“Lêgerîn, en busca de Alina”; entrevista a María Laura Vásquez

Estreno en Buenos Aires
Alina Sánchez fue una joven argentina que falleció a principios de 2018 en el Kurdistán actualmente ocupado por Siria. Durante su vida fue médica internacionalista, antropóloga, participante activa del Movimiento de Liberación de las Mujeres del Kurdistán, investigadora especializada en la relación entre medicina y saberes ancestrales, y también coordinadora de sistemas de salud en las guerras de Medio Oriente.
A medida que Alina se transforma en Lêgerîn, su historia refleja la del movimiento «Mujer, Vida y Libertad». Sus estudios en Cuba, su compromiso en México, su exploración de la causa kurda en Siria y su viaje por Europa convergen en una lucha compartida por los derechos de la mujer en todo el mundo. Y María Laura Vásquez la retrata en su documental “Lêgerîn, en busca de Alina”, que ahora debuta en salas de cine.
El filme muestra con imágenes y testimonios cómo resultó ser que una médica argentina se convirtiera en una figura legendaria en Kurdistán. Durante esta entrevista con la directora, ahondamos en temas como la revolución liderada por mujeres en Rojava, destacando el combate al patriarcado como la raíz de toda opresión y la conexión ideológica entre las mujeres kurdas y los pueblos originarios latinoamericanos, bajo conceptos como “cuerpo-territorio”.
Además, Vásquez nos habla sobre el complejo proceso de coproducción internacional con la cineasta Dersim Zêrevan en un contexto de crisis a nivel sanitario y conflicto bélico, subrayando el valor del cine para visibilizar historias de resistencia colectiva y autonomía, a la vez que reflexiona sobre los desafíos actuales para el cine político y documental en Argentina.
– La primera pregunta que te hago sobre la película es si la situación de Alina era conocida a través de redes sociales o cómo se conoció todo el transcurso de lo que hizo allí.
Cuando me ofrecieron hacer la película a través de la productora Valeria Roig, yo conocía muy poco sobre el pueblo kurdo y la lucha de sus mujeres. Me llamó mucho la atención que hubiera una revolución liderada por mujeres en Medio Oriente, donde el centro de la opresión conceptual era el patriarcado.
El guion surgió de una nota en el diario La Nación tras la muerte de Alina en 2018. Ella no era conocida en Argentina, ni antes ni después; sin embargo, en Kurdistán es como una especie de Che Guevara. Las niñas llevan su nombre y los hospitales y casas tienen su foto. Es increíble que, con la globalización, esta información no llegara antes aquí. Parece que sólo nos hacen llegar las informaciones que les interesan a los poderosos.

María Laura Vásquez, directora del documental “Lêgerîn, en busca de Alina”
– Veo que hay una conexión con tu anterior documental, “La rebelión de las flores”, en cuanto al tema de fondo de la lucha de las mujeres. ¿Tu interés está en visibilizar esta actitud en defensa de la libertad?
Hoy puedo decir que soy una directora que ha puesto el foco en las luchas de las mujeres y su intersección con la raza y la clase, pero esto se dio a través del tiempo y no por una búsqueda previa. En ambos casos fueron proyectos que me llegaron. Fue una sorpresa descubrir las similitudes entre las mujeres de los pueblos originarios y las kurdas en su diagnóstico de una crisis civilizatoria y su visión de futuro.
Ambas proponen procesos políticos que escapan al Estado-nación y cuestionan la búsqueda de hegemonía que mata la diversidad. También comparten el concepto de “cuerpo-territorio”, donde el cuerpo de la mujer es amado, pero también un territorio en disputa y despojo, violado de todas las maneras posibles, similar a lo que pasa con los territorios.
Las kurdas tienen la jineolojî, una teoría para repensar la historia desde una mirada femenina, ya que el patriarcado es el que nos ha determinado cómo aprendemos el mundo. Es asombroso que grupos en resistencia tan distantes piensen de forma similar.
– En tu aproximación al tema contaste con el apoyo de la cineasta kurda del norte de Siria, Dersim Zêrevan, quien participó como codirectora. Esto es relevante porque ella conoce el problema en primera persona y facilitó el rodaje en un territorio complejo.
Así es. La posibilidad de llegar a Kurdistán en pandemia era casi imposible y deseábamos la mirada de una hermana kurda que vive y lucha en ese territorio. Conectamos con compañeras allá y Dersim armó un equipo al que se sumó Mauricio Centurión, un fotógrafo argentino cuyo trabajo fue fundamental.
El trabajo de coordinación fue complejo por el idioma y la situación militar, pero fue muy armónico trabajar con Dersim para contar la historia de Alina y el proceso kurdo. Ella hablaba kurdo, pasaban la transcripción al inglés y a continuación lo traducíamos al español.
– Para mí, la esencia del documental es que intenta equiparar los problemas de las mujeres con los de los pueblos oprimidos. ¿Era esa tu idea inicial?
Abdullah Öcalan, líder de la revolución kurda, marca que la opresión básica de la humanidad es el patriarcado y que ninguna otra forma de opresión se desarmará si no se elimina esta problemática inicial.
Intenté que esta idea rectora se transformara en sensaciones y escenas, siendo un eje transversal en todo el relato. Yo hago cine político, pero intento de no llenar de ideas o conceptos políticos mis películas, sino que todo se transforme en sensaciones o en unas escenas determinadas.
– El papel de la mujer kurda ha sido esencial en el proceso de reconocimiento de su nación, algo que ahora conocemos mejor con este el documental.
Es maravilloso ver cómo la liberación de la mujer se materializa en lo que desde 2012 se dio en llamar el Confederalismo Democrático. Allí todos los roles de gobierno deben ser compartidos por un hombre y una mujer, hay cuotas, y existen sectores de estudio y armados propios. Hay una democratización real con circularidad del poder para evitar el estancamiento en los roles de mando. Nadie se queda en el poder por más de tres años, para que todo el mundo pueda manejar cuestiones como, por ejemplo, cuidados de heridos o el manejo de una justicia popular. Es una forma inédita de bajar la idea de revolución a la convivencia concreta.
– Sobre la figura de Alina Sánchez, como ya decías, se puede en cierta forma equiparar a lo que hizo el Che Guevara, aunque ella era cordobesa, estudió primero antropología, pero luego medicina en Cuba.
Alina se formó en medicina comunitaria en Cuba, lo cual la marcó profundamente. En Kurdistán coordinó el sistema de atención primaria de salud, aplicando todo lo aprendido sobre medicina social y transformándose en una especie de ministra de salud.
– Ella quiso vivir su compromiso de manera activa, luchando por un mundo más justo y dándole un sentido a su vida. Precisamente Lêgerîn significa búsqueda.
Absolutamente. Consideró que Kurdistán era el espacio para construir ese mundo mejor. Quienes la conocieron destacan su energía, amorosidad y una inteligencia extraordinaria tanto para el diagnóstico como para la ejecución en su capacidad de trabajo. Era un ser extraordinario.
Alina buscaba formas de organización más felices para los pueblos. Al final, ella quería volver a Latinoamérica y Argentina para replicar estas experiencias positivas.
– En algún momento de la película aparece la tapa delantera de un libro en catalán que habla sobre Alina. ¿Podrías decirme algo más sobre esto?
Es de una internacionalista catalana que pidió no aparecer en imagen, pero compartió lo que escribió sobre Alina. Me pareció muy bello y representativo del espíritu de Alina, sobre la disolución de la individualidad y el reencuentro como polvo de estrellas. Decidí incluir esa lectura al final.
– Alina ha dejado una huella profunda y será difícil que se olviden de ella.
Ojalá la película sirva para hablar de un proceso político asediado y de la realidad de las mujeres en Medio Oriente, alejándonos de la mirada occidental victimizadora. Nos interpela a buscar formas de construcción colectiva frente a las realidades nefastas actuales.
– Hay una cita que tú escribiste y que dice: «Personalmente, imagino el cine como el lugar donde la realidad y los sueños pueden encontrarse». Es una frase muy profunda sobre la intencionalidad de la película.
Esa frase es de Sêvînaz Evdikê, pero la comparto. En este momento yo creo que tenemos la obligación, por esta mal llamada globalización con la que tan sólo nos están mostrando una parte del mundo que es totalmente decepcionante y muy dolorosa. Mi motor como documentalista es contar historias de resistencia que, aunque impliquen sacrificio, también generan mucha felicidad al juntarse con otros.
En general las películas que hago tratan temas muy dramáticos, pero no desde la mirada victimizadora ni desde el dolor, sino que hago que esos procesos sean sumamente gratificantes. Mi deseo es dejar un documento de que estos procesos existen y generar alguna semillita en otros.
– Para terminar, imagino que el documental obtuvo apoyo del INCAA en la gestión anterior, dado que un rodaje así lleva mucho tiempo.
Un documental como éste no hubiera sido apoyado por la gestión actual de ninguna manera, ni por mi trayectoria, ni por la temática de Alina, ni por la experiencia del pueblo kurdo. Hubiera sido imposible realizarlo en este momento.
– ¿Ves bien que se apruebe la ley bonaerense de cine?
Aunque soy de CABA, bienvenida sea. La provincia de Buenos Aires se está distanciando de las políticas nacionales y aplaudo esa iniciativa.![]()
©José Luis García/Cinestel.com






























