EL DOCUMENTAL "IMAGEN FINAL", DE ANDRÉS HABEGGER, PROPORCIONA NUEVOS DETALLES SOBRE EL CAMERAMAN QUE FILMÓ SU PROPIA MUERTE DURANTE EL TANQUETAZO DE LOS MILITARES CONTRA EL GOBIERNO DE SALVADOR ALLENDE - Competencia oficial argentina en Mar del Plata
El 29 de junio de 1973 un camarógrafo argentino, Leonardo Henrichsen, toma registro para la televisión sueca de lo que fue el Tanquetazo, un sublevamiento militar contra el gobierno de Salvador Allende, que anticipó el golpe que llegaría el 11 de septiembre. Henrichsen filma a la gente que corre por las calles, huyendo de un grupo de militares. Henrichsen y su cámara son vistos por los militares, quienes amenazan con sus armas. La intimidación no hace efecto en Henrichsen, quien sigue captando ese momento histórico con el compromiso que le caracterizaba. Finalmente, el argentino cae ante un disparo certero que le cuesta la vida.
Las imágenes de ese momento en que Henrichsen capta su propia muerte, al estar tomando registro del grupo desde donde surge el disparo, dieron la vuelta al mundo. Aún con la trascendencia del hecho, el crimen permanece impune. La justicia chilena nunca determinó quien fue el autor del asesinato. Fue necesario que el periodista chileno Ernesto Carmona se decidiera a esclarecer el crimen, llegando a dar con el nombre del autor intelectual: Héctor Hernán Bustamente, el cabo que comandaba al grupo de conscriptos. Pero la justicia sigue sin llegar, ya que la ley rechaza caratular un asesinato como un crimen de lesa humanidad si se cometió antes del 11 de septiembre de 1973.
Andrés Habegger plasma en “Imagen final” la investigación emprendida por Carmona por dar con el asesino de Henrichsen, y el incesante reclamo de justicia, descubriendo a la persona detrás del camarógrafo y rescatando un trabajo que expone buena parte de la Historia reciente latinoamericana. El film se exhibe en el Festival de Mar del Plata dentro de la competencia argentina.
- Cinco años de trabajo demandó este documental, ¿ese tiempo tan prolongado fue por cuestiones relacionadas con la producción o por esperar el avance de la investigación del tema?
Esta película concentró muchas complejidades. Primero a nivel de investigación. Indudablemente había que investigar mucho, en Argentina, en Chile y en Suecia. Esta película es como un rompecabezas donde cada país aporta una parte importante. Lo que podía indagar en Argentina estaba limitado a la historia previa de Leonardo, la historia familiar, los amigos y compañeros de trabajo. Todo lo que está vinculado al asesinato, el cómo fue, indudablemente había que hacerlo en Chile, saber la repercusión, cuáles eran los personajes involucrados. Por otro lado, Jan (Sandquist, corresponsal y jefe de Leonardo al momento de su muerte) estaba jubilado y viviendo en Suecia, al igual que Gunilla, la sonidista que estaba con él cuando lo matan; todo el material de archivo estaba allá, así que era complejo porque había que trasladarse. Además, particularmente nosotros llegamos a una historia con muchos silencios en todo sentido, creo que eso la película lo trasmite de alguna forma.
Era una historia que siempre había estado dando vueltas pero quizá faltaron espacios para expresarlo, para vomitarlo, para elaborarlo. Había muchos silencios en el sentido de cuestiones que no se hablaban, como era algo tan doloroso era algo que quedaba en la historia de su círculo, y por otro lado también mucha cosa no hablada en torno a lo legal, judicial, a qué paso, hubo un asesinato y nunca se rebeló quién fue. Todo eso fue una suma de complejidades que implicó bastante tiempo. En muchos casos no fue fácil lograr que la gente se interesara y nos prestara colaboración.
Por otro lado, a nivel financiero era complejo. Para hacerlo de la forma en la que lo queríamos hacer necesitábamos que fuera una coproducción, eso llevó bastante tiempo. En Argentina no es muy común trabajar en documentales en coproducción. Entonces fue un trabajo lento y largo, que por suerte dio sus frutos".
- Hay muchos silencios en esta historia como vos decís, si bien existe la imagen del asesinato, que es tan divulgada, jamás se esclareció el crimen e incluso cuando comenzaste a realizar el documental se desconocía el nombre del autor intelectual, ¿a qué atribuís este silencio?
"Creo que hay razones personales, colectivas y más políticas. Porque fue tan público justamente en muchos casos la reacción fue la opuesta. A nivel social y político era un crimen muy evidente, y no solo evidente con lo que fue la dictadura de Pinochet. Esto sucede dos meses y medio antes del golpe del 11 de septiembre, Pinochet era el segundo de Prats, y hay algo que no está en la película pero que Carmona investiga mucho, que es la complicidad de Pinochet el día del Tanquetazo, como uno de los instigadores y organizadores. Él ese día no se deja ver en público, solo al final cuando el día termina. Para Carmona era importante demostrar la complicidad de Pinochet ese día porque era una forma de demostrar que se venía conspirando para el golpe. Y claramente esta imagen es una evidencia del nivel de impunidad de los militares, no sólo de matar a periodistas, sino luego de intentar destruir la evidencia.
A mí me interesaba mucho indagar sobre los conscriptos porque partía de la hipótesis que no eran militares de carrera, que estaban haciendo el servicio militar porque tenían que hacerlo; entonces me parecía que era un lugar donde podíamos acceder a buena información, al estar liberados de ciertas responsabilidades. Paradójicamente, no fue una fuente de información pero fue riquísimo porque ayuda a construir esa especie de pequeñas complicidades, muy chiquititas, que hacen que aunque no tengan responsabilidades, tengan temor. Ninguno quiere hablar, y el que habla, como se ve en la película, niega todo de una forma absolutamente absurda. Uno empieza a entender esa red de silencios, que no solo tiene que ver con los responsables jerárquicos más altos, sino con estas pequeñas complicidades".
- Al rodar en Chile, ¿tuviste algún tipo de intimidación para no avanzar con este proyecto?
"El inconveniente que tuvimos –que no llega a verse en la película- fue después de la funa que se hace a Carmona, la funa es el equivalente en Chile al escrache en Argentina. Los escraches en Chile se organizan de forma particular porque no los hacen públicos. A veces los carabineros se los impiden. La funa que se ve en la película la motoriza Carmona con una asociación funa, y para filmarla viaja Benjamín Avila, que es parte de la productora que produce la película, Habitación 1520.
Él registra la funa. Termina, la gente se va. Y Benjamín se queda filmando con el sonidista. Los hijos que estaban en la casa, llaman a la policía. Vienen los carabineros y los detienen insólitamente, porque Benjamín estaba solo con la cámara. Los meten presos por una causa absurda, y están una hora ahí hasta que interviene el Círculo de Periodistas y demás, y los liberan. Pero lo que sorprende –y marca algunos datos- es que los dos hijos van a la comisaría y entran como por su casa. Evidentemente se conocían. Después de ese día de la funa, Carmona recibió amenazas telefónicas durante dos semanas. Él también presentó una querella".
- ¿Y qué impacto tuvo en la sociedad ese escrache?
"Tuvo su trascendencia pública pero lo más impactante fue lo que sucedió en el barrio. Ese es un barrio de clase media baja, de casas bajas, muy de barrio de los suburbios de Santiago. Y para los vecinos fue algo muy llamativo, muchos no sabían lo que había hecho. Fue muy interesante esa reacción. Me imaginó que repercutió en el día a día".
- Sin conocer el resultado de la investigación y el material que podrían conseguir, ¿cómo te planteaste el film desde el aspecto narrativo?
"En el comienzo habían muchos datos que tenían que ver con la historia de Leonardo, quién era, qué había hecho… Con esta imagen, que es el clímax de su vida porque él empieza a filmar en los 60 y lo matan en el 73, entonces hay como un clímax en el sentido de que a medida que él va a avanzando se va complejizando la historia argentina y latinoamericana. Se van sucediendo hechos de mayor violencia política, intentos de golpe, y esta imagen es como el clímax de su vida, entonces primero había una cuestión muy ligada a su vida.
Siempre me había llamado la atención eso de que no se desveló el nombre. Cuando doy con Carmona, el personaje abre una puerta muy nueva porque lo actualiza, y porque era llegar a un caso re conocido del que sin embargo nadie había hablado, y que salvo la justicia militar nadie había indagado. ¿Cómo un caso tan conocido podía ser tan enigmático? Y a partir de ahí, había mucho por hacer. Entonces pensé que había algo que podía sostener el hilo de la película. Lo que iba sucediendo con Carmona, era lo que iba sucediendo. Como avanza la película es como avanzamos nosotros en la investigación. Es muy vertiginoso, y es lo que realmente va sucediendo. Tiene cierta elaboración desde lo visual, porque la idea también era cuidar mucho eso. Tenía un criterio de cómo lo quería filmar".
- En la película hablan su hermana, amigos, compañeros de trabajo… pero nunca se entrevista a su viuda e hijos, a quienes se ven sólo en imágenes de archivo cuando van a pedir justicia a los tribunales chilenos, ¿a qué se debió ello?
"Nosotros tuvimos contacto con la familia, trabajamos con mucho contacto. Pero finalmente ellos prefirieron preservar más su intimidad. Nosotros decidimos respetar eso, por lo que se muestran sólo sus apariciones públicas. Me parece que tiene que ver con que cada uno elabora su duelo de la forma que puede, y es entendible".