«El Movimiento», de Benjamín Naishtat; ¿El precio de la felicidad?

Sección Cineastas del Presente 68 Festival de Locarno
Benjamín Naishtat, que debutara un año antes en la Berlinale con la interesante «Historia del Miedo» basada en los temores y paranoias de la sociedad posmoderna, presentó en el 68 Festival de Locarno su segunda película en la que sigue indagando en la psicología de sus personajes de una manera muy firme, densa y atrevida. «El Movimiento» está ambientado en 1835, cuando la Argentina era un caos sin líder debido a las facciones en disputa unionista y federalista. Rodada en blanco y negro en sólo 10 días y protagonizada por el actor Pablo Cedrón, la idea de la película parte de la financiación propuesta por el Festival coreano de Jenjou, al haber conseguido Naishtat el premio principal de aquel certamen con su ópera prima.
«El Movimiento» tiene lugar durante la primera mitad del siglo XIX en una vasta y desolada tierra que ha caído en la anarquía caótica. Hay varios grupos de hombres armados a la deriva a lo largo de las pampas interminables que exigen el apoyo y la comida de los campesinos. Si bien hay una gran rivalidad entre ellos, todos afirman tener lealtad al Movimiento, el nombre de la organización política que dicen que representan. Entre estas bandas a la deriva, hay una dirigida por el Señor, un hombre culto que, junto con dos seguidores, tiene la intención de fundar un nuevo orden pacífico.
Con una mirada penetrante, el actor Pablo Cedrón traza una figura misteriosa y sombría, un líder carismático (y posiblemente algo perturbado), fanático del poder, con el apoyo de dos seguidores más jóvenes dedicados a su causa, que atraviesan la Pampa tratando de reunir recursos para ese vagamente dibujado movimiento político que promete sacar al país de sus tiempos oscuros. Oscuro sería precisamente la palabra clave de la película: la mayor parte con humor cambiante, siendo un filme que está rodado en su mayoría mediante un monocromático 1.33 en plena noche y con luz mínima. Un buen trabajo de la directora de fotografía Soledad Rodríguez (El Incendio), acompañado de un sonido nítido e impecable a cargo de Fernando Ribero.
«El Movimiento» no es una película fácil de clasificar, pero en síntesis trata sobre el poder y el orden establecido que poco a poco se va reformando y sobre el que se especula sin cesar. En el filme hay ensañamiento, crueldad y sadismo. Sus personajes son seguidores obnubilados del líder, poniendo en clara contradicción el significado de lo individual dentro de esa colectividad. El personaje de Cedrón se adorna con encantadoras palabras y modales para parecer atractivo, pero sus métodos revelan una sed incontenible por el poder y, claro, el poderoso siempre está necesitado de enemigos a través de los que mantener unidos a sus acólitos en torno a él. Y si los oponentes aun no están, se los inventa porque le hacen falta.
Puede parecer que esta historia que va de la oscuridad a la luz en la primera mitad del siglo XIX esté superada hoy en su esencia. Ni mucho menos. Estos asuntos del poder y su flirteo con la indecencia y la violencia siempre están vigentes. Benjamín Naishtat lo explicaba así para su presentación en Locarno: «Viniendo de una Nación que es tan joven como 205 años de edad, sentí que el buceo en períodos particularmente oscuros de nuestra fundación podría ayudarme a entender la situación actual y la idiosincrasia violenta prevaleciente de nuestra política de todos los días. En lugar de crear un terreno estrictamente histórico, fui al pasado sólo para armar ciertos personajes cuyas motivaciones son absolutamente contemporáneas porque después de todo, como dice Faulkner, el pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado».
©José Luis García/Cinestel.com




























