17 Som Cinema: “El Vol de la Cigonya”, de Berta Vicente Salas

17 Som Cinema (2026) – Lleida
La sección oficial de largometrajes documentales del Festival Som Cinema de Lleida programó esta joya de documental que es, al mismo tiempo, un retrato sobre migración y memoria, y una reflexión sobre el amor, la distancia y cómo las tradiciones siguen moldeándonos.
Dirigida por la catalana Berta Vicente Salas, “El Vol de la Cigonya” es una película en la que Soumaya decide, a sus 29 años de edad, viajar desde Barcelona a Argelia para visitar a su abuela. Allí comparte momentos con sus primos, escucha a su abuela y revisita los archivos familiares.
La película entrelaza humor, conversaciones íntimas y grabaciones caseras para revelar los vínculos frágiles pero resistentes entre tres generaciones de mujeres.
El documental nació como un proyecto fotográfico y literario de Berta sobre su amiga Soumaya y sus orígenes familiares, pero evolucionó hacia una película íntima tras realizar videocartas orientadas por un profesor en Cuba. Durante el rodaje, que incluyó un viaje a Argelia, la presencia de la cámara fomentó la comunicación entre la protagonista y su madre, permitiendo a la directora explorar la ruptura generacional, las tradiciones y un emotivo homenaje a la maternidad con el trasfondo de la migración.
El complejo proceso de montaje del film requirió la colaboración de varios profesionales en distintas etapas para aportar perspectivas externas a esta historia profundamente personal. Asimismo, la realizadora destaca en esta entrevista su interés en seguir contando historias humanas a través de procesos largos e íntimos, sin descartar incursionar en la ficción en el futuro:
“Soumaya y yo somos amigas desde que somos pequeñas y un día ella decidió que quería hacer un proyecto sobre el bereber que habla su abuela materna y que no ha enseñado a ninguno de sus nueve hijos. Ella es traductora e intérprete. Entonces, ella quería que fuese un libro con sus textos y con mis fotografías. Y dio la casualidad de que yo estaba estudiando en la Escuela de Cine de Cuba, en San Antonio de los Baños, y le dije: «¿Por qué no hacemos un documental?»”.
“Empezamos a hacer unas asesorías con un profesor de la escuela, unas asesorías en línea porque ella también estaba en Barcelona. Durante estas sesiones nos enviábamos videocartas, que eran parte de los ejercicios que nos pedía el asesor. En estas videocartas Soumaya no hablaba nada del idioma bereber, pero sí hablaba mucho de la relación con su madre, de la relación con su abuela, de nuestra amistad y de lo que había supuesto para ella conocer a mi familia. Pero en ningún momento se mencionaba el bereber”.

Berta Vicente Salas, directora de la película documental “El Vol de la Cigonya”
“Entonces dijimos: «Bueno, tal vez la historia del bereber es algo que puede venir más adelante, pero parece que esto ha sido la excusa que has buscado consciente o inconscientemente para acercarte a lo que realmente quieres explorar, que es esta relación con tus orígenes y con los de tu madre, entender e intentar que tu madre te entienda a ti». Y empezamos a filmar”.
“Como soy fotógrafa, siempre le he hecho muchas fotos a ella y siempre ha habido una cámara entre nosotras. Pero cuando decidimos comenzar este proyecto, empezamos a filmar nuestra cotidianidad y nos propusimos hacer un viaje a Argelia. Fuimos en dos ocasiones, aunque la película se entiende como un único viaje, y durante todo este proceso Soumaya fue viviendo este acercamiento y esta exploración que necesitaba hacer. Así surgió”.
– Yo veo la película como una confrontación entre las tradiciones y la vida actual. Creo que es más o menos la idea que tengo de la película completa. ¿Esa era tu intención?
¡Claro! No sé si entre las tradiciones y la vida actual, porque la madre de Soumaya ha vivido la religión de diferentes maneras según su momento vital. Sí que es la confrontación entre lo que la madre de mi amiga espera de Soumaya y lo que Soumaya realmente quiere. Si hay alguna confrontación, creo que es ésta; obviamente hay una ruptura de esta herencia familiar con la que Soumaya decide romper. Son tradiciones que supuestamente le tendrían que gustar, pero que ella simplemente no puede seguir porque no cree en ellas.
Puede que sí esté esa confrontación en la película, pero también creo que es una exploración del intento de encontrar un lugar compartido. Aunque existe una confrontación, creo que también hay un intento de encontrar ese espacio compartido donde ella no tenga que dejar de ser quien es y su madre la pueda aceptar tal cual; es la búsqueda de un lugar común.
– En muchas áreas mayoritariamente islámicas, una mujer musulmana no podía estar en pareja con un hombre que no fuese musulmán. En la película se menciona que parece que es la abuela la que quiere que se case con un chico bereber. ¿Esta tradición se mantiene o a día de hoy ya ha cambiado?
El padre de Soumaya no era musulmán, pero es algo que tampoco hemos querido explorar en la película porque no va de eso. Soumaya no ha crecido con su padre, por lo que queríamos centrarnos en esta búsqueda que hace ella relacionada con el linaje familiar de la rama de su madre, que es con las vidas que se han conocido.
El comentario que le hace su abuela sobre un chico bereber que quiere casarse con ella es sobre un muchacho que la había visto en la carnicería, si no recuerdo mal, pero ella se lo toma muy a broma. De hecho, Soumaya no es musulmana. Su madre dice en varias ocasiones que quiere que se case con un hombre musulmán, pero no es así. Creo que todo depende de cómo cada familia viva la religión; hay familias quizás más abiertas. En el caso de Soumaya sí es cierto que es una familia más tradicional que ve el Islam de una manera más tradicional. Pero igual que en cualquier otra religión, todo depende de cómo la vivas, la lleves y la sientas tú.
– “El Vol de la Cigonya” es también una reflexión desde el presente porque, por ejemplo, ves a los jóvenes usando el móvil y bebiendo bebidas azucaradas. Tal vez sea la situación costumbrista actual confrontada con otras tradiciones anteriores.
¡Claro, totalmente! La globalización ha llegado a todo el mundo.
– Y yo también veo la película como un homenaje a las madres, a mi modesto parecer. No sé si lo pensaste así o si eso surgió después.
A Soumaya le pasó durante el proceso de hacer la película que empezó a entender a su madre desde otro lugar, desde un lugar más maduro. Ella siempre dice que el hecho de que hubiera una cámara obligaba a que se dejasen terminar de hablar la una a la otra sin interrumpirse. Eso hizo que entendiera a su madre como una mujer que ha emigrado, que ha dejado atrás muchas cosas y que ha tenido que sacar adelante a una hija en un lugar donde no hablaba el idioma, en una sociedad racista que la discriminaba y la sigue discriminando.
Soumaya ha visto su propia historia desde diferentes lugares: los ojos de su madre y los de su abuela. Sí que hay este acercamiento u homenaje a su propia madre, a su abuela y a conocer a su madre también como hija, no solo como madre; la relación maternofilial es un homenaje a las relaciones entre madres e hijas.
– De lo que has visto en Argelia, ¿piensas que la sociedad argelina es mucho más abierta de lo que se puede percibir desde aquí, o no?
Es difícil que yo opine sobre la sociedad argelina en general porque sólo he estado algunos días en la capital y sobre todo en la casa de la abuela de Soumaya, en un pueblo muy pequeño llamado Relizane, a unas cinco horas de allí.
Creo que es muy difícil dar una reflexión sobre esto, aunque sí pienso que es una sociedad mucho más diversa de lo que pensamos y de lo que mostramos. En nuestro caso, como película documental, queríamos que quedara claro que hablamos del caso concreto y particular de Soumaya, sin universalizar a la sociedad de Argelia. Hay muchas familias muy abiertas y mucha diversidad, como pasa en cualquier otro país o región.
– También me ha llamado la atención que en el montaje han participado muchas personas, y una de ellas Meritxell Colell. ¿Por qué no elegiste sólo a una o dos personas para hacerlo?
Cuando estaba estudiando en Cuba, Meritxell fue profesora mía y le hablé del proyecto. Le interesó mucho y nos dijo que necesitaría a otra persona para el montaje, que fue Ángel, su pareja. Montábamos una semana con Meritxell y otra con Ángel, pero ellos estaban muy en contacto y coordinados. Después dividimos el montaje en varias etapas para tomar distancia, ya que teníamos muchas preguntas y era una historia muy personal e íntima.
Estuvimos seis meses sin montar, tiempo en el que rodamos el final y nos dimos cuenta de qué nos faltaba y cuáles no eran realmente tomas tan necesarias. Volvimos a montar con ellos y pasamos por laboratorios, donde decidimos hacer algunos cambios como modificar el inicio e incluir más material de archivo.
Queríamos una mirada externa para el montaje y como Meritxell y Ángel no podían por calendario, se incorporó Luis Alejandro Yero, coordinador de la cátedra de documental en la escuela de San Antonio de los Baños, con quien hicimos la última semana de montaje en Madrid para cerrar la película.
– Y por último, como directora, ¿te gusta el mundo del documental o preferirías probar también un poco la ficción?
Más que el documental o la ficción, a mí me gustan las historias y trabajar con personas para entender, conocer y filmar diferentes miradas sobre el mundo y maneras de habitarlo.
Como fotógrafa, el cine documental ha sido otra manera de acercarme a estas historias con una sensación similar. El cine implica trabajar en equipo, algo que echaba de menos en la fotografía, y me gusta trabajar en procesos largos para alcanzar ese nivel de intimidad. Me gustaría explorar la ficción manteniendo siempre esta curiosidad por el mundo, el acercamiento a las personas y esa búsqueda de intimidad.![]()
©José Luis García/Cinestel.com





























Filmo porque el cine, antes que nada, nos seduce al revelarnos lo más secreto de nosotros mismos; porque es el espacio donde podemos palpar nuestras inquietudes con mayor autenticidad, porque es el tiempo en el que esperamos que un milagro se produzca.