Filmoteca de Catalunya: Christian Petzold odia el cine europeo

Filmoteca de Catalunya
Christian Petzold es un director alemán de referencia en el mundo del cine que escribe él mismo los guiones de sus películas, y en el pasado en muchos casos también trabajó y desarrolló las ideas junto al célebre Harun Farocki.
La Filmoteca de Catalunya le dedica una completa retrospectiva en colaboración con el Goethe Institut de Barcelona, que se inscribe dentro de la programación del D’A Festival de Cinema que todos los años se celebra en la capital de Catalunya.
El cineasta mantuvo contacto con los medios en la sede del Raval, donde se disponía también a ofrecer una clase magistral para estudiantes.
Petzold reflexionó en voz alta sobre su trayectoria, rechazando la idea de seguir creando trilogías y compartiendo su visión del cine como un espacio de consuelo personal y soledad necesaria.
En sus palabras ante la prensa, el realizador nacido en Hilde analizó la ruptura de la tradición cinematográfica alemana tras el fascismo, comparándola con el cine de terror español de la era de Franco que tanto le impresiona. Además, defendió la importancia de realizar películas con una identidad nacional clara frente a las coproducciones europeas genéricas y comerciales. Y asimismo también reveló su método de trabajo, que consiste en adaptar sus guiones a los presupuestos disponibles y mantener un ambiente de colaboración respetuosa durante sus rodajes.
Respecto a su evolución artística, el cineasta identifica dos rupturas fundamentales: el fallecimiento de su amigo y colaborador Harun Farocki y la creciente “refascistización” del mundo. Estos eventos han alterado profundamente su pensamiento y, como consecuencia, la dirección de sus películas.
El fascismo es el enemigo
En cuanto a la historia de su país, sostiene que el cine alemán perdió toda su esencia entre 1933 y 1945 debido al fascismo. Petzold cree que tras la guerra, la industria fue retomada por oportunistas, y tuvo que pasar una generación entera para que autores como Fassbinder o Wenders reinventaran el cine alemán, a menudo desde el extranjero. Por ello, afirma que los cineastas alemanes contemporáneos no construyen sobre una tradición sólida, sino sobre una tradición destruida.
Petzold señaló que las películas de terror españolas de la época de Franco le impresionaron mucho porque lograban sacar a la superficie lo inconsciente que la sociedad mantenía oculto. En contraste, afirmó que en Alemania no existió un género similar que permitiera procesar lo reprimido del trauma del fascismo de esa manera.
El director utilizó el ejemplo de las películas españolas de los “caballeros templarios muertos”, -en referencia a la saga de “El ataque de los muertos sin ojos” o “La noche del terror ciego”-. Describió cómo estos esqueletos beben la sangre de mujeres jóvenes para poder vivir un día más, y estableció una analogía directa: “Eso es, por supuesto, el fascismo, que succiona la sangre de la gente para sobrevivir”, -aseguró en Barcelona-.
Aunque mencionó que hubo intentos de cine de terror en Alemania, como “Nachtschatten” de Niklas Schilling, Petzold considera que esas obras estaban más marcadas por una añoranza del cine de los años 20 -Murnau o Fritz Lang-, que por un intento de lidiar con el pasado reciente.
El cineasta llegó a admitir que le habría gustado que en Alemania existiera un cine de terror como el español, sugiriendo que habría sido una herramienta valiosa para enfrentar la tradición destruida que dejó el nazismo en su país.
Christian Petzold afirmó que odia el cine europeo
Christian Petzold prefiere el cine nacional porque considera que un cineasta sólo puede hacer películas sobre aquello de lo que tiene conocimiento y comprensión profunda. Para él, la identidad específica de cada cinematografía es lo que le otorga valor. Por ello, afirma que cuando ve una película española le interesa “lo español” y cuando ve una danesa, “lo danés”.
Sus razones para rechazar el concepto de “cine europeo” son variopintas y entre ellas encontramos que dice haber rechazado múltiples ofertas de Estados Unidos porque siente que en esos proyectos él es intercambiable y que se le busca principalmente por el capital alemán que aporta, convirtiéndose en un “director de alquiler” en lugar de un autor con algo propio que decir.
“Odio el cine europeo”, declaró el cineasta abiertamente en su comparecencia ante los medios celebrada en la Filmoteca de Catalunya. Su crítica se dirige específicamente a aquellas películas que, al inicio de los créditos, muestran financiación de múltiples países, -como Portugal, España, Francia, Dinamarca o Alemania-, y cuya trama transcurre, según él, en todos los lugares que participan a la vez, lo que le resulta tan poco atractivo que prefiere irse a un cine al aire libre; lugar que, por otro lado, detesta.
Para él, es fundamental ser “un cineasta alemán que hace películas alemanas”. En definitiva, Petzold apuesta por un cine que hable desde una identidad cultural y geográfica concreta en lugar de productos transnacionales que en su opinión diluyen la esencia de lo que un determinado autor conoce.
La influencia del catolicismo en sus obras cinematográficas
El cineasta alemán establece una relación entre el catolicismo y el cine que inclusive abarca su propia metodología de trabajo. Petzold, quien se define como protestante, explicó que su religión le impone una ética de “trabajar, trabajar y trabajar”, lo que le impide descansar incluso tras terminar una película con éxito. Para justificar ante sí mismo el seguir trabajando sin pausa, recurrió a la mentira de decir que sus películas eran partes de una trilogía.
En ese sentido, comenta con humor que solo puede mentir así en países católicos, -“como España”, dijo-, porque “los católicos están acostumbrados a la mentira ya que tienen la confesión”, algo de lo que carecen los protestantes. A sus más de 60 años, bromea diciendo que ahora quiere ser católico para dejar de hacer trilogías y poder descansar.
Y aunque no lo vinculó explícitamente a un rito religioso, definió el cine como “un lugar de consuelo”. Para él, entrar en una sala oscura, -preferiblemente solo-, ofrece una experiencia de acompañamiento espiritual donde uno está “solo, pero no solo”, lo cual resuena con una función casi litúrgica de refugio personal.
Al fin y al cabo, Petzold ve en el catolicismo una estructura que permite tanto la expiación -a través de la confesión-, como una potente imaginería visual para tratar traumas históricos, contrastándola con el rigorismo productivo de su propia herencia protestante.![]()
©José Luis García/Cinestel.com






























