«Prometo um dia deixar essa cidade» de Daniel Aragão; retrato de delirios, esquizofrenia y drogas

«Prometo un día dejar esta ciudad» es el título de la segunda película de ficción (largo) del brasileño Daniel Aragão presentado en Rotterdam (Holanda) y a cuya protagonista principal, Bianca Joy Porte, previamente se le había entregado el premio a la mejor actriz en el Festival de Río de Janeiro. El filme es un poderoso retrato sobre cómo el uso incontrolado de alcohol y otras drogas no legales conduce a un peligroso estallido en las relaciones personales, en el amor o en la familia. Todo lo que Joli Dornelles anhela es un trabajo ordinario, un hogar propio y alguien que la ame y la acompañe. Pero para un adicto al crack, eso es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
La primera escena de la película es desoladora: desnuda en los pasillos del psiquiátrico, Joli resiste con gritos a los intentos de sacarla de allí por parte de dos celadores. Posteriormente saldrá del hospital para continuar con su rehabilitación y ahí tendremos la oportunidad de hacer una inmersión en su psique y su entorno más próximo. Ella forma parte de una familia acomodada, su madre falleció, su padre (Zécarlos Machado) vive, pero la hija no se lleva del todo bien con él y sale con su novio con quien tiene una relación bastante inestable.
Aragão continúa en «Prometo um día…» sondeando en el universo femenino, tal y como ya hiciera en su ópera prima «Buena suerte, mi amor», e involucrando a la mayoría de los personajes del film en las profundas discordancias y excesos de la protagonista que condicionan sus relaciones interpersonales. Rodada en Recife (Pernambuco), la película goza de la gran virtud de que siendo una historia compleja ofrece al espectador elementos de reflexión suficientes acerca del pasado y presente de la protagonista, una mujer que está siendo rehabilitada a través de la medicación con sustancias psicotrópicas, luego de haber pasado por una grave dependencia de los narcóticos. Es obvio que Joli vive unas veces momentos de lucidez y conexión con la realidad, y otras se adentra en delirios e impulsos de rebeldía con reacciones excesivas.
El resultado funciona muy bien y la película tiene diferentes capas de interpretación. Por suerte no es del todo lineal aunque aborda problemas que suelen ser recurrentes, como si se tratara de ciclos, y la protagonista borda su personaje viéndose favorecida por un tratamiento de la imagen que consiste en provocar ciertas partes borrosas que la resaltan a ella, así como el uso de saturación de blancos en algunas de las escenas.
En resumen, la historia nos muestra a una mujer que está desesperada por hallar una transformación a nivel social y personal que nunca llega, -la luz siempre está al final del túnel pero no se alcanza-, y todo eso contrapuesto con la postura del padre que es un político que aspira a la alcaldía de la ciudad y que convive en un mundo de falsas promesas y de gestos para captar el mayor número de votos, mientras que el novio es un inmaduro que parece estar más interesado en su automóvil que en la relación amorosa con Joli.
«Prometo um dia deixar essa cidade» es un retrato de personajes en todo momento muy interesante que se basa esencialmente en los problemas que causa la falta de confianza entre personas cercanas, la falsedad, y la destrucción de familias a través de las drogas. La consecuencia de todo ese cóctel explosivo es que Joli parece odiar a todo el mundo. La escena final nos insinúa dónde tal vez puede estar el origen de todos esos problemas que ella tiene.
©José Luis García/Cinestel.com