Carlos Pirovano (INCAA), el primer presidente de un Instituto Nacional de Cine que no sabe nada de cine

“No venís del área, no tenés empatía con el sector. Es la primera vez en 62 años que me encuentro con alguien que está dirigiendo el INCAA y que no tiene empatía con el cine”, le espetó el cineasta José Celestino Campusano a Carlos Pirovano, el actual presidente del Instituto Nacional de Cine de la Argentina, durante un debate co-organizado con la Red Internacional de Clústeres Audiovisuales y apoyado por las productoras Cinebruto e Industria Audiovisual, así como por el canal Barricada TV, que lo emitió en vivo.
También participaron la periodista y escritora Cynthia Sabat y la directora y productora Teresa Saporiti (DOCA). Pero lo que comenzó como una invitación al diálogo de cine, derivó rápidamente en un cruce de visiones irreconciliables sobre el futuro de la producción audiovisual en el país.
El economista ahora a cargo de este organismo estatal, puso como única condición para participar que no se adentraran demasiado en aspectos profundos del cine, ya que él es un hombre dedicado a las finanzas. En una comparecencia reciente suya en la Comisión de Cultura del Congreso de la Nación, Pirovano dejó estupefactos a los presentes al decir que los niños que actúan en producciones argentinas deberían de trabajar más horas diarias que las cuatro que legalmente tienen asignadas, “para ser más competitivos”.
“Yo tengo opinión, me gusta el cine, me encanta, pero me parece que sería un equívoco pensar que el hecho de ser presidente del INCAA es ser un administrador de un hospital que puede estar hablando de una cirugía. Hay gente que sabe más que yo y me parece que si van a hablar de cine, el cargo puede dar a un equívoco, por eso prefiero no hablar de eso”, -explicó el actual presidente, quien el primer año de su gestión necesitó algo más de cuarenta minutos de tiempo para entender lo que le decían los profesionales que le estaban intentando explicar lo que es un documental-.
La paralización de subsidios
La periodista Cynthia Sabat abrió el debate describiendo una crisis histórica para el cine nacional en 2026, denunciando la paralización de subsidios y la caída drástica de los rodajes bajo la actual administración. Pirovano, en un tono aparentemente técnico y económico que él mismo reconoció al final que era político, desestimó la gravedad de las cifras de estreno, asegurando que se mantienen en niveles históricos similares a años anteriores, aunque reconoció una merma significativa en el inicio de nuevas producciones. Ése fue el momento en el que se le echó en cara que prioritariamente sólo ha apoyado a grandes productoras.
Uno de los puntos más polémicos fue la eliminación del sistema de anticipo de subsidios. Pirovano calificó el modelo anterior como un incentivo para realizar “películas sin espectadores”, donde el único objetivo era cobrar el dinero estatal sin importar la calidad o la llegada al público. Según su visión, el subsidio debe estar atado a la taquilla o a contratos con plataformas para asegurar que el producto sea validado por el mercado.
Resulta hasta gracioso escuchar al presidente del Instituto decir que hay personas que se dedican adrede a hacer películas malas que, según él, están desenfocadas y no tienen una buena sincronización de sonido. “Obviamente que va a haber mucha gente motivada por una vocación de creación que va a hacer películas buenas, -dijo-. Pero va a haber otra gente que va a hacer películas malas y que su vocación es: ¡Tengo un subsidio, me voy a llevar 100.000 dólares!”. En ese aspecto, cuando se le pidió que denuncie casos concretos, no respondió.
Y frente a estas afirmaciones, Teresa Saporiti, presidenta de DOCA, rechazó la estigmatización de los realizadores como “buscadores de subsidios”. Saporiti apeló a la empatía, explicando que los cineastas independientes invierten ahorros personales y esfuerzos emocionales en proyectos que tardan años en concretarse. Para la realizadora, medir el éxito de una obra artística únicamente por su rendimiento comercial es un análisis superficial que ignora la complejidad de la industria. “Carlos, expresas la idea de que a priori nosotros, todas las personas que hacemos cine, seríamos una manga de ladrones que estamos yendo a buscar un subsidio para ponérnoslo en el bolsillo, zafar y seguir con algún otro subsidio e irnos en lo posible con el dinero a Miami. (…) Filmamos porque amamos lo que hacemos y porque consideramos que nuestro arte es importante para nosotros y para nuestro país”.
En ese punto, Carlos Pirovano demostró, una vez más, estar fuera de la realidad del sector cinematográfico cuando dijo: “Vos sos un tipo que te gusta el cine… yo resulta que veo acá una oportunidad de negocio y digo ¡voy a presentar mi película! Hago una película cualquiera, mala, no importa porque yo no sé de cine. Pasa el comité de películas, le dan interés simple y después la ruedo mal, desenfocada, no importa. Entrego la copia A, se aprueba, hago un estreno técnico, la ven diez personas y me llevo 200 millones de pesos. ¿Es razonable eso?”. Como seguramente se preguntaría Mariano Llinás: ¿Quién diantres serán esas diez personas a las que le gustaría ver una película desenfocada? En este tema Pirovano suena a chiste.
¿Cuál es el costo de una película?
El debate también expuso una brecha insalvable en los costos de producción. Mientras Campusano señaló que el costo medio de una película ronda los 1,6 millones de dólares, Pirovano defendió los nuevos microcréditos de hasta 100.000 dólares como una herramienta de capital de trabajo. Los realizadores calificaron estas sumas de insuficientes, advirtiendo que los cineastas terminan arriesgando su patrimonio personal por montos que no cubren ni una sexta parte de un rodaje estándar. “Eso no solo que entorpece, sino que contamina ante coproductores del exterior, -aseguró José Campusano-. Yo tengo cerca de 30 películas y solo un tercio pasaron por los beneficios del INCAA y ha sido una pesadilla en muchos aspectos y con mis socios hemos puesto dinero”.
Menos personal en el INCAA
Otro de los ejes de controversia en el debate se situó en la «motosierra» aplicada a la estructura del Instituto. Pirovano defendió la reducción de personal, comparando los 1.100 empleados de 2023 con los 90 que operaban en 1998, y argumentó que el 65% de los recursos se perdía en burocracia en lugar de financiar películas. Para el funcionario, esta “racionalización” es la única vía para liberar fondos que hoy el organismo posee en títulos públicos para futuros fomentos. Sobre este tema, José Celestino Campusano le preguntó: “Tengo entendido que cuando usted asumió, en 24 horas se echaron 150 personas. ¿Cómo hizo usted para averiguar en qué circunstancias estaban y poder leer sus expedientes mínimamente? ¿O no nos importa el prójimo?”.
La permanencia en salas de las películas
La problemática de la exhibición fue otro foco de roce. Campusano denunció el “poder mafioso” de las multisalas que retiran películas nacionales exitosas para favorecer tanques extranjeros, incluso cuando las salas argentinas están llenas. Pirovano, por su parte, sostuvo que el exhibidor cuida su negocio y que el Estado no puede forzar la permanencia de un filme si no llena en su primera semana, proponiendo en cambio premios económicos para quienes cedan espacio al cine nacional.
¿Comités sin retribución económica?
En el ámbito del documental, Saporiti alertó sobre un embudo en los llamados a concurso, que pasaron de ser una ventanilla continua a celebrarse solo dos veces al año. Esta demora, sumada a que los comités de selección ahora trabajan de forma ad honorem, fue vista por el sector como una asfixia burocrática. Pirovano justificó la gratuidad del jurado como un acto de “solidaridad” con los contribuyentes, concepto que fue duramente cuestionado por Campusano, ya que el economista al frente del INCAA cree que ver y evaluar 90 documentales es poca cosa y que por tanto, eso no debe de ser remunerado. “Carlos, ¿usted cobra por su labor en el INCAA?”, preguntó Campusano. Y Pirovano respondió: “Sí cobro, pero yo no soy del sistema audiovisual, no formo parte del ecosistema. El que se haga o no películas no depende del INCAA. El INCAA ayuda. Pero si el ecosistema se hace demasiado dependiente de la plata pública, después no puede funcionar”.
Represión y censura
Las acusaciones de censura económica e ideológica sobrevolaron toda la charla. Campusano sugirió que el desfinanciamiento es una forma de impedir que el cine registre el caos político actual, actuando como un testigo privilegiado de la realidad. El presidente del INCAA negó estas imputaciones, asegurando que los jurados son elegidos por sorteo y que el Estado no interviene en los contenidos.
La tensión escaló cuando se discutió la represión política y el rol de los liberales en el Estado. Ante las críticas por la actuación policial frente a jubilados y pueblos originarios, Pirovano intentó una defensa teórica basada en la libertad y la Revolución Rusa, lo que Sabat y Campusano calificaron de “charlas bizantinas” ajenas a la urgencia del hambre y la falta de trabajo en el país. Ahí Pirovano, tal vez previamente aconsejado por algunos asesores, se explayó inclusive hablando de incendios forestales y terremotos; unos temas que nada tienen que ver con el objeto del debate.
Hacia el final, Saporiti advirtió que la gestión de Pirovano cargará con el estigma de haber “asesinado al cine nacional” por priorizar balances financieros sobre historias culturales. Campusano cerró su intervención lamentando la falta de trayectoria cinematográfica del funcionario, lo que, a su juicio, genera una desconexión total con la realidad del sector y una gestión carente de solidez intelectual para el área audiovisual.
El cierre del encuentro dejó una definición tajante en materia fiscal. Ante la pregunta directa sobre si era necesario establecer un gravamen a las plataformas de streaming para financiar el fomento local, Pirovano fue contundente en su negativa, cerrando la puerta a sumar ingresos vía impuestos en el mercado digital y reafirmando su perfil de partidario de la desregulación económica. Con esta última discrepancia, concluyó un debate que dejó más dudas que certezas sobre la supervivencia de los apoyos del Estado a la industria cinematográfica argentina.![]()
©José Luis García/Cinestel.com





























