“Francisca”, una joya de Manoel de Oliveira regresa a las salas de cine

Fallecido en abril de 2015 a los 106 años de edad, el prominente cineasta portugués Manoel de Oliveira tuvo un recorrido impresionante en el mundo del séptimo arte. Comenzó en el cine mudo y un año antes de morir recibió en Cannes la Palma de Oro dedicada a toda su trayectoria. Entre toda su filmografía hay títulos destacadísimos, muchos de los cuales reflejaban miradas sobre el pasado y la literatura de Portugal.
Y uno de ellos es “Francisca” (1981), otra de las obras de mayor relieve de este director nacido en la ciudad de Oporto, donde desemboca el río Duero, en cuyas orillas precisamente se desarrolla esta fábula que a lo largo de casi tres horas reinterpreta reminiscencias íntimas y personales del escritor, novelista y dramaturgo Camilo Castelo Branco, según lo que contaba el libro «Fanny Owen», escrito por Agustina Bessa-Luís.
Oliveira a menudo intentaba aliviar la carga del montaje fílmico a través del uso que él hacía de unas puestas en escena más bien teatrales, al tiempo que se dedicaba a cuidar sobremanera la calidad de los diálogos, pues es ahí donde precisamente radica la grandeza, el interés y la singularidad que tenían la mayor parte de los filmes de este realizador. Viendo sus películas, reconocemos también algunas de sus influencias, pero al mismo tiempo esas peculiaridades concretas que él tenía, las cuales eran un distintivo suyo claramente identificable.
“Francisca” se adentra en un vaporoso triángulo amoroso formado por Castelo, una muchacha de origen inglés llamada Fanny Owen y José Augusto, un compañero, amigo y rival del escritor. Vinculado a un conflicto entre el deseo y la pasión, el relato circula hacia la mitad del Siglo XIX, un momento de lucha entre el liberalismo y el absolutismo de Portugal, donde virtuosamente se confrontan los inconvenientes que tiene la distancia con respecto a la intimidad, además de hacer referencia a ciertas crisis que afloran en la saludable tarea de intentar entender al otro.
Obviamente, Oliveira reflejaba una sociedad no homogénea en la cual también habían disidencias e inconformidades, al margen de que por lo visto Camilo Castelo Branco era un escritor con pocos recursos económicos que priorizaba una pretensión afectuosa prudente, mientras que José Augusto pertenecía al entorno de los ricos y sus acaudalados recursos, y tenía al entusiasmo amoroso como principal punto de mira.
De este modo, el personaje de Castelo aquí deberá lidiar entre lo que son las primaveras tardías, los amores rechazados, e inclusive ciertas búsquedas influenciadas por la insaciabilidad del deseo. Y todo ello bajo la frágil y perversa impronta del machismo, aun cuando el guion del film posee un tono de educación y respeto formal en los diálogos. Véase como ejemplo la escena en la cual Fanny es invitada a montar en una carreta tirada por un animal a todas luces inadecuado para ese menester.
En la parte final de la película observamos un casamiento cuyo modo de tramitación va igualmente en esa misma línea, permitiéndose a continuación el eminente cineasta portugués ciertas licencias como la de incluir algunos sutiles flashbacks y asimismo, afrontar una subversión de su propio estilo de rodar y editar las escenas en un único plano largo, posiblemente para acabar sorprendiendo al espectador con esa conclusión reservada a esta historia de unos hombres de corazón avinagrado que contemplan a la mujer y al amor de maneras muy diferentes.
La versión restaurada de “Francisca” fue editada por la Cinemateca Portuguesa y participó en la Mostra de Venecia. Ahora llega a las salas de cine españolas tras el 40 aniversario de su estreno.
©José Luis García/Cinestel.com





























