“Dreamflow, la escuela está en peligro”, un filme de Gabriel Saie

Estreno en Buenos Aires
El río Ganges riega una de las zonas más fértiles y pobladas de la India, por lo que es clave para la agricultura y el asentamiento humano. Sin embargo, en tan influyente país asiático existe lo que ellos llaman las “castas”, que en otros muchos países también están, pero que son denominadas de otras muchas maneras. Pero entre esas castas que marcan lo que es la diferencia de clase económica, la más baja y vulnerable tiene mayores dificultades para prosperar que las otras.
De la mano de una docente argentina llamada Jesumiel (foto) que vive en la ciudad de Varanasi, el director Gabriel Saie plantea en este relato documental un espejo de esa realidad, donde los chicos adolescentes se preparan para dar clases y educar a los más pequeños.
El film muestra formas de encauzar algunas perspectivas de futuro.
Las familias de los niños viven en un contexto muy precario y son los adolescentes quienes van a intentar que, a través de la escolarización, los más pequeños puedan ver abiertas para sí mismos nuevas y tal vez prometedoras esperanzas para salir adelante cuando lleguen a la adultez. Para ello también reciben la ayuda de otras personas que, como Jesumiel, se involucran en un proyecto que nace bajo la idea de trasladar otras experiencias que ellos consideran que, en ese sentido, han sido positivas y provechosas.
En el mundo las escuelas más o menos generalizadas no han existido siempre, sino que se estima que comenzaron a implantarse hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX. Y “Dreamflow, la escuela está en peligro” consigue a la perfección confrontar ambos paradigmas: el anterior al nacimiento de un sistema educativo general que borró la tradición de que eran los padres quienes tenían que educar a los hijos, y el actual, vigente durante más de dos siglos, en el que son otros quienes se encargan de la educación de las clases populares, mayoritariamente bajo las directrices de las instituciones públicas, aunque en la película observamos que no en todas partes es así.
Por eso en esta historia de Gabriel Saie es particularmente interesante profundizar en la idea de por qué en un momento dado vemos que las madres llegaron a oponerse a que sus hijos ingresaran y acudieran a ese centro educativo improvisado en el interior de una carpa situada a la orilla del río. La solución que encuentra Jesumiel y sus compañeras invita a reflexionar y examinar, cada espectador por su cuenta, en relación a los contenidos que cualquier curso o programa de clases ofrece a los chiquillos. ¿Van a ser realmente útiles para su futuro?
Obviamente, la argentina integrada en el grupo y sus compañeros hacen todo lo que está en su mano hacer y con la mejor de sus intenciones. “Si estos niños no pueden ir a la escuela, la escuela va a ellos”, dice Jesumiel en algún momento del film, totalmente convencida de que si no es por iniciativas como ésta, no hay escuela para estos chicos.
Pero lo que probablemente sea más atrayente de este documental es su acabado final, es decir, el montaje de Gabriel Saie que consigue explicarnos muy bien cuál es la situación específica y lo que ocurre en ese lugar, inclusive con unos adolescentes que expresan su posible frustración con algunas bromas y actitudes hacia quienes les rodean, pero que se entienden muy bien si tenemos en cuenta las abundantes disrupciones que provocó el colonialismo británico en la India.
Y es que, más allá de su contenido formal, “Dreamflow, la escuela está en peligro” nos induce a pensar y plantearnos algunas preguntas que tienen que ver más con el trasfondo que con lo que aquí vemos. Por ejemplo: ¿Cuál es el futuro de las familias de los agricultores humildes en el mundo? ¿Qué comeremos dentro de un tiempo si la mayoría de niños sólo piensan en trabajar en oficinas, como profesores o como médicos porque esa es la idea que se les transmite? ¿Tal vez desaparecerán unos cuantos oficios y muchas cosas se las dejaremos a la IA?
La película da a entender en algún momento que la pobreza es no identificarse con el progreso, toca de refilón el problema del alcoholismo siendo como es una verdadera plaga que acecha a las clases más humildes de Varanasi, niega las cosas buenas que pudo haber en el pasado, (“Hay que mirar hacia adelante, no hacia atrás”, dice un chico.), y propone reinventarse bajo nuevos paradigmas: “Si nos aferramos, no damos lugar para algo nuevo”, resume Jesumiel.
En definitiva, este documental es muy valioso para todos aquellos espectadores a quienes les gusta leer entrelíneas y mantener una conciencia crítica. Y así tal vez concluiremos que quizá en ocasiones a los más pequeños y adolescentes como los de la película no se les habla sólo de posibilidades, sino que también de sueños. Por lo menos en este film los chicos no se distraen con celulares ni están mirando continuamente a una pantalla. Algo es algo y ojalá consigan todos salir adelante y lograr hacer aquello que de verdad les gustaría hacer cuando sean mayores.![]()
©José Luis García/Cinestel.com
































Filmo porque el cine, antes que nada, nos seduce al revelarnos lo más secreto de nosotros mismos; porque es el espacio donde podemos palpar nuestras inquietudes con mayor autenticidad, porque es el tiempo en el que esperamos que un milagro se produzca.