Oscar Frenkel nos habla sobre el Centro de Experimentación Audiovisual de Avellaneda (CEA)

La preservación fílmica de obras de interés intrínseco, el fomento de la producción audiovisual, la formación de nuevos públicos para que sea cada persona quien sepa reconocer sus propios gustos cinematográficos, y la exhibición de obras relevantes del pasado, son los cuatro pilares sobre los que se sustenta el CEA, Centro de Experimentación Audiovisual situado en la localidad argentina de Avellaneda.
El director del centro es el realizador, productor y guionista Oscar Frenkel, quien en esta entrevista nos describe su funcionamiento y nos habla sobre la custodia de archivos tan invaluables como los de Leonardo Favio y Mercedes Sosa, o los de Fernando “Pino” Solanas y David “Coco” Blaustein.
Recién inaugurado por el intendente de la localidad, el CEA quiere convertirse en una institución de referencia.
El proyecto se presenta como un acto de militancia cultural frente a las políticas del gobierno actual de la nación, defendiendo el papel del Estado en la protección de la identidad nacional. Además de rescatar cintas en riesgo de desaparición, los responsables del CEA también quieren colaborar con producciones modernas para mantener vivo el legado cinematográfico. El espacio integra diversas áreas, desde el uso de proyectores clásicos hasta la exploración de nuevas narrativas digitales, consolidándose como un ecosistema cultural integral y además gratuito, pues ni siquiera acudir a su sala de cine de casi cien butacas a ver películas tiene ahora coste económico alguno para sus asistentes.
– El CEA se concibe como un lugar no solo de preservación, sino también de contacto permanente con el público a través de la exhibición. Supongo que esa era la idea inicial de ustedes, ¿no es así?
Exacto. Tenemos la norma de guardar materiales que podamos exhibir. La particularidad extraordinaria de este lugar es que, además de los nuevos depósitos del archivo, custodiamos los fondos de Leonardo Favio, Mercedes Sosa, Pino Solanas y Coco Blaustein.
Estos materiales no fueron donados, sino cedidos por las familias con la exigencia de que sean exhibidos. Siendo un municipio, no sería justo que esto fuera solo un depósito; creemos que los vecinos, vecinas e investigadores deben acceder a ese material.
Además, lo sentimos como una responsabilidad doble, porque también está lo que sucede en la Argentina con el Estado Nacional frente a estas nuevas medidas, esta guerra contra la cultura y este desconocimiento de nuestra identidad cultural. Creo que tenemos una tarea más fuerte y con más responsabilidad: no solo guardar las cosas para que no se pierdan, sino también exhibirlas. Y sobre todo cuando se trata de materiales de personas tan públicas, tan populares, pero también tan políticas.
Pensá que no es lo mismo Mercedes Sosa que Charly García. Ambos son muy conocidos, quizá Mercedes Sosa es más conocida en el mundo. Pero Mercedes Sosa siempre tuvo una postura política, igual que Favio, igual que Pino Solanas, igual que Coco Blaustein. No son solo artistas; son artistas que incidieron muchísimo en la política y en la cultura nacional.
– Es llamativo, porque la filmografía de Favio y Solanas es impresionante. En el caso de Mercedes Sosa, participó en películas como Güemes: la tierra en armas y El santo de la espada, además de ser motivo de documentales. Y del Coco Blaustein recuerdo la intensidad de películas suyas como “Cazadores de utopías”. ¿Todas las piezas audiovisuales se podrán ver en pantalla grande?
Nosotros no tuvimos responsabilidad sobre ninguna de esas obras, pero las guardamos y colaboramos en nuevos proyectos. Ahora se está haciendo una película, y si nos autorizan, porque acá todo tiene dueño y nosotros no somos los dueños, colaboramos con eso. En este caso, la dueña del material es Araceli y Agustín, que son sus nietos. Colaborar significa también prestar todo lo que ya se hizo, la información que tenemos y nuestros espacios de investigación.
Contamos con una sala de cine equipada con un proyector de 35 mm. Nuestra misión principal es transmitir este legado y que este modelo se replique en otros municipios y provincias para adquirir una escala nacional.

Oscar Frenkel, director del Centro de Experimentación Audiovisual de Avellaneda (CEA)
– Sobre la obra de David “Coco” Blaustein y Pino Solanas, a veces estas películas necesitan una contextualización para ciertas audiencias, tal vez con debates posteriores. ¿Lo tienen programado así?
Sí, de hecho, nuestra primera misión es construir público, sobre todo frente a los ataques que enfrenta el cine nacional. La lucha también es contra ese imaginario que existe en el público argentino de rechazar ver películas nuestras.
Estamos proyectando películas, nuevas y no tan nuevas, acompañadas por sus productores, actores o editores para generar charlas que el público agradece mucho.
En Avellaneda hay una característica muy especial que la diferencia de otros municipios: hay ocho institutos de arte, municipales y gratuitos, y los ocho son de jerarquía. Está el Instituto de Arte Cinematográfico, donde estudiaron Campanella y Lucrecia Martel; el Instituto de Arte Dramático, donde hay actores y actrices; el Instituto Municipal de Música, el de Cerámica, y así sucesivamente. Son ocho institutos, con más de 50 años de historia.
Entonces, esto de que el CEA exista acá no es casualidad. Hay una historia del arte y de la cultura vinculada a los vecinos y las vecinas. El otro día me sorprendió muchísimo algo: pasamos 8 y medio, de Fellini, un domingo, y vinieron más de 50 personas. Vinieron porque era Fellini. Aquí hay una cuestión cultural muy importante que se desarrolla en Avellaneda.
Nosotros también vamos a dedicar un mes a Ciruelo, el artista e ilustrador de dragones, con talleres. Y hacia fines de octubre queremos hacer una muestra de cine político, donde vamos a pasar todas estas películas. Incluso de Favio, que rodó Sinfonía de un sentimiento, que es una obra magistral, un documental sobre el peronismo. Además, nosotros guardamos el bruto de los materiales, tanto de Pino Solanas como de Coco Blaustein.
Y todo eso lo hacemos, como ya hicimos en otros años, acompañado por algún historiador o algún político que, como decías vos, narre y cuente el contexto de la película. Vemos algo muy importante: nosotros somos un municipio y la política nos atraviesa. No somos una sala de cine privada que esté encarando este proyecto.
Así que también tenemos una obligación de ser políticos, porque este proyecto está vinculado directamente a la gestión del intendente Ferraresi. Es necesario nombrarlo también, porque detrás de las políticas hay personas que las hacen. Y cuando se habla muchas veces del Estado presente, acá tenemos una demostración de lo que es y significa ese concepto.
Yo le digo eso a la gente, a los espectadores que vienen, porque además en este momento es gratuito, es para todo el mundo, y se hacen traslados para las escuelas, para las infancias y para el programa Envión. O sea, está vinculado absolutamente al vecino y a la vecina.
– La preservación del material fílmico es vital, considerando que en Argentina se destruyó mucho material del cine clásico. Actualmente hay noticias preocupantes sobre el Museo del Cine y la Cinemateca Nacional. ¿Puede la Municipalidad de Avellaneda asegurar la preservación de lo que posee el CEA?
Es una responsabilidad que asumimos con mucha alegría y cuidado. No somos sólo un depósito, sino un espacio para promulgar y exhibir.
Respecto a la Cinemateca nacional, entiendo que no se está aplicando la ley correspondiente. No obstante, quiero destacar el trabajo de Mariana Abramo, quien realiza una tarea enorme, prácticamente sola y sin apoyo oficial. Es verdad que el presidente del INCAA es un hombre que detesta el cine, porque él mismo lo dijo; expresó que ve cine en TikTok y que no quiere ver películas argentinas.
Entonces pusieron a una persona que además es contador, contador en términos de números, no de historias. No le interesa para nada el cine; entiende el déficit, pero no entiende el interés de hacer películas.
También trabajamos en conjunto con la Cinemateca Argentina de Marcela Cassinelli, una fundación privada que nos ayuda mucho en la proyección de materiales. El ataque actual a la cultura parece parte de un plan de colonización económica y cultural, pero nosotros seguimos militando para que esto cambie.
– Es penoso que figuras como Fernando Martín Peña no hayan sido más tenidas en cuenta en la preservación fílmica nacional. Hay personas muy preocupadas por la conservación de lo fílmico y una de ellas es él.
Sí, lo mismo con Fernando. Yo soy nuevo en esto; soy director y productor. Hace pocos años que me estoy interiorizando en el mundo de la archivística, la conservación y la guarda. Lo conocí a Fernando hace poco a través de Lita Stantic.
Él hace un esfuerzo enorme, sobre todo siendo privado. Está haciendo cosas que no debería hacer él, sino una nación. Y lo mismo pasa con este municipio: Avellaneda está haciendo la tarea que debería hacer un país, porque estamos guardando materiales de personalidades de relevancia nacional.
Entonces, yo creo que no alcanza lo que hace Fernando. Sí, es muy valioso, pero estas tareas las tienen que hacer los gobiernos: el gobierno de la Ciudad, el gobierno provincial, el gobierno nacional.
– ¿El CEA acepta que coleccionistas privados, como Julio Raffo y otros, aporten sus colecciones para ser exhibidas?
Sí, la demanda es tan grande que nosotros no es que estemos buscando activamente. El problema que ya tenemos es el del espacio. Tenemos un espacio limitado, que es grande, pero la demanda es mucho mayor.
Entonces no salimos a buscar, pero hoy mismo vino un personaje conocido del mundo de la archivística, que también es un privado, llamado Roberto Di Chiara. No sé si lo conocés. Él tiene un archivo enorme guardado en su casa, en distintos estados, no muy buenos, pero tenía, no sé, once latas de nitrato del año 1900, con el peligro que eso implica.
Acá lo que pasa es que todo lo que estamos guardando tenía el riesgo de terminar entre los desperdicios. Es decir, las cosas que recuperamos las rescatamos verdaderamente de la calle, porque los familiares no tienen posibilidad ni económica ni espacial de conservarlas.
En definitiva, lo que termina pasando es que muchas veces acaban en volquetes, como basura. Después la gente las reduce, las compra, las vende, pero esa es otra realidad, distinta a lo que sucede acá.
Además, históricamente esto pasó también en los canales de televisión y en Cinecolor, que era el lugar donde se guardaban las cosas. Allí también tenían un montón de materiales, se dedicaban a guardar cine porque era donde se trabajaban todos los materiales. Pero después llega un momento en que tiran todo, y hubo incendios.
Así que es verdad que la política argentina sobre esta materia fue muy mala, nefasta, de pérdida y de irresponsabilidad con los materiales. Nosotros tenemos un límite y estamos pidiendo más espacios. También estamos pidiendo que la provincia de Buenos Aires, con el gobernador Kicillof, forme parte. Y no es que queramos que se hagan cargo, porque nosotros sí queremos hacernos cargo.
Queremos replicar esta idea de lo que es el CEA, que pueda hacerse en distintos municipios para conservar todo lo interesante al máximo posible. Sabemos también que no se puede cuidar todo lo que realmente existe. Eso fue lo primero que aprendí: estudié patrimonio audiovisual e hice una diplomatura, y lo primero que se decía es que es imposible guardarlo todo.
Esa es la premisa. Hay que entenderlo y saberlo. Lo que sí también tenemos que saber es qué es lo importante para custodiar y proteger. Por lo menos cada uno tiene que tener una mirada sobre qué se guarda, sobre todo pensando en el futuro.
– La sala de cine instalada en el CEA, que lleva el nombre de Fernando Pino Solanas, es de primera calidad, tanto en sonido como en tecnología.
Sí, es una sala que no le envidia a ninguna otra; diría incluso que es mejor que todas las salas que al menos hay en Argentina. Es nueva: las butacas, el sonido envolvente, la pantalla, todo fue hecho por ingenieros. Intervinieron un ingeniero de sonido y un ingeniero técnico en proyecciones.
Se trasladó un proyector de última generación, de los que se usaban en los shoppings creo que desde el año 2006, pero sigue siendo de última generación. Además, tenemos un proyector digital. El sonido es impresionante.
Y también está nuestra búsqueda en la programación de las películas. No queremos proyectar solo por el hecho de que sean en fílmico, sino pasar la mejor versión posible en fílmico o la mejor versión posible en digital, para que el público pueda disfrutar realmente de ver una película.
Nos importa muchísimo el público. Quizás ése sea uno de los aspectos más fuertes de nuestra tarea, porque las películas terminan siendo tales cuando alguien las ve. Si nadie las ve, no son una película: son un rollo en un sector de una casa o tirado en la basura; es lo mismo.
Entonces, cuando proyectamos, también nos fijamos en que el esfuerzo sea llenarla de gente. No queremos proyectar para 20 personas. En ese sentido, como es el peronismo, queremos ser populares.
– El Archivo Audiovisual Municipal de Avellaneda funciona como una cinemateca que exhibe también mucho cine clásico, ¿verdad?
Totalmente. La Cinemateca nos ayuda mucho en eso. Pasamos desde cine clásico hasta películas internacionales contemporáneas, como Essential Killing de Jerzy Skolimowski, que llenó la sala. Nuestra propuesta es amplia e incluye cine argentino nuevo, siempre acompañado por invitados.
– ¿Se intentará que el proyecto llegue a las escuelas y a la formación audiovisual?
Sí, claro. Nuestra idea es llegar a toda la comunidad: a los adultos mayores, a las adolescencias y a las juventudes. Acá hay un programa muy importante que se llama Envión, un programa súper importante que tiene muchos años y trabaja con chicos y chicas que están en zonas marginales.
En Avellaneda, por suerte o por un trabajo político, no hay villas de gran tamaño; está todo urbanizado. Aun así, sigue habiendo un problema económico muy importante, sigue habiendo gente por debajo de la línea de pobreza, y muchas veces esas juventudes ni siquiera salen de su barrio, ni siquiera conocen el centro de la ciudad de Avellaneda. Mucho menos ir a un cine.
Entonces, nuestra propuesta también va por ahí: no solo desde lo formativo, que también, sino desde traer a gente que, en muchos casos, ve por primera vez una película. Ni siquiera en 35 milímetros, te digo, sino en cualquier formato. Hay personas que no han ido nunca al cine.
Nuestra experiencia y nuestra responsabilidad pasan también por hacer llegar eso a todos. Porque tiene que ver con un aspecto de la política que es el ocio: el ocio creativo y la posibilidad de vivir una vida más allá del trabajo. No sólo trabajo y dinero, que también es un problema en este país. Tenemos serios problemas con el trabajo, con la economía, pero además serios problemas con la cultura.
O sea, no se puede ni ir al cine, ni ver una película, ni escuchar una canción. Ahí también trabaja nuestra área: en brindar eso de primera calidad, para que vengas acá y la experiencia sea mejor que ir a un shopping a ver una película.
El CEA tiene tres patas: por un lado, la guarda y el depósito de materiales; por otro, la exhibición. Lo interesante es que nuestro ecosistema permite que la película en 35 milímetros se guarde, se limpie y se vea en el mismo cine; ni siquiera tiene que salir de nuestro espacio.
Y la otra pata es la comisión de filmaciones. Ahí es donde nos dedicamos a brindar servicio para la recepción de películas o series en Argentina. Vienen muchas personas que trabajan para Netflix, Amazon Prime y para películas nacionales, y les brindamos apoyo, con el compromiso de que después la película también pueda verse en nuestro espacio.
Así que nos metemos en todas las áreas, en todos los pormenores de lo audiovisual, y también en la formación. Además, tenemos una sala de multimedia donde hay una pantalla, y ahí se va a trabajar sobre los nuevos formatos, las nuevas narrativas, la inteligencia artificial y todos esos aspectos que también tienen un lugar.
Así que no sólo nos dedicamos a la nostalgia ni el trabajo sobre lo viejo y lo guardado, sino también sobre las nuevas narrativas.![]()
©José Luis García/Cinestel.com





























