“Mato Seco em Chamas” traspasa los límites de la ficción y documental

De entre las películas estrenadas por cineastas brasileños en el año 2022 sobresale “Mato Seco em Chamas” debido a la gran repercusión que tuvo en una buena cantidad de muestras de cine a nivel internacional. Adirley Queirós es quien la dirige junto a la joven realizadora portuguesa Joana Pimenta con un denodado esfuerzo por conseguir construir en la ficción una certera metáfora acerca de la resistencia en ese submundo marginal y con frecuencia delictivo que puebla los contornos de las grandes ciudades del Brasil.
Un grupo de mujeres que habita en las favelas de un suburbio urbano de Brasilia descubre el tránsito de petróleo bajo la tierra y deciden ponerlo a la venta a precios más económicos, a través de unos vendedores que se desplazan sobre dos ruedas y que son llamados los motoqueros.
Son precisamente estos mensajeros en moto quienes les ayudan a protegerse de las milicias armadas del Brasil bolsonarista, con el petróleo como moneda de cambio entre grupos enemigos, en una lucha cuyo principal objetivo es destruir la fortaleza y las instalaciones que regentan Chitara, su hermana Léa y su pandilla de mujeres.
Con el fin de que los vendedores sepan que no son objeto de un fraude, ellas siempre tiran al suelo pequeñas muestras del contenido de los bidones y las prenden fuego allí mismo.
Además, para dominar y controlar el entorno, han construido una atalaya de vigilancia desde la cual se percibe a lo lejos las luces nocturnas de la capital del país. Como viven del estraperlo, las amenazas y los tiroteos son constantes en esa zona tan peligrosa que a menudo se ve afectada por distintos crímenes en los que se ven involucradas estas chicas, la mayoría de las cuales han pasado ya por la Colméia, que es como se llama la cárcel de mujeres de Brasilia.
El sonido del filme es espectacular y envolvente, y la película incluye también en sus más de dos horas y media de metraje distintas piezas musicales a cuyas letras de las canciones será interesante prestarles atención y que van desde una inicial cantada a capela con referencias a la violencia, hasta otras que están enfocadas en lo que sería ideal para ser feliz o en las consecuencias de una sociedad tan injusta, desordenada y caótica.
En el plano estético, es cierto que director y directora han querido visibilizar a sus personajes como si estuvieran sumidos en un entorno algo futurista y de ciencia ficción, pero también hay que reconocer que la puesta en escena tiene toda una serie de componentes que con frecuencia se asemejan en su ambientación a los de algunas grandes producciones de Hollywood, en particular los fragmentos que incluyen algunos sobrevuelos de helicópteros en la zona más conflictiva del film.
Y es en la parte final de “Mato Seco en Chamas” cuando realmente conocemos muchos más detalles sobre el pasado de sus protagonistas principales, eso sí, con la salvedad de que algunos otros detalles superfluos y que no añadirían nada a este relato, están ausentes.
En ese segmento anterior al catártico desenlace del film es cuando Queirós y Pimenta subrayan las dificultades que entraña el nacionalismo violento y radical, así como el fanatismo religioso, con escenas como la del esperpéntico diálogo que mantienen unos policías en el interior de un furgón.
Para contextualizar el momento político en el cual se encuentra esta historia de ficción, la película recurre a imágenes reales de manifestaciones políticas, una excelente manera de traspasar los límites entre la ficción y el documental, confrontándolo además desde el mismo guion con la creación por parte de las mujeres suministradoras de gasolina de una nueva entidad política, el Partido de la Gente en Prisión, a través del cual pretenden defender sus derechos.
©José Luis García/Cinestel.com





























