«La Isla del Maíz» (Corn Island) de George Ovashvili; ciclos de vida

Ganadora del Globo de Cristal en la edición de este año del Festival checo de Karlovy Vary, la película de George Ovashvili es una historia minimalista bien contada y actuada con muy pocos diálogos, que incluso nos traslada por momentos a formas de narrar cercanas al realismo mágico. Con una evolución lineal, nos sorprenderá observar un relato que en apariencia es sencillo, pero al que le vamos a ir descubriendo diferentes complejidades a medida que avancen los minutos de un filme que muestra sentimientos antagónicos.
Con una forma de contar bastante austera, Ovashvili nos sitúa en un río que hace a la vez las funciones de frontera entre Abjasia, una región del Cáucaso que es ‘de facto’ independiente de Georgia, estado que formó parte de la antigua Unión Soviética. «Corn Island» (Simindis Kunzuli) no aborda esta disputa directamente sino que se limita detallar la llegada a una pequeña isla intermedia dentro del cauce de ese ancho río, y que se ha creado tras una inundación previa, de un viejo y su nieta adolescente de 16 años de edad. El viejo lleva su rostro tostado por el sol y ha entendido que ese lugar es idóneo para cultivar maíz.
El principio de la película relata todo el proceso de adaptación de ambos a su nuevo medio natural, con la construcción de una cabaña y la preparación de la tierra para el cultivo y su siembra posterior. Todo de una manera silenciosa, deliberada y casi ritual. Ovashvili mueve la cámara con fluidez alrededor de sus personajes, en una actuación totalmente convincente junto a esos toques de realismo mágico. Obviamente esta no es una película para espectadores de cine comercial, sino más bien para aquellos cinéfilos que gusten de remover y rastrear en los subtextos narrativos y en algunas metáforas brillantes que emplea el autor del film con mucha inteligencia. Ahí es precisamente donde está su enjundia, la parte más sustanciosa e importante. Aquí la casi ausencia de diálogos no influye porque la expresión física y visual es rica y vigorosa. De hecho, hasta el minuto 20 no escucharemos palabra alguna.
El viejo campesino está sano y robusto, conserva los conocimientos adquiridos durante ese largo itinerario personal, mientras que la nieta es una joven obediente con el rostro pecoso y que se encuentra al borde de acceder a su condición plena de mujer. De vez en cuando pasan soldados de uno y otro territorio, a pie por las orillas o en embarcaciones a motor. Ellos dos están solos en el medio del río y muestran un carácter introvertido. Ante la mirada lasciva de alguno de los militares hacia la nieta, surgirá una cierta tensión a la que se añade el lógico instinto protector del abuelo. Pero habrá otro acontecimiento más que se sumará al relato, lo que proporcionará a la película un hilo de suave pero constante drama psicológico. Igualmente se escuchan disparos durante diferentes momentos del film, porque es una zona en la que abundan también los cazadores cerca de los soldados, lo que acrecienta la confusión.
En resumen, estamos ante una historia humana que abarca la temporada completa de una cosecha, en la que encontramos dos personajes dignos pero no sentimentales a quienes la pequeña isla se les agrega como protagonista, donde estamos contemplando a través del cultivo de maíz un mini-modelo de vida que va desde la creación, pasando por la vida y hasta el inevitable final. Entre la simbología y la metáfora que contiene «La Isla del Maíz», se encuentra la ausencia de una generación intermedia, la de los padres de la chica, posiblemente como símbolo de las bajas sufridas durante las luchas entre comunidades que todavía no están resueltas, porque no todos los países del mundo han reconocido formalmente la existencia de Abjasia como país separado de Georgia.
©José Luis García/Cinestel.com




























