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REFLEXIÓN SOBRE POR QUÉ ES INDIFERENTE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL FRENTE AL GENOCIDIO  "Los 100 días que no conmovieron al mundo", de la argentina Vanessa Ragone     14/06/2009
"Los 100 días que no conmovieron al mundo", de Vanessa RagoneRuanda es un pequeño país de la región de los Grandes Lagos de África, que en 1994 fue sacudido por un genocidio que en casi 100 días aniquiló a cerca de un millón de personas. Ese cruento episodio perpetrado por hutus para aniquilar a tutsis y hutus moderados permaneció ajeno a los ojos del mundo, profundizando aquella denominación que usualmente se utiliza para referirse a África: el continente olvidado.

En años recientes, el cine internacional ha comenzado a mirar a la triste Historia reciente de Ruanda. "Hotel Rwanda", de Terry George; "Shooting Dogs", de Michael Caton-Jones, o "Flores de Ruanda", de David Muñoz, son algunos de los títulos que dan cuenta del genocidio vivido en el país africano, a los que ahora se añade el documental argentino "Los 100 días que no conmovieron al mundo", de Vanessa Ragone. Este filme sigue a la jueza argentina Inés Weinberg de Roca en su trabajo como parte del Tribunal Internacional que juzga ese genocidio, para a través de su figura descubrir la inexplicable, brutal y silenciosa matanza ocurrida en 1994.
Entrevista con Vanessa Ragone sobre "Los 100 días que no conmovieron al mundo""Los 100 días que no conmovieron al mundo" acaba de participar en el 11° Festival Internacional DerHumALC-Cine de Derechos Humanos de Buenos Aires, donde obtuvo una Mención Especial en los premios de la sección Memoria y dictadura.

- El genocidio de Ruanda es justamente como se sugiere desde su título, un tema que permaneció ajeno al mundo, ¿cómo llegas a interesarte por este tema y de qué manera te fuiste interiorizando en él?

Me interesé por la historia del genocidio de Ruanda al conocer por intermedio de la periodista Susana Reinoso a la jueza Inés Weinberg de Roca. Cuando la conocí, en agosto de 2007, me di cuenta de lo poco que sabía sobre estos cruentos sucesos, ocurridos entre abril y julio de 1994.
El hecho de que hubiera una jueza argentina en el Tribunal me motivó a investigar más, con la idea de dar a conocer una historia desconocida para muchos.
La jueza argentina Inés Weinberg de Roca, centraliza el documental "Los 100 días que no conmovieron al mundo"La primera y más importante fuente de información sobre la historia del genocidio de Ruanda fue la propia Inés. Luego comencé a investigar leyendo libros periodísticos sobre el tema (como "Ébano", de Riszard Kapuscinski), viendo algunos filmes y documentales que trataban el tema y posteriormente contactando a gente que tenía algún vínculo con los hechos: periodistas, exiliados ruandeses, el embajador argentino para la región de Ruanda en esos años, entre otros.

- ¿Cuándo decides convertirlo en una película?
En el mismo momento en que conocí a Inés pensé que su historia y su relación con Ruanda podían resultar en un interesante documental.
Consideraba que Inés podía ser un buen hilo conductor para llegar, a través de la mirada de una argentina, a una realidad que es para nosotros bastante remota y lejana. Nunca me planteé contar "la" historia del genocidio ruandés, sino aproximarme a ella desde una perspectiva propia, a partir de la historia personal y de las vivencias de Inés. Tres meses después de conocer a Inés, un equipo de 9 personas estaba viajando a Ruanda para realizar el documental, y eso habla del interés que despertó su historia en mí y en todo el equipo.

- ¿Cómo fue el contacto con la jueza Inés Weinberg de Roca?
La jueza Weinberg de Roca fue casi una productora más de la película, ya que ella consiguió los permisos del ICTR (Tribunal Penal Internacional para Ruanda) para que filmáramos las audiencias de sus juicios, nos puso en contacto con el aérea audiovisual del Tribunal para que nos facilitara material de archivo y lo que fue más difícil: consiguió que Ruanda nos autorizara a filmar en su territorio, acompañando al convoy de Naciones Unidas en su recorrido en busca de las pruebas de los casos que juzgaba. 

Ruanda no es un país muy accesible y fue la gestión de Inés la que nos abrió las puertas y predispuso muy bien a todos tanto en el Tribunal como en el gobierno ruandés. Ya en pleno rodaje, nosotros nos acercamos a los juzgados, a sus defensores y a los fiscales para pedir sus testimonios, y en general lo conseguimos.

- En el documental se muestran los juicios a los genocidas que debe juzgar Weinberg de Roca, ¿tuvieron acceso libre para poder registrarlos? ¿Qué tan predispuesta está la gente del lugar a hablar del genocidio?
En Ruanda hay muchas asociaciones públicas, ONGs y varios que trabajan para que el genocidio no se olvide y no vuelva a ocurrir.
Toda esa gente, así como los guías de los Memoriales del Genocidio tienen clara la necesidad de dar estos testimonios, de modo que con ellos hablamos sin problema. Es más difícil hacer contacto con la gente "común", especialmente con la gran población campesina, tanto por la barrera idiomática (en Ruanda se habla el kinyarwanda como lengua principal) como por cierta desconfianza de la gente a la aparición de un grupo de filmación blanco, de cuyas intenciones podían dudar. Básicamente los testimonios obtenidos fueron de gente comprometida moralmente con la memoria del genocidio.  

- ¿Cuánto tiempo se rodó en Ruanda y cómo fue el rodaje allí?
La película se rodó en Kenia, en Tanzania (donde funciona el ICTR por cuestiones de seguridad) y en Ruanda. A Ruanda llegamos dos equipos por separado, unos en una aerolínea comercial y otros en el vuelo oficial de la ONU, junto con Inés. El rodaje en Ruanda fue muy exigente y complejo. Siempre estuvimos acompañados por alguien del ICTR y por alguien del gobierno. Nos dividimos en dos equipos: un equipo recorrió los memoriales del genocidio y entrevistó a sobrevivientes, políticos, etc. Y el otro equipo acompañó a Inés y al convoy de la ONU (compuesto por  los jueces,  los defensores y los fiscales de los casos,  es decir toda la Corte recorriendo el campo ruandés).
Los miembros de ese equipo fuimos instruidos por los agentes de seguridad del Tribunal para casos de emergencias o ataques. Este convoy salió de Kigali (la capital de Ruanda), que es una zona muy vigilada, casi militarizada pero muy segura, y recorrió muchos kilómetros por el interior del país hasta las fronteras con Burundi y la República de Congo, donde aun hoy se vive en un clima de guerra. Por eso las cuestiones de seguridad eran muy importantes.
Estuvimos 15 días entre Tanzania y Ruanda. Luego viajamos a París donde entrevistamos a Jean Luc Habyarimana, hijo del presidente hutu asesinado en 1994, que vive exiliado en Francia y cuyo tío acaba de ser condenado a 20 años de prisión por genocidio.

- ¿Cuáles son las secuelas en el Ruanda de hoy de aquel Genocidio?
Ruanda es hoy un país muy silencioso, donde se siente aun muy presente la violencia de lo que pasó. Es algo contenido y difícil de expresar. La gente se mantiene apartada unos de otros, se siente una gran desconfianza entre vecinos. Es claro que se trabaja para la reconciliación, pero aun no ha sucedido plenamente y la tensión es palpable.

- Actualmente estás involucrada con las nuevas películas de Juan José Campanella y Marcelo Piñeyro, de las cuales sos productora ejecutiva. Ambos son directores con probado suceso en taquilla, que son representativos de un cine argentino industrial. ¿Qué tan complejo es sacar adelante películas con gran elenco y producción como las de ellos?
Las dos últimas películas que produje, "El secreto de sus ojos", dirigida por Juan Campanella y "Las viudas de los jueves", dirigida por Marcelo Piñeyro, se enmarcan en el interés que tengo personalmente - y que tiene mi empresa productora - en producir un cine de calidad, con fuerte presencia del director y a la vez con una importante conexión con el público. Creo firmemente en ese modelo de cine nacional, creo necesario hacer películas que convoquen nuevamente al público masivo y que sean películas cuidadas, que cuenten buenas historias con excelentes actores, con bella luz, con buena música, que atrapen al espectador. 

Considero que el cine es una industria (cultural pero industria al fin) y por eso creo que es necesario hacer películas que busquen una gran convocatoria de público. Por supuesto que no son las únicas películas que hay que hacer, pero creo que son películas necesarias. Producir películas de esta envergadura, en el contexto nacional e internacional que vivimos no es una tarea fácil.
En Argentina tenemos una importante ayuda por medio de los subsidios cinematográficos del INCAA pero estas películas implican un riesgo financiero enorme ya que la empresa productora debe invertir grandes sumas de dinero cuyo recupero es muy lento. A eso hay que sumar que no existe el crédito privado para el cine, por lo cual uno invierte recursos propios y trabajo, con un riesgo muy alto. Y por otro lado, estas películas son muy difíciles de producir si no hay un coproductor internacional involucrado, por lo cual su realización depende de encontrar el socio internacional que esté interesado en invertir y que vea potencial artístico y comercial en el proyecto.
Son un gran desafío para un productor porque es necesario poner en juego mucha creatividad para armar la estructura económica y financiera que permita no sólo rodar y terminar la película, sino estrenarla bien, con muchas copias y mucha inversión publicitaria, para que tenga chance de competir con los enormes tanques hollywoodenses que acaparan nuestras salas desde hace años.

©Cynthia García Calvo/Cinestel.com           Buenos Aires - Argentina          14/06/2009
 ------------------      Ver el trailer del documental en You Tube