El Cine Argentino resiste en 2026 mientras la estupidez avanza

Tras un año en el que estuvo amenazada la existencia y la supervivencia del cine nacional, este 2026 parece estar plagado de retos y desafíos para una filmografía que desde hace décadas es una, por no decir la que más, de las que mayor difusión y reconocimientos ha obtenido entre todas las de América Latina.
Como siempre hacen los miedosos y cobardes, a poco de terminar el año y, por ende, a un paso del periodo estival austral, los legisladores Macri/Milei (para que se entienda fuera de la Argentina), aprobaron una reforma laboral que disminuye los derechos de los principales actores del mercado de trabajo y al mismo tiempo “cuela” un pequeño párrafo en el que se deroga el modelo que proporcionaba las vías de financiación del INCAA, desviando los ingresos habituales por entradas y servicios de comunicación audiovisual, hacia el gobierno de la nación.
Es decir, con esta medida el Instituto deja de percibir de forma directa los ingresos que antaño habían garantizado el funcionamiento del mecanismo a través del cual el cine se autofinanciaba, al tiempo que vulnera la autarquía del INCAA proclamada en la Ley de Cine por la que tanto pelearon en 1957 las actrices Elsa Daniel y Mecha Ortiz, el actor Luis Sandrini o el cineasta Lucas Demare, entre otros; y Manuel Antín en la reforma de 1994 junto con Luis Puenzo o Pino Solanas, por sólo citar a algunas de las personas que contribuyeron.
El actual proyecto de Ley de Reforma Laboral, dentro del cual han incrustado esa importante modificación (artículo 195) que afecta al cine, entró irregularmente a ser debatido en primer lugar por el Senado, cuando legalmente eso tendría que haber ocurrido primero en Diputados. Julio Raffo, principal mentor de la reforma del año 94, explicó en el programa radial que conduce el prestigioso periodista Víctor Hugo Morales, que tras analizar el texto presentado por el gobierno, vio que lo que se pretende en realidad es derogar los impuestos que nutren el Fondo de Fomento, los cuales son generados por la propia actividad cinematográfica.
“Si se deroga eso, el cine, nuestro audiovisual, va a quedar herido de muerte”, dijo categóricamente Raffo, quien añadió que tiene la impresión, y algunos así se lo han dicho, de que “personalidades del mundo de la cultura que han apoyado a este gobierno, están en contra de estas medidas. Entonces yo hago un llamado transversal a dar la pelea por salvar el audiovisual nacional, con tirios y troyanos. El General Perón decía que en la política a veces hay que juntarse con los regulares y los malos, porque los buenos solos somos muy pocos. Y si no nos sabemos juntar todos, nos van a sacar de nuestro sitio”, -concluyó-.
La estupidez avanza
El balance del año anterior, 2025, fue demoledor para el cine argentino tal y como hasta ahora lo conocíamos. Las actuales autoridades del INCAA están plegadas ante los intereses de empresas multinacionales que, si bien tienen perfecto derecho a hacer funcionar sus negocios, esto no tendría que ser un impedimento o limitación para las películas autóctonas.
En una reunión asamblearia organizada por Unidxs por la Cultura, una de las plataformas más activas en la defensa del cine argentino, el cineasta Hernán Gaffet dijo que “en nuestra relación con los gobiernos de los Estados Unidos siempre hubo un ataque al cine nacional”, y expuso que el gobierno de Carlos Saúl Menen ya había recibido presiones en ese sentido, pero que “por suerte, él no hizo caso. Esto que está pasando no es casualidad, no es un invento de Milei; es un negoción más”, -subrayó-.
Pero tal vez la mayor sandez puesta en práctica por el gobierno de Milei/Macri durante el año 2025, carente de toda lógica además, fue el anuncio del cierre del canal temático de cine local llamado Cine Ar TV y el intento de paralizar Cine Ar Estrenos y poner a la venta la plataforma Cine Ar Play. Sobre esta última el gobierno improvisó un traspaso en marzo de su gestión al departamento del entonces vocero presidencial, que después tuvo que revertir en noviembre para que el INCAA intente privatizarlo.
Por otro lado, como era de esperar, la reducción progresiva de títulos de estreno fue un hecho destacable durante ese ejercicio anterior a este año 2026. El Instituto presidido por Carlos Pirovano sigue su política de vaciamiento y cada vez son menos las películas estrenadas. Como protesta, un numeroso grupo de cineastas convocó en Mar del Plata una nueva edición de Fuera de Campo, coincidiendo con la celebración del Festival Internacional de Cine de esa localidad.
Los organizadores de Fuera de Campo expusieron entonces en un comunicado: “El INCAA de Pirovano ya no está paralizado. Los fondos genuinos del Instituto que les corresponden a las películas están siendo destinados a la especulación financiera: inversiones en letras del Tesoro Nacional, bonos de distintos tipos y hasta plazos fijos. No parece importarle tampoco al INCAA que las películas encuentren su público: el inminente cierre de Cine.ar y el destrato hacia los trabajadores del Instituto y de los espacios INCAA dan cuenta de ello. Pareciera que en vez de tratarse de un problema de gestión, es un problema ideológico: están decididos a empequeñecer el cine argentino porque la soberanía nacional no es una prioridad, es más bien un obstáculo.
Tener un cine propio, financiado por un sistema virtuoso y con ventanas de exhibición nacionales, significa poder contar nuestras propias historias y mostrar nuestras propias imágenes, sin que deba importar la aprobación de ningún ente extranjero. Para poder defender nuestro cine tenemos que estar organizados”.
“En el cine argentino hay muchas grupalidades dispersas, y es momento de lograr acuerdos esenciales. Esto nos deja algunas preguntas: ¿de qué manera lograr la transversalidad?, ¿cómo hacer para unir reclamos y entender que la cultura, la educación y la salud están entroncadas una en la otra?, y desde nuestro lugar, ¿cómo podemos efectivizar un rol claro en la batalla cultural en la que nos ha conducido el gobierno?”
Una solución bonaerense de resistencia
Pero por suerte, en el año 2025 no todo fueron malas noticias, y para este 2026 el gobierno de la provincia de Buenos Aires, presidido por el gobernador Axel Kicillof, ya ha reglamentado la Ley 15.607, que establece un régimen integral de fomento, promoción y regulación del sector audiovisual. Esta ley declara a la actividad audiovisual como actividad productiva de transformación, de interés público y cultural, y de valor estratégico; y la reconoce como parte del patrimonio cultural de la provincia.
En concreto, esta ley que popularmente se conoce como “el INCAA bonaerense” busca que se produzcan contenidos de calidad y que se promuevan unas producciones que abarquen distintos sectores: ficción, documental, animación, videojuegos, realidad virtual,… que aquí son valorados como un motor económico.
Asimismo, este reglamento provincial tendrá como misión el garantizar la exhibición, distribución y preservación de contenidos bonaerenses y contará con un fondo de 675 millones de pesos, que se actualizará año tras año en función de la variación del valor de entradas promedio de cine establecido por el Instituto estatal. Igualmente habrá apoyo a los festivales de cine regionales, a la red de salas de cine y a la plataforma BaFilma.
Respecto a la preocupación por el hecho de que esta provincialización de Leyes y normas de fomento del cine local pudiera mermar la capacidad de coordinación a nivel federal, el cineasta José Celestino Campusano declaró hace tiempo a Cinestel que las distintas provincias se podrán complementar y compaginar bajo una perspectiva nacional y federal.
En el territorio argentino, provincias como Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos o Mendoza, poseen ya una Ley de Cine propia, mientras que otras como Chubut, Neuquén y Río Negro tienen programas o fondos equivalentes, pero no siempre elevados a ley específica.
©José Luis García/Cinestel.com





























