“Nuestra Tierra”, de Lucrecia Martel, y las feas herencias colonialistas

Estreno en Argentina
“Nuestra Tierra” es una película documental sobre el asesinato del líder indígena Javier Chocobar ocurrido en el año 2009, cuando un hombre y dos cómplices mataron a ese representante de la comunidad originaria de Chuschagasta porque reclamaban la propiedad de unas tierras.
La acción de los pistoleros quedó grabada en un vídeo y la célebre cineasta Lucrecia Martel pidió también registrar las imágenes del juicio posterior, en el que los asesinos fueron enviados a prisión sin que después llegaran a cumplir sus condenas, pues fueron condenados a 22, 18 y 10 años respectivamente, pero solamente estuvieron 18 meses entre rejas. Hubo una revisión y orden de captura posterior, pero a fecha de hoy los criminales siguen libres.
La película de Martel fue presentada en la Mostra de Venecia y ya se exhibió en otros festivales.
Pero “Nuestra Tierra” no es una única correlación de imágenes captadas en los tribunales de justicia, sino que su metraje también combina una gran cantidad de fotografías y voces, mezcladas para explorar la larga historia de colonialismo y el despojo de tierras que condujo a este crimen. En las sucesivas presentaciones de la película, la directora destacó la importancia de asumir riesgos éticos al narrar realidades ajenas, utilizando el cine como una herramienta para registrar archivos históricos y memorias familiares que de otro modo desaparecerían.
A través del análisis del lenguaje judicial y el uso de tecnologías como la de los drones, Martel expone las estructuras del racismo sistemático en Argentina y la disputa por la legitimidad de la tierra. El film busca capturar la dimensión emocional de la lucha indígena, priorizando la preservación sonora y visual de un pueblo históricamente silenciado.
La cineasta fue muy clara a la hora de exponer qué fue lo que motivó en ella la necesidad de contar esta historia, no tan frontalmente reflejada en los grandes medios.
En el año 2010, Lucrecia Martel encuentra un vídeo de cuatro minutos en internet donde se mostraba un enfrentamiento entre un titular de tierras y la comunidad indígena. Ahí le resultó espeluznante observar que la persona que filmaba también portaba un arma, lo que la llevó a querer entender qué permite que un ser humano se sienta legitimado para disparar contra otros.
Desde esa perspectiva, su reflexión personal se dirigió hacia el racismo, que para ella es un problema profundo y un gran obstáculo en la cultura argentina, y se propuso intentar buscar las raíces de este fenómeno. En ese sentido, con “Nuestra Tierra” la cineasta nacida en Salta contó que esta investigación la veía como una extensión de su trabajo en la película “Zama”, pues ella cree que ambas obras están “espejadas” porque tratan sobre la historia colonial de Argentina, la cual considera crucial para entender la situación actual de las comunidades indígenas y los conflictos territoriales.
Al ser autorizada a seguir y registrar el juicio por el asesinato de Chocobar, Martel puso el foco en el sistema judicial y se interesó en cómo la justicia toma decisiones dramáticas y en cómo el lenguaje judicial se puede utilizar para sostener el racismo y cuestionar la legitimidad de la tierra. Asimismo, la directora se sintió motivada por la necesidad de rescatar y preservar el archivo fotográfico y sonoro de la comunidad. En ese tema observó que el Estado argentino no cuenta con buenos sistemas de preservación y que los documentos históricos suelen ser ilegibles o estar ocultos por “vergüenza” a raíz del pasado colonial.
En cuanto a las técnicas empleadas para rodar el documental, Martel quiso utilizar herramientas como los drones para mostrar la “belleza extrema” de los territorios que las comunidades defienden. Su objetivo era visibilizar que la usurpación no es solo de tierra para producción, sino también del derecho de las personas pobres a vivir en lugares bellos, algo que, según dice ella, los sectores de poder a menudo no toleran.
Y es que la película de Lucrecia Martel aborda el racismo y la legitimidad de la tierra no sólo como un conflicto legal, sino como una estructura profunda arraigada en el lenguaje, la historia colonial y el derecho al acceso a la belleza. Ampliando un poco más acerca de lo que la directora dijo, sería necesario resaltar que para ella, el juicio por el asesinato de Chocobar funciona como una “obra de teatro” donde se ponen en acción las “artimañas del lenguaje”.
Según la realizadora, el filme muestra cómo se utiliza el discurso jurídico para sostener el racismo y crear patrañas o falsedades que cuestionan la legitimidad de la tierra de las comunidades indígenas. Además, Martel puso énfasis en el hecho de que se observa un trato desigual y discriminatorio hacia las personas dentro del tribunal. Lucrecia menciona cómo el Estado-Nación ha “urdido trampas legales” en contratos y expedientes para dejar a las personas despojadas de su territorio, utilizando un lenguaje técnico que es casi inaccesible para los ciudadanos comunes.
Otra de las cuestiones que más ha destacado la cineasta respecto a esta película es el larguísimo proceso llevado a cabo para la recolección de archivos; una tarea de años que incluyó el escaneo de aproximadamente cinco mil fotografías y la revisión de miles de páginas de expedientes judiciales. La directora inclusive rescató fotografías de personas de los cerros y de teléfonos celulares que, de otro modo, estarían condenadas a perderse. Pero sin embargo, el acceso a estos archivos fue un proceso lento basado en el respeto; por ejemplo, le tomó diez años ganar la confianza suficiente para que una integrante de la comunidad le permitiera ver una caja con cuatrocientas fotografías.
El documental también integró la tecnología de forma colaborativa mediante un taller de cine con jóvenes de la comunidad. Al compartir el equipo de filmación, muchas de las escenas grabadas por los propios jóvenes terminaron formando parte de la película, permitiendo un acercamiento más directo al lenguaje audiovisual desde dentro de la comunidad.
Para Lucrecia Martel, la investigación histórica reveló que el pasado colonial de Argentina no es un evento cerrado, sino un factor definitivo en la construcción de la situación actual de las comunidades indígenas. Finalmente, Martel hace un llamado a la responsabilidad del cineasta y la prensa para seguir relatando conflictos humanos esenciales en tiempos de crisis e incertidumbre.![]()
©José Luis García/Cinestel.com

“Nuestra Tierra” tuvo su première en Venecia






























