tierra que habían ocupado una hacienda, causando doce muertes. Estos son eslabones de una cadena de crímenes que se han cometido contra campesinos e indígenas que han sido despojados de sus tierras en esa área de rica vegetación y abundante agua.
El realizador Vincent Carelli, reconocido por ser el fundador de Videos nas aldeias, un programa de formación audiovisual para indígenas, se propone contar la historia para sacarla del ostracismo, iniciando su relato en 1986, cuando con un pequeño grupo hizo contacto con dos indígenas que casi no habían tenido trato con el hombre blanco para denunciar la masacre. En ese entonces, las imágenes ganaron titulares, pero rápidamente, los hacendados utilizaron su poder para decir que todo era una farsa. Se cerró el capítulo. Pero una década después, se regresó en búsqueda de los sobrevivientes para intentar movilizar a la justicia.
“Corumbiara” es el documental que recoge toda su investigación y acción, y el pasado año se llevó el premio mayor del Festival de Cinema de Gramado. Recientemente, se presentó en Buenos Aires dentro del Festival de Cine de Derechos Humanos, donde Carelli mantuvo un diálogo con Cinestel.
- ¿Qué tan claves resultaron las imágenes que capturaste para impactar en la historia real?
Todo el proceso de la filmación fue muy importante para el desarrollo de la historia en sí. Porque era una historia controvertida, en la cual nosotros asegurábamos que hubo una masacre y que había sobrevivientes. Pero todo el tiempo se negó la existencia de las personas. Filmar fue nuestro único instrumento de probar lo que afirmábamos. Filmar siempre fue el único recurso posible de contestar. De decir: no estamos mintiendo, los indios están ahí. Empecé filmando los vestigios en el 86, un año y medio después de la masacre; y después en el 95 encontrando a los sobrevivientes. Las imágenes del primer contacto fueron muy impactantes porque la Rede Globo retransmitió las imágenes; Reuters transmitió para el planeta.
Después del anuncio en la TV Globo los hacendados contestaron con sus diputados, abogados, diciendo que era mentira, que los indios fueron plantados. Nosotros pasamos por mentirosos. Pero el primer contacto no fue con el grupo de la masacre. Cuando contactamos al segundo grupo, ellos sí fueron los que sufrieron la masacre, la prensa ya no se interesó, decía que había controversia, que era mentira. La prensa se olvidó del caso. Pero los únicos que siguieron protegiendo y cerrando lugares para los indios, fue la justicia federal, el juez de Portobello. Todo nuestro diálogo fue con él. A él le mandaba todo lo que filmaba. La prensa no los mostró, pero el juez vio el material.
- ¿Hasta el día de hoy sigue siendo una masacre silenciosa por presiones políticas?
Sí, por presión de la política.
- ¿Y la sociedad que lugar juega en esto? ¿Cuál es su postura frente a los reclamos de los indígenas?
Es una nación dividida sobre este tema. La población de las grandes ciudades mira con simpatía a los indios, pero no los empresarios, los hombres de negocios, los políticos, los militares. Si hay una manifestación importante, eso sí es un mecanismo de presión, la prensa acompaña, es efectivo; pero los indios aislados no pueden recurrir a nada. Cuando ocurrió la masacre que denunciamos, yo entrevisté al jefe de la policía federal; y él me confesó que el autor del crimen, el dueño de la hacienda donde ocurrió el crimen, fue a hablar con él para mostrar que no pasó, y el jefe dice que lo convenció que no pasó nada. Como no hay cuerpos, para ellos no hay crimen; si no hay crimen, no hay investigación. Pero es una lógica satánica porque si mato a alguien y no encuentran el cuerpo, sigue siendo un crimen; es un desaparecido. Esta lógica es para los desprotegidos que no pueden reclamar, y así sucedió.
- Al hacer este tipo de documentales, ¿sufriste algún tipo de presión política por su contenido?
Tuve mucha presión, amenazas de muerte y fui encarcelado durante la investigación en la región. Hoy no. La película recibió muchos premios en el mayor festival de Brasil. El film impactó al público y el Ministerio Público de Rondônia empezó un movimiento para abrir la investigación. Ahí empezó un debate entre los que decían que el crimen ya había prescrito, y otros decían que el genocidio es un crimen que no prescribe. Pasaron más de 20 años, pero en el derecho internacional el crimen de genocidio no prescribió. Hubo ese movimiento pero no pasó nada. Nosotros sentimos que la ley del silencio parecía un especie de complot nacional: la policía, los hacendados…solo la justicia estaba con otra posición. Entonces fue muy difícil. Trabajamos mucho para hacer hablar a las personas. Las personas tenían miedo.
- A la distancia, ¿cómo recuerdas ese primer contacto con los indígenas?
Esos indios habían tenido alguna forma de contacto pero probablemente la experiencia no fue buena y se escondieron. Fue una experiencia inolvidable porque es un pico de adrenalina impresionante. Y la cámara era siempre interpretada como un arma. Pero fue muy difícil, muy decepcionante porque no podíamos hablar. Creo que la mujer chamán tuvo un coraje increíble al acercarse a nosotros, que teníamos armas. Después comentaron que tenían miedo de las armas. Fue un momento mágico pero también decepcionante. Fue un momento muy difícil porque teníamos dos periodistas con nosotros, teníamos una orden judicial para ingresar. Pero en la selva, ellos (los hacendados) pueden hacer lo que quieran; y si nos encontraban ahí, en ese momento, estábamos jodidos.
Cuando salió el anuncio por la TV, era necesario regresar rápidamente y conseguir una protección para asegurarnos. Porque al salir la noticia, el hacendado podía ir a matarlos. Era un momento muy delicado, y debíamos actuar rápidamente. Pero el encuentro fue una emoción fantástica. Igualmente, a lo largo de los años, la cosa fue cada más decepcionante porque estábamos llegando muy tarde, y los grupos son tan pequeños que están condenados a la muerte, ya no pueden reproducirse más.
- Cuando se acercan a ellos, ¿analizaron si estaban de algún modo invadiendo su espacio y cultura?
Sí, especialmente en el indio que estaba en el agujero. Porque seguramente es un tipo altamente traumatizado. Lo que concluimos después del no contacto con él, después que obtuvimos una imagen y pudimos probar que existía, entonces el juez cerró un área para él, es que él puede recusar el contacto y no tenemos que forzarlo, pero sí monitorear el espacio para que él pueda quedarse ahí hasta que muera. También, judicialmente, las intervenciones eran temporarias, hasta resolver algo.
- Hablando de tu obra en general, ¿cómo puedes financiar tus proyectos?
No hay ningún dinero. Lo que tengo es un proyecto: una escuela de cine para indios. Pero nunca me interesó hacer documentales de denuncia, esta fue porque la ocasión se presentó y seguimos la historia. Pero las historias que generalmente hago, por el contrario, son muy positivas, con discursos de resistencia cultural. Siempre me interesó eso.
Todas mis películas son películas que dan la voz a los indígenas y son muy positivas. Después empecé este programa de formación de cineastas indígenas, y hoy somos una escuela, productora y distribuidora. Entonces “Corumbiara” es una película completamente atípica dentro de mi producción. Lo que pasó es que las imágenes cumplieron una función de mover la historia, después mi mujer murió, y no conseguimos lo que queríamos, que era incriminar a estas personas. Entonces abandoné el documental. Seis años después una periodista holandesa, que escribió un libro sobre esto, me entrevistó, yo me emocioné y pensé: ‘no puedo irme sin contar esta historia’. Porque después el tiempo pasa y si bien sabemos que nunca vamos a encarcelar a estas personas, nuestra revancha es hacer pública la historia.
- Cuéntame un poco más sobre tu escuela, ¿cómo funciona? ¿por qué se interesan los indígenas?
El cine es muy importante para los indios porque están pasando por un proceso de transformación muy rápido y muy profundo. En el pasado había un ambiente muy opresivo contra los indígenas, y ahora hay un ambiente más positivo, hay una consolidación de derechos. Y la imagen es muy importante para ellos porque es un estimulo de valoración de sus tradiciones. Y el proceso es muy interesante porque los jóvenes que están mirando para afuera, que quieren integrarse, y tienen internet y nike, están fascinados con la cámara, pero en el proceso de producción tienen que reencontrarse con los viejos.
Al hacer el documental tienen que investigar, hablar con los ancianos, lo que hace que los ancianos se sientan valorados y los jóvenes descubran cosas que estaban ahí y no sabían. Entonces descubren un mundo de cosas, los jóvenes les dicen a los ancianos: ´pero yo no sabía esto, nunca me contaste’, y los ancianos dicen: ‘nunca preguntaste, nunca te interesaste’.
Hacer documentales es un proceso de autoconocimiento muy interesante y genera una dinámica interna muy interesante. Está la cuestión de la visibilidad nacional para los indígenas, que es una ínfima minoría de la población. El reconocimiento de su existencia y diversidad cultural, solamente es posible a través de la imagen, y ellos son conscientes de ello. La imagen tiene una dimensión política, de sobrevivencia, de reclamo de derechos. Entonces se convierte en un documento de identidad de esos pueblos.